El Abasto de Villa Urquiza

Fundado hace 90 años, el mercado de Triunvirato y Monroe supo ser un símbolo de modernidad para el barrio. Hoy luce deteriorado y sobrevive con dos locales comerciales.

Lorenzo Molteni, un modisto de la calle Florida, compró los terrenos que forman la esquina de Triunvirato y Monroe para construir un mercado que iba ser un adelanto para su época. Era el año 1927 cuando empezó a tomar forma el proyecto, pero hubo dificultades económicas y su impulsor debió vender parte de la superficie (donde hoy están El Pindal -en su momento fue el famoso Café Costa Rica- y Mc Donald’s) para concluir la obra, que finalmente se inauguró en 1929 como el “Mercado Urquiza”.

Molteni no llegó a conocerla porque murió un mes antes. La viuda y sus tres hijos, dos varones y una mujer, durante años concedieron a diversos administradores el trabajo de mantener el mercado, hasta que uno de los hijos se hizo cargo hasta su muerte en 1962. Tomó la posta el otro varón, llamado Febo, hasta 2001, para luego pasar a manos de una sobrina.

La fachada del Mercado Urquiza, sobre Av. Triunvirato, retratada en 2008. Crédito: Internet.

Inicios

Al momento de la fundación del mercado, el mundo estaba inmerso en la llamada Gran Depresión, crisis financiera global comparable a la de 2008. Sin embargo, en poco tiempo, el lugar supo convertirse en un símbolo de modernidad y prosperidad para el barrio, que contaba con los adelantos propios de la época: ventiladores de techo marca Siemens y cinco cámaras frigoríficas instaladas en el subsuelo, con un depósito aledaño.

Las crónicas señalan que, cuando abrió, en el mercado funcionaba una treintena de puestos en donde se vendían principalmente productos frescos, artículos de almacén, mercería y aceite suelto, entre los principales rubros.

Su período de mayor esplendor, que acompañó el crecimiento de Villa Urquiza, fue el comprendido por las décadas del 40 al 80. Su ubicación privilegiada lo transformó en un punto inevitable para los vecinos a la hora de los encuentros.

En la actualidad el mercado sobrevive con dos locales comerciales. Foto: Carolina Janeiro.

Clientes famosos

A lo largo de su historia, varios famosos que vivían en el barrio fueron vistos en el mercado, entre ellos Cristina del ValleClaudio LevrinoNorma Kennedy y Rubén Juárez, cuando vivía en Álvarez Thomas. Pero sin duda las presencias de Hugo del Carril y Carlos Gardel despiertan la mayor curiosidad.

Cuenta la leyenda que cuando el Zorzal actuó en el Cine Teatro 25 de Mayo, en 1933, lo llevaron a pasear por Villa Urquiza y al mostrarle los lugares más emblemáticos del barrio recaló en el mercado y en el bar Costa Rica. “Esto se parece a La Siberia”, le habría dicho a uno de sus guitarristas, mientras contemplaba el desolado paisaje desde la esquina de Monroe y Triunvirato.

Sea cierta o no esta versión popular, con el paso del tiempo se comenzó a llamar con ese nombre al sector periférico del barrio delimitado por Av. Congreso, Crisólogo Larralde (ex Republiquetas), Díaz Colodrero y Av. de los Constituyentes.

Parado junto al Mercado Urquiza, luego de actuar en el 25 de Mayo, Gardel habría comparado a Villa Urquiza con La Siberia, apodo que un sector del barrio conserva.

El mercado hoy

Desde hace años, el edificio está lejos de sus días pujantes: el deterioro de las instalaciones y la falta inversión, sumada a la llegada de las grandes cadenas de supermercados en los 90, derivaron en una apariencia decadente.

Transcurridas más de nueve décadas de su apertura, hoy sigue siendo un hito arquitectónico, pero su actividad se redujo considerablemente. La entrada por Triunvirato, donde sobrevive derruida la fachada, fue hace tiempo desactivada y sólo están funcionando dos puestos, a los que se ingresa por Monroe 5210.

El verdulero Mario De Tomaso, que cerró su puesto hace unos meses, retratado por la vecina y fotógrafa Carolina Janeiro.

Se trata de la pescadería, que tiene varias décadas de antigüedad, y la quesería, que cumplió su 25º aniversario en 2018. La verdulería de Mario De Tomaso, que databa de 1960, cerró hace unos meses. “En la ciudad los mercados están casi extintos, se han ido perdiendo porque eran municipales. Este mercado es privado, si no no estaría más”, nos contaba hace dos años Fabián Regueira, que atiende la quesería junto a su esposa Laura Salerno.

Sobreviviendo estoicamente al paso del tiempo, el Mercado Urquiza se debate entre el abandono y el esfuerzo de los puesteros, que luchan por sus fuentes de trabajo y por mantener una tradición que lleva más de 90 años y atravesó varias generaciones de vecinos.

Otra postal actual del Mercado Urquiza, en la lente de Carolina Janeiro.
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