A dos años del fallecimiento del propietario de Óptica Catel, su esposa Dora Kornhauser y su hija Lorena Cañardo lo recuerdan como una persona «amiguera y muy querida» por los vecinos de Villa Urquiza. Además, hablan de la actualidad del local y reflexionan sobre los 53 años de actividad: “Hay una tradición y eso se valora”.

Cuando finalizó sus estudios de Óptico Técnico en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, Julio Cañardo decidió iniciar un emprendimiento junto con su padre. Así fue como instalaron un laboratorio de fotoesmaltes -esas fotografías a prueba de las inclemencias del tiempo, que servían como recuerdo de los seres queridos en los cementerios- en la casa familiar de Floresta. Un tiempo después su primo, Alfredo Tellez, le propuso abrir juntos una casa de fotografía y de la unión de las iniciales de ambos apellidos surgió el nombre de “Catel”, que se instaló en un pequeño local alquilado de Triunvirato 4811. Corría el año 1966, tiempos en que la avenida era doble mano a la altura de Roosevelt, la acera tenía adoquines y circulaba el colectivo 25, que unía a Chacarita con la localidad de Tigre.
Pasaron más de cinco décadas de aquel entonces y la zona obviamente sufrió varios cambios edilicios, como la construcción del bulevar y la llegada del subte, pero Óptica Catel permanece estoica en su lugar. En realidad, a unos pocos metros de su ubicación original, en Triunvirato 4821, aunque con la esencia familiar que siempre lo caracterizó.
“Julio ya no está con nosotros pero su espíritu sigue presente”, aseguran su esposa Dora Kornhauser y su hija Lorena Cañardo, a dos años del fallecimiento de este querido comerciante y generoso auspiciante del periódico.

-¿Qué recuerdos conservan de él?
-Dora: Era muy amiguero. Hablaba con todos y se acordaba de todos. Él tenía una muletilla: cuando llegaba alguien, siempre le decía ¡Hola, muchacho!, aunque no supiera quién era (risas). De esa manera, el público se sentía reconocido. Aún hoy vienen clientes a ofrecer una oración en su memoria.
-Lorena: El comercio fue su pasión. De hecho, en sus últimos años venía igual y no había manera de decirle que no. Como hija, aprendí de su comunicación y de su ofrecimiento desinteresado hacia los demás, por eso siempre fue muy querido. No creo que encuentres a alguien en el barrio que hable mal de mi papá. Me gustaría emular eso.

Amable y generoso, Julio Cañardo falleció el 5 de julio de 2017, a los 80 años.

-¿Cómo está el local en la actualidad?
-Lorena: Nuestro fuerte es la fotografía (revelados en seco) y la óptica (anteojos de sol, de receta y lentes de contacto). También tenemos productos premium de cuchillería, además de linternas, binoculares y herramientas multiuso.
-Dora: Lo que atrae muchos clientes son las fotos carnet, que se sacan en el momento, cuando anteriormente había que esperar dos o tres días. La tecnología fue mutando en beneficio de la rapidez.

Es impresionante cómo cambió la manera de sacar fotos en estos años.
-Dora: Totalmente. Ya nadie compra el rollo, ahora se piden las tarjetas de memoria. Cuando yo era joven se compraba un rollito de 36 fotos, con el tiempo llegó la etapa digital y ahora la gente saca tres mil fotos con el celular, de las cuales elige cinco.
-Lorena: Es así. Igualmente hay un fenómeno que no diría que es masivo pero que está sucediendo: un resurgimiento del rollo, al igual que hubo con los discos. Hay muchos jóvenes que se interesan por las cámaras que usaban sus padres o abuelos y quieren aprender a usarlas. Es un público pequeño pero que me asombra y alegra, porque me dedico a la fotografía.

También han habido muchos cambios en el rubro óptico. Da la sensación de que la gente se está cuidando más la vista. ¿Es así?
-Dora: Es que los teléfonos tienen una letra muy chiquitita y algunos no pueden leerla, entonces requieren lentes.
-Lorena: También sucede que los chicos están accediendo desde muy pequeños a los anteojos, producto de las nuevas tecnologías. Por otra parte, está más aceptado su uso e incluso se puso de moda. Cuando yo era chica se burlaba a los que usaban y ahora es cool. Han venido jóvenes a hacerse lentes sin graduación, porque quedan cancheros.

-Catel ya lleva 53 años de actividad. ¿Tomaron dimensión del número?
-Lorena: ¡Es un montón! Hay toda una tradición y eso es lo que la gente valora. Julio no está más, pero seguimos Dora, Fabián, Lidia -que se incorporó hace poco- y yo. Tratamos de conservar la relación familiar con los clientes. Esa es la herencia que papá nos dejó.
-Dora: Nuestro público siempre fue familiar y de barrio. Como la fotografía tiene que ver con la memoria, la gente viene y tiene ganas de hablar, entonces terminamos conociendo la historia de muchos vecinos. Villa Urquiza es como una gran familia.

Datos útiles
Óptica Catel
Av. Triunvirato 4821
Tel.: 4523-7775

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