A lo largo de la historia, la columna ha sido un elemento indispensable dentro de la arquitectura, cumpliendo una función no sólo estructural sino también simbólica. Junto a los pilares y las pilastras, han sentado las bases de nuestro hábitat. Repasamos los modelos más famosos del mundo hasta llegar a los barrios de la Comuna 12.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

La columna es un soporte vertical, de sección circular, que cumple una función tectónica. En caso de ser cuadrangular, recibe el nombre de pilar. Las columnas pueden estar exentas del muro o adosadas al mismo, ya sea por la mitad, en tres cuartos o simplemente apoyada. Las que tienen forma cuadrangular y se encuentran pegadas al muro son conocidas como pilastras.
En líneas generales, la composición de una columna es en tres partes: basamento, fuste (desarrollo) y capitel, esté último en la parte más alta. Si hablamos de su origen, podríamos remontarnos a la prehistoria, donde aparecen los menhires (piedras verticales que cuando sostienen una piedra horizontal pasan a denominarse dólmenes). Estos son el origen del arquitrabe, dintel apoyado sobre columnas.
En la antigüedad, este elemento arquitectónico toma cierta importancia y empieza a tener un significado alegórico. En la Mesopotamia aparecen las columnas bicéfalas, representadas por dos cabezas de toro en el capitel, y en el antiguo Egipto surgen las que simbolizan a la naturaleza, como por ejemplo las papiriformes (en forma de papiro), lotiformes (flor de loto), palmiformes (palmera) o la llamada columna hathórica, que tiene el fuste generalmente liso y un capitel con la efigie de la diosa Hathor.
Durante la antigua Grecia, las columnas también cobran gran relevancia por su mensaje alegórico en alusión a los dioses. Así surgen los órdenes griegos, que son el dórico, jónico y corintio. Junto con las cariátides (columna con imágenes escultóricas femeninas) son la base de los estilos arquitectónicos griegos.
Los romanos agregaron dos órdenes más a los antes mencionados. Uno de ellos es el toscano, muy parecido al dórico, que se diferencia por tener basa y carecer de acanaladuras en su fuste. Por otra parte, durante el Imperio se elegirán columnas con un significado conmemorativo para homenajear a algún emperador o algún Dios. Un ejemplo es la Columna de Trajano, mandada a construir por el mismo emperador.
Por otra parte está la columna salomónica, que recibe el nombre a través de la descripción bíblica del templo salomónico. Se caracteriza por tener el fuste helicoidal (retorcido, como si fuera un sacacorchos) y su capitel puede tomar muchas formas, incluso las utilizadas por los órdenes clásicos que mencionamos anteriormente.

Las columnas y la identidad arquitectónica
Así como hay esculturas y otros elementos decorativos que definen a un edificio, en muchos casos las columnas también marcan un estilo o identidad. Esto lo podemos ver en el Vaticano, cuya columnata de acceso a la Plaza San Pedro se encuentra abrazada por 284 columnas de 16 metros de alto, de orden toscano, con algún agregado de otro orden, realizadas por Gian Lorenzo Bernini. El significado alegórico de esta monumental obra hace referencia a los brazos de Dios recibiendo a los feligreses.
También en la capital italiana se encuentra al sur de la vía Sacra uno de los templos más importantes de la antigua Roma. Nos estamos refiriendo al Templo de Vesta, nombre dado en homenaje a la diosa del fuego y el hogar (de allí que en su cubierta hubiera una abertura permanente para la salida del humo). Se creía que, si se apagaba el fuego, alguna desgracia caería sobre la ciudad. Construido en el siglo IV antes de Cristo, se caracteriza por la belleza y la armonía de su forma circular, dada por un anillo de columnas de orden corintio.
El templo de Erecteón, emplazado en la acrópolis de Atenas, tiene la peculiaridad de que una parte de su estructura -llamada la Tribuna de las Cariátides- está sostenida por unas columnas muy particulares, compuestas por figuras femeninas denominadas cariátides.
Uno de los edificios más característicos de lo que se llamó el período neoclásico (utiliza elementos de la arquitectura clásica griega y romana) es la Iglesia de La Madeleine, ubicada en la ciudad de París. Construida durante el mandato de Napoleón Bonaparte, con este tipo de edificios se quería representar el poder del imperio, asemejándose a la Roma imperial. Se trata de un templo con ocho columnas frontales, de orden corintio, que se apoyan sobre un importante basamento que le da majestuosidad al edificio.
También en la ciudad de París, en la Plaza Vendôme, nos encontramos con una columna en homenaje a Napoleón. Otro edificio significativo es el monumento a Vittorio Emanuele II, primer rey de Italia tras su unificación. Erigida en la Colina Capitolina, una de las siete famosas de Roma, la obra está conformada por una columnata de orden corintio de espectacular magnitud.
En la actualidad, la mayoría de las columnas son lisas, sin capitel, y buscan principalmente cumplir una función estructural. Sin embargo, puede aparecer como una rareza alguna construcción con columnas de orden antiguo. Incluso en los mercados digitales se pueden ver a la venta algunas de ellas, con capiteles dóricos, jónicos y corintios.

