Edgardo Nieva

El actor de Gatica vive desde hace cinco años en Villa Urquiza y dice que no cambiaría por nada del mundo su lugar de residencia.

(Edición del Mes: 7 Año: 2002 )

El actor de Gatica vive desde hace cinco años en Villa Urquiza y dice que no cambiaría por nada del mundo su lugar de residencia.

Edgardo Nieva

La vida es sueño

El actor de Gatica vive desde hace cinco años en Villa Urquiza y dice que no cambiaría por nada del mundo su lugar de residencia. En esta entrevista habla del significado que tuvo en su carrera la película de Leonardo Favio, de la crisis personal que sufrió luego y de su proyecto cinematográfico sobre la figura de Enrique Santos Discépolo.

Por Daniel Artola

Edgardo Nieva nació hace 51 años en un humilde cuarto de pensión de Callao y Corrientes que regenteaba el poeta Pedro Maffia. Su mamá era concertista de piano de la alta sociedad de Bahía Blanca y su papá mozo del bar Ramos. Vaya diferencias: de Chopin al pebete de jamón y queso. Los primeros años fueron signados por la pobreza más cruel. “Mi vieja colgaba una bolsa con leche en el pasillo de la pensión para que se mantuviera fresca. Esa era la heladera”, cuenta Nieva sentado a la mesa de una confitería de Villa Urquiza. Los mozos lo saludan porque es parroquiano y vecino. Es sábado a la mañana y el entrevistado llegó unos minutos tarde por culpa del mundial de fútbol. “Me desperté a las 3.30 para ver Paraguay-Alemania y después me quedé dormido”, se excusa.

Mientras vivía en esa habitación sin ventanas se juró que lucharía para salir de ese lugar oscuro. Hizo de todo: vendió lectura veloz, fotocopiadoras, libros y hasta tomó un maletín de visitador médico. También estudió en la Facultad de Ciencias Económicas, pero un día -cuando tenía 23 años- dijo basta y largó todo. Su destino era la actuación. Esa decisión le costó un pelea familiar porque su padre lo echó de la casa. La vida siempre le puso los guantes para las peleas difíciles. Se dirá que el conoce en carne propia aquel verso de Machado que habla de la libertad ganada golpe a golpe, verso a verso. Curiosidades del destino, aún le faltaba un combate mayor que lo obligaría a subirse al ring y ponerle la cara a los golpes, pero de verdad y sin metáforas.

Los secretos de Gatica

“La idea de Gatica me la dio mi viejo mientras hacíamos un asado en una quinta junto al recordado Adrián Ghio”, detalla Nieva. Está contando el génesis de lo que fue una de la películas más importantes de cine argentino de los últimos tiempos y que significó el regreso de Leonado Favio a los estudios de filmación. “Fijate vos, mi viejo, que se había enojado conmigo, me dio la idea. Filmá Gatica que nadie lo hizo, me dijo. Yo tenía plata para montar una obra de teatro, pero filmar ya era otra cosa”, evoca Nieva y pide un café con sacarina. El actor no había hecho ni un bolo en una película. “O por muy flaco o por muy alto, siempre quedaba afuera”, aclara. Para concretar el proyecto buscó entre los mejores guionistas. Conoció a Zuhair Jury, que aceptó la propuesta. “Me dijo que tardaría un año en escribir el guión y me recomendó empezar a entrenarme”, acota Nieva envuelto en una bufanda roja que combina con su campera. El frío llegó con todo a la ciudad.

Sin demoras comenzó a hacer guantes con el boxeador Abel Laudonio, otro vecino del barrio, que tiene el mérito de ser el único que le ganó a Nicolino Locche. Cuando el guión estuvo concluido el actor le ofreció la dirección de la película al propio Jury, pero el escritor fue sincero y le recomendó a su hermano Leonardo… Favio. La pregunta era si el genio más grande del cine nacional aceptaría el convite. Hacía mucho que no dirigía y estaba en el exterior. Pero Nieva es un hombre práctico que no pierde el tiempo y que cuando se propone algo lo consigue a fuerza de trabajo y convicción. Le pidió el número de teléfono y en ese instante llamó al creador Nazareno Cruz y el Lobo a su residencia en Colombia. Nieva se presentó y Favio trató de disuadirlo, pero luego de escuchar la historia aceptó sin dudarlo. Primer round ganado.

La charla con De Niro

Nieva estaba decidido a que su Mono Gatica fuera inolvidable y no le temblaron las rodillas cuando tuvo que hacerse una cirugía estética en la cara. “Me rasgaron los ojos, me ensancharon la nariz y me cortaron los lóbulos de las orejas para hacer la cara más simétrica. Si hubiese sido por Favio me operaban más, pero el cirujano me cuidó”, explica Nieva. La película fue un éxito y su fama llegó hasta los Estados Unidos, ya que si bien no se estrenó en las salas circularon copias entre productores y actores. En una oportunidad Nieva habló por teléfono con Robert De Niro, quién protagonizó una película antológica de boxeadores: Toro Salvaje. “Vos sos el actor argentino que hiciste Gatico (sic). Tu trabajo es extraordinario. Ustedes se pegaban en serio. A mí las trompadas me pasaban a veinte centímetros”, elogió De Niro del otro lado del satélite. “En algunas tomas nos pegábamos de verdad, aunque con poca fuerza”, confiesa Nieva.

