El reciclaje de los residuos, un primer paso hacia la sustentabilidad ambiental

Solbayres, la empresa de higiene urbana que opera en las Comunas 11, 12 y 15, concientiza a la sociedad acerca de la importancia que tiene la correcta gestión de la basura que esta genera.

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Separar los residuos reciclables de la basura es un acto cotidiano que viene acompañado de muchas ventajas para el ambiente y la sociedad. Es, además, el primer paso hacia un nuevo paradigma de desarrollo que implica la sustentabilidad, es decir pensar no solo en lo que necesitamos y consumimos hoy sino en lo que nuestros hijos y nietos -lo que se llama generaciones futuras- necesitarán y cómo lograrán obtenerlo.

El día 17 de mayo se celebró el Día Mundial del Reciclaje con el objetivo de concientizar a la sociedad acerca de la importancia que tiene la correcta gestión de los residuos que generamos, de forma de evitar la contaminación de suelos, agua y aire. Pero, además, el reciclaje, en nuestro país, tiene un componente social, puesto que gran parte de su recolección está a cargo de cooperativas de recuperadores urbanos o cartoneros, quienes muchas veces trabajan desde la informalidad para obtener un sustento, pero cuya labor tiene un gran impacto en la economía.

El actual modelo de consumo está basado en una economía lineal, con una secuencia que implica tomar recursos naturales, fabricar, consumir y tirar, sin considerar los impactos ambientales de cada etapa. Si incorporamos el reciclaje, este modelo podría transformarse en circular y los materiales serían revalorizados a partir de su reinserción en los ciclos productivos.

Economía circular
Tomando como ejemplo el modelo de la naturaleza, la economía circular se presenta como un sistema en el que los productos, los componentes y los materiales se mantienen en circulación durante el mayor tiempo posible. Para ello, distingue a dos circuitos de “nutrientes” que forman parte de la economía: los nutrientes biológicos, como los alimentos, y los nutrientes técnicos, que forman parte de electrodomésticos, muebles o materiales de construcción.

Para que la economía circular pueda ponerse en marcha, es necesario mantener a ambos circuitos operando de forma paralela, evitando que se “contaminen” mutuamente. Por ello es que los esfuerzos por separar correctamente los residuos en origen son claves para la valorización: un papel manchado con aceite o restos de alimentos mezclados con pintura no pueden ser aprovechados y, por tanto, solo pueden ser tratados con técnicas de eliminación de residuos, tales como el relleno sanitario.

Para el caso de los nutrientes del ciclo técnico, deberíamos centrar los esfuerzos en evitar que estos pierdan su valor. En este sentido, se aplica el principio de inercia de la economía circular: “No repares lo que no está roto, no refabriques lo que puede ser reparado, no recicles un producto que puede ser refabricado”. Fabricar productos para que tengan una vida duradera, promover la reparación y mantenimiento de objetos y facilitar espacios para la disposición diferenciada de reciclables son algunas estrategias que permiten implementar este principio.

Los nutrientes del ciclo biológico también tienen su protagonismo en la economía circular. El aprovechamiento de materia orgánica para su uso como bioenergía es uno de los caminos posibles. A su vez, el compostaje permite transformar restos de alimentos y residuos de poda y jardinería en enmiendas orgánicas. De esta forma, los suelos productivos podrían ser regenerados de forma más sustentable.

Colaboración especial de Nancy Lago, Fundación Espacios Verdes.

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