El camaleón de Hollywood

Hace pocas semanas concretamos un histórico contacto periodístico con el actor de “El Padrino” y “Apocalypse Now”, entre otros clásicos de la pantalla grande. Ganador del Oscar en 1984, fue nominado en otras cinco oportunidades. Su pasión por el tango lo acercó a Villa Urquiza, donde bailó en los clubes Sunderland y Sin Rumbo. En nuestro país conoció a su esposa argentina, con quien convive desde hace 17 años.

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

(Edición del Mes: 10 Año: 2013 )

Hace pocas semanas concretamos un histórico contacto periodístico con el actor de “El Padrino” y “Apocalypse Now”, entre otros clásicos de la pantalla grande. Ganador del Oscar en 1984, fue nominado en otras cinco oportunidades. Su pasión por el tango lo acercó a Villa Urquiza, donde bailó en los clubes Sunderland y Sin Rumbo. En nuestro país conoció a su esposa argentina, con quien convive desde hace 17 años.

La nota que aquí comienza es una experiencia periodística extraordinaria que alterará severamente, en términos editoriales, el curso natural de El Barrio. No se trata sólo de los más de 8.000 kilómetros que separan a Villa Urquiza del estado de Virginia, en los Estados Unidos. Tampoco de que esa circunstancia geográfica nos haya obligado a realizar, por primera vez en catorce años de trayectoria, una comunicación internacional y en inglés. Ni al hecho de que el personaje abordado escape a la tipología habitual de los vecinos que llegan a nuestras páginas. El desafío que concretamos es equivalente, en términos profesionales, a la conquista de un nuevo mundo. Al abandono momentáneo de los límites de la Comuna 12, en la Ciudad de Buenos Aires, para llegar a un territorio inexplorado y, en consecuencia, repleto de sorpresas.

Estamos en presencia de una leyenda de la pantalla grande, ganador de un Oscar en 1984 por El precio de la felicidad. De quien recibió cinco nominaciones al famoso premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, entre los años 1973 y 1999, por sus roles en El Padrino, Apocalypse Now, El don del coraje, El apóstol y Una acción civil. Hablamos del actor que hace un par de años, cuando cumplió 80, recibió su merecida estrella en el Paseo de la Fama y estampó las huellas de sus manos en la vereda del Teatro Chino de Los Angeles. De quien fue apodado “El camaleón” por su habilidad para adaptarse a los personajes más diferentes. Del hombre que junto a Robert De Niro, Dustin Hoffman, Al Pacino y Anthony Hopkins integra el quinteto que la prensa especializada denomina “El panteón”, por ser considerados los mejores actores vivos de la industria cinematográfica.

La historia de esta entrevista tiene doce años. Durante 2001 El Barrio estuvo bastante cerca de concretarla, cuando el actor californiano solía despuntar su pasión por el tango en la pista del Club Sunderland. En al menos un par de oportunidades Horacio Palomba, histórico ex presidente de la institución, fallecido recientemente, nos alertó de su posible presencia para que nos acercáramos a entrevistarlo. Resultaron ser falsas alarmas, pero no perdimos la esperanza de alguna vez concretar el encuentro. Hace algunas semanas decidimos reflotar el tema. Para nuestra sorpresa, bastó una sencilla gestión por correo electrónico para que a los pocos días Robert Duvall (82) aceptara dialogar telefónicamente con El Barrio durante veinte minutos, que se terminarían convirtiendo en más de media hora.

La comunicación fue realizada desde su finca en The Plains, un pequeño poblado de Virginia que, en palabras de su esposa argentina Luciana Pedraza (el actor nos pide que la llamemos Luciana Duvall), “es la última parada antes del paraíso”. Resultó providencial la elección de Paul Perry, un norteamericano radicado desde hace casi veinte años en Villa Urquiza, para traducir en simultáneo el diálogo con Duvall.

-Según publicamos en una nota hace ocho años, aprendió a bailar el tango en el Club Sin Rumbo. Pero hay quienes sostienen que fue en el Sunderland. En cualquier caso, ¿podemos decir que fue en Villa Urquiza donde tomó sus primeras clases?