Un mozo trae medialunas, pero Nieva no las prueba; tiene que adelgazar catorce kilos para su próximo personaje: Discépolo. Ni siquiera el convite del cronista lo tienta. “La semana que viene vendo mi auto para financiar parte de la película -anuncia sin preocupación, porque para el actor lo importante son los sueños-. Ya me compraré otro cuando pueda y si no puedo no me interesa”. Nieva defiende la postura de apostar en grande porque de nada sirve soñar en chiquito. “Generalmente se hacen películas de doscientos mil pesos y cuando se hacen algunas de dos millones son del tipo Un argentino en Nueva York o Apasionados, negocios empresarios que no tienen nada que ver con el arte”, sostiene el entrevistado mientras termina el café.

A pesar del tiempo que le lleva la elaboración del film sobre el autor de “Uno”, Nieva tiene espacio para ocuparse de sus negocios particulares y del ensayo de una obra que se estrenará en el Teatro del Pueblo llamada Esquirlas, de Mario Diament. Hace tres años comenzó a militar en política junto a Gustavo Béliz y fue Director de Cultura de la Legislatura porteña. Es un estudioso permanente de proyectos culturales de otros países para elaborar propuestas que se adapten al perfil local. Debido a esa vocación desea que en Villa Urquiza haya más centros culturales y aspira a hacer un aporte para la reapertura del Teatro 25 de Mayo, a fin de que tengan un espacio los jóvenes talentos.

Un lugar en el mundo

El actor, que siempre vivió en Palermo o en zonas más céntricas, está en Villa Urquiza desde 1997. “Cuando llegué al barrio creí que era el destierro. Ahora no lo cambio por nada del mundo”, afirma Nieva. Durante un tiempo habitó un departamento que había heredado el padre en Olazábal y Burela. “Me había separado por quinta vez, estaba solo y sin un mango. Salía al balcón y me ponía a llorar”, detalla. Un día, su soledad se empezó a poblar de gente solidaria. “Esperaba el colectivo cuando se asomó el carnicero para avisarme que hacía dos días que no le llevaba la carne al gato. Después se acercó Gustavo, el muchacho del kiosco, y así me di cuenta de que me habían dado un lugar no porque era actor. Lo hacían de puro solidarios que son. Eso nunca me había pasado en ningún otro lugar”, reconoce con gratitud. Ahora Nieva vive en un departamento tipo loft en el último piso de un edificio de Alvarez Thomas. Le gusta correr hasta el Parque Sarmiento y los sábados se sienta en el bar donde charla con El Barrio, ubicado en Triunvirato y Olazábal. Es un buen cocinero que comparte sus platos con los amigos y viaja cuando escucha a Serrat.

A Nieva se le enciende la mirada cuando habla de su hijo del corazón. “Lo mejor que hice en la vida fue adoptar un chico de la calle -asegura-. Tenía 15 años y estaba en un instituto de menores. No sabía donde había nacido. La hija de Gatica, que tenía a su cargo Minoridad Nacional, me lo trajo para que le enseñe boxeo con mis maestros. Un día vino llorando porque si no conseguía un tutor lo volvían a poner en un instituto. Yo me estaba separando de otra relación de pareja, hice los trámites y lo puse bajo mi tutela. Vino a vivir conmigo y desde el primer día me llamó papá. Terminó la primaria, se casó y tiene una hija. Es una maravilla mi relación con él. Yo no tengo hijos genéticos, a lo mejor busco uno ahora”.

A lo largo de la charla, el actor mencionó varias veces sus tropiezos amorosos, aunque ahora está en pareja. “Creo que la convivencia entre el hombre y la mujer es difícil. A eso hay que agregarle que soy actor, un laburo especial. Tengo todas las características del actor que pasa por inestabilidades anímicas y económicas, aunque en este último aspecto siempre tuve alguna actividad extra. Hoy para la gente de mi generación es muy fácil seducir a chicas de veinte años porque les damos el lugar que un chico de su generación no le da. Las que fueron nuestras mujeres estaban en eso de la liberación femenina, una simulación porque a la hora de levantar el muerto pagábamos nosotros”, sostiene encendiendo la polémica.

Hoy Nieva disfruta a su mujer y a su viejo de 81 años, que son para él las verdaderas cosas trascendentes de la vida. “Después de vivir un éxito masivo como Gatica, con la gente parándote por la calle a cada paso, te das cuenta de que la verdadera felicidad está de la puerta de tu casa para adentro. Todo lo demás es pasajero”, concluye Nieva y se va apurado, porque lo espera un sueño o un ensayo teatral, que para él son la misma cosa.

Comentarios Facebook