Desde Estados Unidos, Diego Topa presentó a su hija, Mitai: “Es un ángel”

El animador infantil y ex vecino de Coghlan fue padre gracias a una subrogación de vientre realizada en Miami, donde quedó varado por la cuarentena.

Hace seis años, quizás sin decirlo explícitamente, Diego Topa anticipaba en una entrevista con El Barrio su deseo de ser papá. “La sonrisa de un niño no se compara con nada”, aseguraba con emoción el exitoso animador infantil de Disney, por entonces vecino de Coghlan. También nos contaba que, al final de sus shows, le decía a los padres gracias por traer al tesoro de sus vidas, que son sus hijos, y gracias por dejarme ser parte sus familias.

Ahora es el propio Topa quien, a los 45 años, construyó su familia con el nacimiento de su primera hija, Mitai. “Siempre soñé con ser padre -le dijo recientemente a la revista Caras-. Siempre me vi papá y tuve ese instinto. Primero ayudé a criar a mis hermanos y luego cumplí con mi función de padrino de sus niños. Pero siempre pensaba que todo llega en la vida cuando tiene que llegar”.

La primera foto de la beba que posteó en sus redes sociales.

Mitai -como llaman a los niños en la comunidad QOM- nació el pasado 22 de enero en Miami, Estados Unidos, a través de una subrogación de vientre. “No fue un proceso fácil -describe Topa-. La medicina te acompaña hasta cierto punto, pero es la vida misma la que elige si quiere quedarse o no. Tuvimos muchas complicaciones, pero el final fue maravilloso”.

Por la cuarentena del coronavirus, el conductor quedó varado en Miami, donde además de su hija lo acompaña su pareja. “Estamos solitos, nosotros tres: la familia en su máxima potencia. Conociéndonos también: todos los días te vas enamorando un poco más”, afirma.

“Hoy estoy aprendiendo a ser papá, a cambiar pañales y a preparar mamaderas cada tres horas. Y, aunque al principio no dormíamos, es un tiempo fantástico para disfrutar a pleno de pestañita, como la llamamos. Es un ángel”, se embelesa.

Los padres de Diego pudieron viajar a conocer a la beba y se fueron el 14 de marzo, justo antes de que se decretara el aislamiento social. Pero el conductor aún no tiene fecha concreta de regreso a Buenos Aires, donde estaba viviendo en la zona norte del Gran Buenos Aires.

A pesar de la incertidumbre, ya anticipa sus próximos proyectos laborales: “Este año estoy celebrando mis veinte años con Disney, así es que hay muchas cosas planificadas -cuenta-. En principio ya tenemos un gran contenido digital por el canal de YouTube, con canciones como “Cuando Voy al Mar”. Allí cada viernes estreno un tema. También en la página web hay juegos, más canciones y diferentes actividades para que las madres puedan entretener a sus hijos. La idea es no perder la conexión con los chicos hasta que pase esta espantosa enfermedad”.

La pequeña Mitai ya disfruta de los videos infantiles de su papá.

El nacimiento de una estrella

Diego Topa se crió en el barrio de Caseros con sus dos hermanos. Su mamá Silvia, una bailarina de danzas españolas, y su papá Tito, empleado bancario, le compraban discos y lo llevaban a ver obras infantiles cuando aún no había comenzado la escuela primaria.

Con 12 años, mientras cursaba el secundario, comenzó a estudiar teatro con Esteban Mellino. A las pocas clases, su profesor lo puso a protagonizar una obra infantil que se llamaba El tesoro del pirata Pucho. Fue ahí cuando sintió una conexión inmediata con los bajitos.

Topa se convirtió en el ídolo de toda una generación de niños.

Hizo televisión y cine, hasta que un día llegó una gran oportunidad: trabajar en Disney Channel. Se incorporó a la prestigiosa señal de TV hace 20 años, como uno de los conductores de Zapping Zone. Y luego participó en Playhouse Disney, acompañado primero por Eugenia Molinari. Siguieron Romina YanSofía Recca y luego Mariana “Muni” Seligman, con quien se convirtió en un clásico.

Hoy se luce en televisión con Junior Express, una propuesta de la señal de Disney para toda Latinoamérica, y se convirtió en el ídolo de toda una generación de niños. La cantidad de discos que lleva vendidos y el número de espectadores que han asistido a sus shows avalan su éxito.

Su dupla con “Muni” se convirtió en un clásico que arrasó en TV y teatro.

Vecino de Coghlan

En su paso por el barrio, Topa le dio una larga entrevista a nuestro periódico. “Siento como si hubiera vivido toda mi vida acá -reconocía en 2014-. Estoy enloquecido con la zona, con esa cosa de estar en plena Capital Federal pero con la energía de mi infancia en Caseros. También disfruto el vínculo con los vecinos y los comerciantes”.

Nos contaba que empezó a frecuentar la zona en su adolescencia, cada vez que se acercaba a la mítica discoteca New York City. Y recordaba: “Cuando venía en el colectivo 114 o en el 80 me sentía atraído por la energía de estos barrios. Recibía buena onda al pasar por acá”. Con el tiempo, comenzó a participar de espectáculos en la Ciudad de Buenos Aires y se dio cuenta de que vivir en Caseros y trabajar en Capital no era compatible.

En 2014, cuando era vecino de Coghlan, vino a la oficina del periódico con su perro Timmy y nos dio una larga entrevista.

Casi sin proponérselo, llegó un día justo al lugar que quería. “Fue gracias a un amigo -evocaba-. Cuando estaba haciendo la obra de teatro El pájaro azul, en 2005, uno de mis compañeros, que vivía sobre la calle Juramento, decidió radicarse en España. Como él conocía mi deseo de venir al barrio terminó alquilándome su propiedad. Primero estuve viviendo en Villa Urquiza y algunos años después me mudé a Coghlan”

Sobre los lugares que le gustaban del barrio, destacaba “el restaurante Vicente, que me encanta porque me siento en Italia. La veterinaria de Atilio, sobre Monroe, donde cuidan a mi perro Timmy. Y también Unaghi Sushi Bar. Se mezcla esa cosa de ser conocido y que la mayoría de los comerciantes tienen hijos, nietos o sobrinos: eso hace que me atiendan muy bien y me sienta muy querido”.

Al final de la entrevista, Topa citaba una jugosa anécdota que lo pinta de cuerpo entero: “Desde el balcón de mi casa se puede ver la calesita de la estación Coghlan (N. de la R.: hoy cerrada hace varios años) y un día escuché que pasaban mis canciones, pero no escuchaba los nuevos temas. Un buen día me acerqué y les regalé el último disco. Los dueños, Elvira y José, me reconocieron al instante. En abril, cuando salió el nuevo álbum, también se los llevé. Ya es una cábala”.

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