-Me encanta Villa Urquiza, es un hermoso barrio. Pero los primeros pasos en el tango los di en Nueva York con Nelson Avila. Cuando vine a Buenos Aires fui a varios clubes, pero el primero de los lugares donde bailé tango fue en Sin Rumbo. También estuve en el Sunderland, que es muy lindo. Saqué un poco de cada uno. En Villa Urquiza vi bailar a “Finito” Ramón Rivera. Yo le puso el nombre de Fino a un caballo en su honor. Finito se murió en 1987, de un infarto, bailando. En Sin Rumbo, antes de salir a bailar, practicaba detrás de una puerta con una nena de siete años, Geraldin Rojas, la hija de la Turca María del Carmen. Yo necesitaba a alguien con quien practicar y ella era la única con quien podía hacerlo. Ella es quizá hoy la mejor bailarina de tango. ¡Oh my god! Es increíble poder recordarlo.

-¿Qué tan seguido viene a la Argentina? ¿Sigue visitando nuestro barrio o ahora recorre otras milongas de Buenos Aires?

-Estuve muchas veces en Argentina, pero hace tres años que no voy. Estamos planeando ir este año porque Luciana quiere visitar a su familia en Jujuy. Me gusta ir a tu país pero últimamente no hemos tenido chances de viajar. Primero iremos a Buenos Aires y luego a Jujuy. Cuando filmé Assasination Tango viajamos cinco veces en un año. Al recorrer las milongas voy a otro barrio, donde está la casa de Gardel. ¿Cómo se llama?

-Se refiere a la zona de Abasto, dentro del barrio de Balvanera.

-¡Sí, el Abasto! Allí Carlos Copello tiene una escuela de tango y la pasamos muy bien cada vez que vamos. Comemos y bailamos, Carlos es un buen tipo, muy divertido.

-Interpretó al consigliere de la familia Corleone en El Padrino I y II, a un teniente coronel alienado en Apocalypse Now, a un cantante de música country que busca la redención en El precio de la felicidad y a un predicador que huye de la ley en El apóstol, entre sus títulos más famosos. ¿Pero cuál de todos los papeles fue el que más satisfacciones le dio en su carrera?

-Mi papel preferido fue en la miniserie de televisión Paloma solitaria, donde interpreté a un Texas Ranger. Esta fue la actuación que más satisfacciones me dio. También una película que quizá mucha gente no vio: Recordando a Hemingway, con Richard Harris, donde hice de peluquero cubano. Fue un rol muy divertido. Y disfruté mucho haciendo Stalin para la televisión. ¡Nos permitieron filmar en el Kremlin!

¿El pasado es peor?

Resulta curioso -y acaso sospechoso- que Duvall no se regodee con alguna de sus inolvidables interpretaciones de los primeros 25 años de su carrera. Daría la impresión de que prefiere revalidar su vigencia omitiendo el pasado glorioso, como si eligiera abandonar la comodidad de los recuerdos en busca de nuevos desafíos. Sin embargo, sería forzado no referirnos a las actuaciones que dejaron un surco en la historia del cine. Duvall participó en alrededor de un centenar de películas, por lo que no alcanzan los dedos de las dos manos para elegir sus mejores interpretaciones.

El crítico canadiense John Foote nos allana esa tarea. Realizó una interesante ranking de, para él, los diez papeles más relevantes en la carrera del actor, en este orden: El apóstol (1987), Paloma solitaria (1989), Apocalypse Now (1979), El precio de la felicidad (1983), El Padrino I y II (1972-1974), Confesiones verdaderas (1981), El don del coraje (1980), Tomorrow (1972), El último gran día (2009) y Noches de Rosa (1991). Esta última película, ambientada en los años 30, es una pequeña joya en la que Duvall da vida a un hombre desgarrado por el sentido de la decencia frente a la tentación de una mujer. El disparador es la llegada al hogar familiar, para atender las tareas domésticas, de una chica que no puede controlar su libido sexual. Es conmovedora la escena en la que el personaje de Duvall analiza junto a un médico la posibilidad de “ayudar” a la joven, mediante una cirugía genital que inhiba sus instintos, y la posterior culpa que siente tras la oposición de su esposa.

Más allá de su recordado Tom Hagen, el consigliere de la familia Corleone que compone en las dos primeras partes de El Padrino, sobresale en su carrera el breve pero intenso papel del Coronel Kilgore en Apocalypse Now. Unos pocos minutos en pantalla le bastaron a Duvall para eclipsar a Martin Sheen, el protagonista, tanto que el citado John Foote definió su aparición como “la mejor actuación de reparto de todos los tiempos”. El enajenado Kilgore se pavonea en la playa mientras las bombas explotan a su alrededor, obsesionado por surfear en medio de la guerra. “Es la personificación de la locura de Vietnam -define Foote, quien detecta la tristeza del militar cuando pronuncia su última línea: “Algún día esta guerra va a terminar”. Por este papel Duvall fue nominado a un Oscar que insólitamente no ganó.

