El accidente nuclear que en 1983 inquietó a los vecinos de la Comuna 12

Sucedió en el Centro Atómico Constituyentes, a pasos de Villa Urquiza, Saavedra y Villa Pueyrredon. Duró menos de un segundo y causó la muerte de un operario, que recibió una dosis radiactiva fatal.

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El error humano de un operario causó, el 23 de septiembre de 1983 alrededor de las 16, el primer y único accidente nuclear de Sudamérica. Sucedió en el Centro Atómico Constituyentes, a metros del punto de encuentro de los barrios de Villa Urquiza, Saavedra y Villa Pueyrredon con la Avenida General Paz. A la fecha, 37 años más tarde, el evento no fue reconocido públicamente por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

“Cuando Osvaldo Rogulich recibió el resplandor azul que lo encegueció como un flash, supo que su suerte estaba echada. El técnico electromecánico se convertía en el único protagonista de una ‘excursión de potencia’ del reactor nuclear RA-2 del Centro Atómico Constituyentes. Duró menos de un segundo y no sintió ningún dolor, pero Rogulich había recibido una dosis radiactiva tan grande que lo convertiría en la primera víctima fatal en la historia del desarrollo nuclear argentino”, escribió Facundo Di Génova en 2019 para el diario La Nación.

Ese día había sido programada una modificación en la configuración del núcleo del reactor RA-2. El procedimiento requería un completo drenaje del líquido moderador antes de realizar cualquier cambio en los elementos combustibles. Sin embargo se realizó sólo parcialmente, transgrediendo las normas de seguridad. No fue la única violación cometida por el técnico. Contrariamente a las prácticas usuales, dos elementos combustibles se dejaron en forma transitoria cerca del reflector de grafito, pero no fueron retirados completamente del núcleo.

En menos de un segundo Rogulich recibió unos 2.000 rads de radiación Gamma y 1.700 rads de neutrones, lo cual le produjo la muerte dos días después. Otras 17 personas que se encontraban en la sala de control y dependencias  adyacentes también sufrieron exposición a la radiación pero de menores niveles, que no resultaron letales.

Secreto de Estado
El accidente fue mantenido en secreto por los funcionarios militares que presidían la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Si bien no existen informes públicos oficiales en nuestro país, la Comisión Reguladora Nuclear (NRC) de Estados Unidos publica en su página web las conclusiones de la investigación llevada a cabo en nuestro país por la CNEA.

La comisión investigadora identificó deficiencias en el estado del equipamiento y en los procedimientos operativos, como en la forma de obtener la autorización para realizar estas pruebas sin la supervisión de rigor. Otra de sus conclusiones fue que, probablemente debido a varios años de operar el reactor sin incidentes, un exceso de confianza pudo haber influido para simplificar pasos y no tomar en cuenta factores claves de seguridad.

Nunca se notificó del hecho a los vecinos que vivían en las cercanías del Centro Atómico Constituyentes. El evento fue catalogado como de Grado 4 en la Escala INES (International Nuclear Event Scale), lo que significa que la radiactividad liberada proveniente del uranio enriquecido no habría contaminado medio ambiente ni a la población civil.

Escala Internacional de Accidentes Nucleares - Wikipedia, la enciclopedia libre

Radiación similar a la de Hiroshima
“Los informes secretos señalaban que había acontecido un incremento accidental de reacciones nucleares en cadena de uranio enriquecido dentro del RA-2, un reactor experimental de investigación construido en 1965 dentro del Centro Atómico Constituyentes, ubicado en Villa Maipú, partido bonaerense de San Martín”, cuenta Di Génova en La Nación.

Agrega el periodista que la radiación por neutrones que mató a Rogulich en poco más de 48 horas fue retratada brevemente por el periodista Milton Benjamin en las páginas del Washington Post una semana después de ocurrida: “En un milisegundo comenzó el tipo de reacción de fisión que ocurre al inicio de una explosión nuclear, pero solo generó la fuerza explosiva de aproximadamente 5 libras de TNT antes de detenerse. Si bien la Argentina no ha anunciado públicamente el accidente, la Agencia Internacional de Energía Atómica dijo ayer que había sido informada de que no se había emitido radiación desde la instalación. Sin embargo, las fuentes dijeron que el operador del reactor sufrió una dosis de radiación masiva en una escala de la experimentada por las víctimas en Hiroshima y que murió dos días después del accidente”.

La radiactividad liberada en la sede de la CNEA no contaminó al medio ambiente ni a la población civil.

Sentencia de muerte
“A las 16.10 del 23 de septiembre de 1983 se produjo un accidente de criticidad inmediata, cuando el operador intentó realizar cambios centrales sin drenar el agua del moderador”, consignó la Comisión de Regulación Nuclear con sede en Washington el 7 de octubre de aquel año, cita Di Génova.

A los treinta minutos de la irradiación Rogulich experimentó dolor de cabeza, vómitos y diarrea. Entre las 2 y las 26 horas siguientes del accidente “se observó la fase de latencia, sin manifestaciones clínicas generales”, describieron en una análisis del accidente los científicos Dorval, Lestani y Márquez del Instituto Balseiro en un paper del 2004.

A partir de las 28 horas del hecho, Rogulich pasó a la fase aguda y comenzó nuevamente con los vómitos. Durante las siguientes seis horas experimentó ansiedad y exaltación, aunque seguía lúcido. Luego comenzó el Síndrome Neurológico, síntoma de las lesiones vasculares provocadas por la radiactividad. Tuvo convulsiones, sufrió tres paros cardíacos y finalmente murió, producto de la Enfermedad Aguda de la Radiación, exactamente a las 48 horas y 25 minutos del accidente nuclear en el RA-2.

“Fue un error humano y un accidente muy pequeño, la instalación no tenía la potencia que represente un peligro en la población civil, sólo podía serlo para un operador que comete una violación a las normas de seguridad. El error humano a veces tiene que ver con no seguir los procedimientos de seguridad, lo que se conoce en la industria nuclear como cultura de la seguridad”, le dijo a La Nación Alejandro Álvarez (hijo), profesor de Historia Económica y ex asesor de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación.

En su cronología histórica de la década del 80, la Comisión Nacional de Energía Atómica menciona que en septiembre ingresó al Programa “Arreglos Cooperativos para la Promoción de la Ciencia y Tecnología Nuclear en América Latina y el Caribe” (ARCAL), auspiciado por el Organismo Internacional de Energía Atómica, y que CONUAR S.A. entregó los primeros elementos combustibles para la Central Nuclear Atucha l. No hay mención alguna al accidente del reactor RA-2, que fue desmantelado entre 1984 y 1989.

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