Hoy envuelto en un conflicto judicial, el Palacio Roccatagliata, de Coghlan, luce columnas de distintos tipos.

Las columnas porteñas
Desde la mitad del siglo XIX, hasta pasada la mitad del siglo XX, Buenos aires se llenó de edificios que querían revivir el pasado, por eso nos vamos a encontrar con infinidad de obras cuyas columnas son la parte más representativa. Así, por ejemplo, podemos mencionar la Escuela Presidente Roca, obra del arquitecto Carlos Morra, que está ubicada en Libertad y Viamonte y luce majestuosas columnas jónicas.
El Congreso de la Nación, por citar otro caso, cuenta con distintos estilos de columnas. En el pórtico de entrada son corintias, mientras que la parte superior que sostiene la gran cúpula está formada por columnas jónicas de tres cuartos. En la puerta lateral del edificio, en tanto, las columnas poseen cariátides.
No muy lejos de allí, la Catedral Metropolitana está compuesta por un pórtico dodecástilo (12 columnas de frente) de estilo corintio, que simboliza a los doce apóstoles. El Banco Nación, frente a la Plaza de Mayo, posee una estructura porticada de columnas de doble altura, también en estilo corintio, que soporta un gran frontis triangular a la manera clásica. Un caso particular es el Edificio Kavanagh, frente a la Plaza San Martín, que presenta la peculiaridad de poseer en una de sus terrazas dos columnas de estilo jónico, algo bastante paradójico en este tipo de arquitectura.
Viniendo para nuestra zona, en el centro neurálgico del barrio de Belgrano, nos encontramos con el Museo Sarmiento, cuyo edificio se caracteriza por tener un pórtico con columnas dóricas, claramente distinguidas con su capitel y su fuste acanalado. Del otro lado de la plaza, en oposición al museo, podemos ver la Parroquia de la Inmaculada Concepción, más conocida como La Redonda de Belgrano. El templo, único en la Ciudad por su forma, nos recuerda al Panteón Romano, ya que cuenta con un pórtico con estilizadas columnas corintias que le dan majestuosidad a la obra.
En Coghlan, el Palacio Roccatagliata -hoy con futuro incierto por un emprendimiento inmobiliario- forma parte de aquella arquitectura que le daba prestigio a nuestros barrios. También luce columnas de distintos tipos. La galería o recova de acceso está formada por una serie de columnas y pilares, con fuste acanalado, las cuales tienen un capitel que es lo más próximo al estilo corintio.
En Saavedra, por su parte, el Museo Histórico se caracteriza por el estilo neo neocolonial, con un pórtico tetrástilo (cuatro columnas en el frente) característico de esta línea arquitectónica de orden toscano. También es tetrástila la principal parroquia de Villa Urquiza, Nuestra Señora del Carmen, ecléctica en la totalidad de su estilo y en cuyo pórtico se pueden distinguir las cuatro columnas de capitel jónico.
Al respecto, el arquitecto mexicano Luis Barragán nos dice: “Yo creo en la arquitectura emocional. Es muy importante para la humanidad que la arquitectura conmueva por su belleza. Y las columnas son, sin duda, una parte de esa belleza”.

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