-Secuelas, precuelas, remakes… ¿El cine ha muerto o sólo está atravesando un período de sequía creativa?

-No, el cine no ha muerto. ¡Nunca morirá! Está vivito y coleando. Hay cine bueno y cine malo, pero lo importante es que está vivo. Muy vivo y en todo el mundo. En Irán, España, Estados Unidos, Inglaterra, en tu país… Está muy vivo.

-Dicen que ganar el Oscar es una especie de maldición para el actor. Usted lo obtuvo en 1984, ¿qué sucedió con usted?

-En mi caso no fue una maldición, pero tampoco me ayudó mucho. La verdad es que uno tiene que encontrar su propio camino en el cine. Es una linda experiencia ganar un premio. Pero siempre hay que mirar hacia delante, ver qué hay después y encontrar ese próximo desafío.

-Si bien en los años 90 fue nominado en dos oportunidades, aparentemente le resultó difícil conciliar sus pretensiones económicas con las ofertas que le llegaban. ¿Por que no participó de El Padrino III?

-Por dinero. Si a alguien le pagan tres o cuatro veces más que a mí entonces yo no quiero participar.

¿Es verdad que a Al Pacino le pagaron cinco millones de dólares y a usted le ofrecieron menos?

¡Mucho menos! (lo dice en español y el tono revela que, más de veinte años después, el tema lo sigue molestando).

-¿No se arrepiente de no haber estado en la película que completó la saga de la familia Corleone?

-Para nada, no le llega a los talones de las primeras dos. ¡Esas sí que fueron espectaculares! De hecho, uno de los pocos muchachos con los que me veo de aquel elenco es Jimmy Caan (N. de la R. Se refiere a James Caan, figura relevante del cine norteamericano, también nominado en al Oscar por El Padrino). Es un fenómeno. Somos amigos.

-¿Qué recuerdos tiene de cuando compartía departamento con Dustin Hoffman antes de debutar en el cine, en Nueva York?

-Sí, fue en 109th Street, en Broadway. La pasábamos bomba.

Los cimientos del éxito

Un hermoso artículo de la revista Vanity Fair, publicado en 2004 bajo el título “Antes de que fueran reyes”, es un homenaje a la amistad entre Gene Hackman, Dustin Hoffman y Robert Duvall mientras vivían en Nueva York, a fines de los años 50. Por entonces, la fama era improbable e irrelevante: tenían trabajos de baja categoría y mendigaban roles en el cine y la televisión. El departamento de Hackman, quien ya estaba casado, solía albergar a Hoffman y Duvall. Finalmente ambos actores se mudaron a un sexto piso de tres dormitorios, sin ascensor, en 109th street. Hoffman tenía por entonces la sensación de que Bobby Duvall “era el nuevo Brando”.

Según Hoffman, en aquellos tiempos estaban obsesionados con el sexo. “Bobby quizás fue el más escandaloso, sin censura”, dice el actor de Kramer vs Kramer. Cuenta el artículo de Vanity Fair, firmado por Richard Meryman, que una vez, mientras comían juntos en un restaurante, Duvall vio a dos chicas puertorriqueñas que pasaba por allí. Arrastrando a Hoffman con él, las alcanzó. “Hey, me llamo Bobby Duvall, aquí está mi amigo Dustin Hoffman. Somos actores”. Las mujeres no le hicieron demasiado caso. Desesperado, tuvo una salida original: “Vivimos a la vuelta de la esquina. ¿Quieren venir a nuestra casa? Tenemos nuevo linóleo en la cocina”.

“A diferencia de Hoffman, que podía estar de mal humor y a continuación mostrarse extrovertido y explosivamente divertido, Hackman y Duvall albergaban una intimidad interior, eran medios solitarios. Los tres jóvenes eran híper perceptivos y compulsivamente preocupados por el estudio de la actividad humana”, describe Meryman sobre los tres amigos, que estaban -sin saberlo- construyendo los cimientos de sus exitosas carreras en el mundo del espectáculo.

-Una de las líneas que usted actuó en Apocalypse Now (“amo el olor del napalm en la mañana”) está en entre las 100 mejores frases de la historia del cine, en el puesto 12 según el American Film Institute. ¿Qué siente ante semejante contribución?

-Sí, la gente constantemente se me acerca y me la recita como si sólo ellos y yo la conociéramos (lo dice con algo de resignación). Es a veces la forma en que muchos eligen para saludarme. No sabía que estaba en ese ranking, ¿cuál es la primera?

-“Francamente, querida, me importa un bledo”, de Lo que el viento se llevó

-Ah, siempre favoreciendo al cine clásico. No me gustan mucho las películas viejas, entre ellas Lo que el viento se llevó. Por ejemplo, si en Hollywood te metés con John Ford es como criticar a la madre naturaleza. A mí me parecía un cine muy artificial. Me encantan los westerns, pero no los de esa época. No eran muy reales que digamos.

-Hace muy pocos meses se cumplió medio siglo de su aparición estelar en el cine, con Matar a un ruiseñor. Muy pronto se conmemorarán treinta años de su hasta hoy único Premio Oscar, por El precio de la felicidad, y quince de su última nominación. ¿Le quedan metas profesionales que alcanzar o se considera artísticamente pleno?

-Estoy satisfecho con mi carrera, pero aun tengo hambre. Cuando planeás una cosa aparece otra inesperada a la vuelta de la esquina. Y a veces la sorpresa es mejor que lo que planeaste. Recién terminé una película que puede ser más grande que El Padrino o Apocalypse Now, con Robert Downey Jr: The Judge. Robert es un tipo fenonemal para trabajar, muy talentoso. Yo no sabía esto, pero él es el actor que más facturó en la historia del cine gracias a Iron Man, Sherlock Holmes, Los Vengadores… Es asombroso ver cómo su carrera ha tomado vuelo.

-¿Recuerda cuál fue la primera película que vio en su vida?

Gunga Din, cuando era pibe. Hace mucho tiempo, no sé si alguien la recuerda… (N. de la R.: Es una película estadounidense de 1939, producida y dirigida por George Stevens. La protagonizan Cary Grant, Douglas Fairbanks Jr., Victor McLaglen y Sam Jaffe en los papeles principales).

-¿Y alguna de las últimas?

El llanero solitario, con Johnny Depp. ¡Es horrible! Se gastaron 250 millones de dólares para hacer esa película horrible (lo dice nuevamente, pero en español).

-¿Quién es el mejor actor de su generación?

-Seguramente Marlon Brando. No sé si es el mejor, pero sí el que tenía un estilo único. También me gusta Meryl Streep. Pero hay muchos grandes actores, muchos de ellos jóvenes, y no sólo norteamericanos. Diferentes países tienen muy buenos actores. Cuando nos encontrábamos con Dustin Hoffman y Gene Hackman mencionábamos el nombre de Brando varias veces en un día. También me gustaba Steven Hill.

-¿Y de las nuevas camadas a quién destaca?

-Hay muchos, tendría que nombrar actuaciones individuales. Sí puedo mencionar a Billy Bob Thornton, quien también participa en The Judge. Es un muy buen actor y director. El entiende el sur de Estados Unidos mejor que nadie en Hollywood. ¡A Billy Bob Thornton tampoco le gusta Lo que el viento se llevó!

-¿Qué película lo atrajo más?

-Una de ellas fue El año del arco iris, de Lasse Hallström. Otra La manzana, una película iraní. Todos los países tienen buenas películas, es difícil decir cuál es la mejor.

-¿Hay alguna película argentina que le haya gustado?

-Sí, Un lugar en el mundo, con Federico Luppi.

-¿Cómo se siente viéndose en las películas?

-Normalmente me veo una vez, quizá dos, pero nada más, sólo para saber cómo lucí. No mucho más que eso.

-Grandes intérpretes de su generación, como Sean Connery o su amigo Gene Hackman, se retiraron hace una década. Usted no parece estar pensando en la jubilación.

-Es verdad, Gene se jubiló hace diez años. Somos amigos desde siempre. De Connery no sé mucho, él es escocés. Yo no pienso en jubilarme, todavía hay mucha vida por delante. Estoy trabajando en un nuevo proyecto donde actuaré y dirigiré. Será una película en la que mi esposa hará el papel de una Texas Ranger latina.

-En marzo de 1972 se estrenó El Padrino en Estados Unidos. Un par de meses antes nacía su actual esposa. ¿Puede decirse que ese año es uno de los más importantes en su vida?

-Puede ser, no se me había ocurrido verlo de esa manera, pero ahora que lo pienso sí. Veinticinco años más tarde, cuando reestrenaron El Padrino, estábamos en el cine con Luciana en San Francisco junto a Al Pacino y Marlon Brando. Cuando se encendieron las luces Pacino la mira a Luciana y le dice “Apollonia” (N. de la R. En la ficción de El Padrino Apollonia Vitelli es la esposa de Michael Corleone, el personaje que compone Al Pacino. Muere tras la explosión de una bomba colocada en el coche de su esposo. Por lo visto, Pacino encontró a Luciana parecida a la actriz Simonetta Stefanelli, quien interpretó a su mujer en la ficción de El Padrino).

-¿Es amigo de Al Pacino?

-No, yo no me veo con ninguno de esos tipos. Jimmy Caan es mi único amigo de los tiempos de El Padrino.

-Según leímos en su biografía, Luciana Duvall es su cuarta esposa y, considerando el largo noviazgo, parece ser también su relación más duradera: 17 años. ¿Qué encontró en ella, además de su indudable belleza?

-Sí, es la relación más larga y también la última. Es extremadamente inteligente y muy femenina. Pero no pongas que se debe sólo a que es argentina. Luciana tiene un talento natural, por lo cual actuará en la próxima película que dirigiré. Desde los cinco años monta a caballo. Es muy elegante. Matt Damon también se casó con una argentina llamada Luciana

-¿Qué tendrá la mujer argentina?

-Decime vos a mí (risas).

-En Assasination Tango película que dirigió en 2002 en nuestro país, actúa junto a su esposa, quien interpreta a una bailarina llamada Manuela. ¿Es un guiño a Manuela Pedraza, heroína tucumana de las invasiones inglesas? ¿Luciana es descendiente de ella?

-No creo, pero ella te lo podría explicar mejor que yo (N. de la R.: Según pudimos averiguar días después, Luciana no está relacionada genealógicamente con Manuela Pedraza. Sí es nieta del prestigioso piloto Andrés Pedraza y de Susana Ferrari Billinghurst, la primera mujer en obtener la licencia de piloto en Sudamérica).

¿Sabe que una calle de Villa Urquiza, cercana a las milongas Sunderland y Sin Rumbo, lleva el apellido de soltera de su esposa?

-No lo sabía.

-Para terminar, hábleme de la fundación que creó junto a Luciana, dedicada a mejorar las condiciones de los niños pobres en América Latina, India y Estados Unidos. Según la página web, en el norte de Argentina ha mejorado la calidad de vida de muchas familias.

-Yo la ayudo a Luciana, que es quien está a cargo del proyecto. Es un programa pequeño y hacemos lo mejor que podemos, apelando al bajo perfil. Sabemos que hay mucha gente que necesita ayuda. Ella tiene esta vocación y yo la apoyo en su tarea para hacer que la ayuda llegue a los necesitados.

-¿Tiene, por último, algún mensaje que desee transmitir a Villa Urquiza?

-Mandale mi saludo a todos los vecinos de Villa Urquiza, es un lugar excepcional para bailar el tango y con muy buena gente. Y muchas gracias por incluirme en las páginas de El Barrio.

 

Citas

“Cuando vine a Buenos Aires fui a varios clubes, pero el primero de los lugares donde bailé tango fue en Sin Rumbo. También estuve en el Sunderland, que es muy lindo. Saqué un poco de cada uno”.

“En mi caso el Oscar no fue una maldición, pero tampoco me ayudó mucho. Uno tiene que encontrar su propio camino en el cine. Es una linda experiencia ganar un premio, pero siempre hay que mirar hacia adelante”.

“No me gustan mucho las películas viejas, entre ellas Lo que el viento se llevó. Por ejemplo, si en Hollywood te metés con John Ford es como criticar a la madre naturaleza. A mí me parecía un cine muy artificial”.

“Estoy satisfecho con mi carrera, pero aun tengo hambre. Cuando planeás una cosa aparece otra inesperada a la vuelta de la esquina. Recién terminé una película que puede ser más grande que El Padrino”.

Comentarios Facebook
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •