Entrevista exclusiva a Axel Kicillof, el ministro que salió del laberinto

El titular de Economía, primer candidato a diputado nacional y vecino de Parque Chas le dedicó una hora y media a este periódico. Habló del barrio, la salud y la educación porteñas, la grieta, la inflación, Daniel Scioli y los fondos buitre.

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Nota publicada en la edición impresa de agosto de 2015

Por Marcelo Benini y Tomás Labrit
correo@periodicoelbarrio.com.ar

“Disculpen que los haya hecho venir hasta acá, siendo vecinos”, saluda sonriente Axel Kicillof (43), el joven ministro de Economía y Finanzas Públicas de la Nación, cargo que ejerce desde el 20 de noviembre de 2013. Nos recibe en su despacho de Hipólito Irigoyen 250, frente a Plaza de Mayo, un mes después de que iniciáramos la búsqueda periodística para obtener su testimonio, que incluyó llamados a su propia casa. Nos interesaba por supuesto conocer su faceta de habitante de uno de los barrios donde se distribuye el periódico, lindero con la Comuna 12. Pero fundamentalmente queríamos hablar de economía y política, en vísperas de un intenso calendario electoral que lo tiene como protagonista. Es el primer candidato a diputado nacional en la lista del Frente para la Victoria que postula a Daniel Scioli como Presidente de la Nación.

Debido a la dificultad para resumir sus conceptos, cargados de fundamentos, evitaremos extendernos en la introducción para pasar a la entrevista directa.

-¿Sos de Parque Chas, no? Vivís en una zona donde coinciden al menos tres barrios…

-Estoy en el límite, justo en un fleje que separa a Agronomía de Parque Chas. Cuando se me va la pelota para el otro lado de la calle o voy al club, estoy en Agronomía. Pero mi vida transcurre en Parque Chas.

-¿Es una etapa reciente o tenés un vínculo antiguo con el barrio?

-La verdad es que Parque Chas era mi objetivo. No conocía el barrio, pero lo tenía en el radar. Siempre quise vivir en Capital Federal, pero en un barrio, y me pareció que Parque Chas tenía ese doble carácter: bien urbano y céntrico, pero también barrial. Es un barrio con mística y particularmente, en el orden de la literatura, hay una novela de Carlos Gamarro que se llama Las Islas, que transcurre en Parque Chas. Es un barrio que se presta a la imaginación y a la fantasía. Es un barrio laberíntico, medio borgeano…

-Vos igual estás en la periferia del laberinto, casi saliendo…

-No conseguí más en el medio, terminé comprando una casa sobre Constituyentes. Yo antes vivía en un barrio que para mí era muy hermoso y con estas cualidades, que es lo que hoy se llama Palermo Hollywood. Me mudé a ese barrio antes de que fuera Palermo Hollywood, a tres cuadras del Mercado de Pulgas. Había como una bohemia, pero en mi manzana construyeron como 14 edificios cuando yo vivía ahí. El descontrol de la burbuja inmobiliaria macrista la protagonicé como víctima. Pero, ojo, me sirvió porque cuando vendí tenía un PH muy chiquito y después pude comprarme una casa. Creo que me mudé a Parque Chas en 2009, antes de ser funcionario.

-Es un mérito que, siendo funcionario, sigas viviendo en la misma casa. Suele reprocharse a los políticos que cuando ascienden se alejan de la realidad.

-Nadie me lo va a creer, pero mis hijos, mi esposa y yo hacemos la misma vida que antes, aunque con menos tiempo. Vamos al jardín del barrio, al club de enfrente. Tengo muchísimas ocupaciones y mi mujer también. Es investigadora universitaria.

– Tus costumbres no cambiaron…

-Tengo la misma casa y el mismo auto. Antes era investigador del CONICET y de la UBA. Tenía que dar seis cursos para juntar un sueldo. Ahora, con el aumento que hubo para docentes universitarios, es un sueldo digno, pero menor que el de ministro.

-Sos el segundo ministro que entrevistamos luego de Lino Barañao, titular de la cartera de Ciencia y Teconología, que vive en Coghlan. También es austero…

-Son decisiones personales. Cuando decidí volcarme a la política y a la función pública venía de otro tipo de vida. Lo hice por convicción, no por un ascenso económico personal. Vivo de mi sueldo y el de mi mujer. Les contará la gente: yo hago las compras los fines de semana en el chino. El que quiera encontrarme, me va a encontrar ahí.

-Hubo una foto que te tomaron en un supermercado y fue tapa de una revista.

-Claro, sí. Porque cayó una guardia periodística para ver mi vida personal.

-El chico de los mandados te dijeron…

-Está muy bien. No es que yo sea o no sea el chico de los mandados. Con mi mujer pretendemos seguir teniendo una división del trabajo en casa. Cambio pañales, cuido a mis nenes, los llevo todas las mañanas al colegio. El Ministerio de Economía es un puesto de trabajo y de combate. Todo lo que pasa en el país tiene algo que ver con el Ministerio de Economía, pero no quiero resignar mi vida ni la educación de mis chicos ni lavar los platos. Son cosas que las hago con mucho orgullo.

-¿Te movés únicamente en Parque Chas o la Comuna 12 también te resulta familiar?

-La Comuna 12 también porque el jardín de mis chicos estaba ahí. Ahora están yendo a una escuela primaria que queda cerca de Coghlan. El centro comercial del barrio está en Villa Urquiza, más que en Parque Chas. Aún así tenemos el club enfrente de casa y nos encanta ir a Agronomía. Tirar la lona en el pasto y pasar un fin de semana. Lo que pasa es que uno se convirtió, además de funcionario, en una figura pública, pero afortunadamente nuestro barrio tiene bastantes partidarios del Gobierno.

-Es cierto, en la Comuna 15 el kirchnerismo suele medir por encima de la media de la Ciudad. En la Comuna 12, en cambio, el panorama político es distinto.

-La fuerza política de referencia en la ciudad es el PRO, como en otros lugares también es el oficialismo. Los votos de Macri eran más fuertes en el norte de la ciudad, el centro estaba más bien dividido y había una intensidad mayor del FPV en el sur. Ahí hay un aspecto económico, porque a nadie se le escapa que las zonas de mayor poder adquisitivo e ingreso están en el norte, las de menor están al sur y en el centro está esa franja más indeterminada. En el balotaje se notó que Macri ganó más en el norte de la ciudad que en el sur. Efectivamente, esto quiere decir que hay un discurso orientado a ciertas capas de ingreso adentro de la misma Ciudad. Con esto, nosotros tenemos una posición muy clara. Creemos en la necesidad de un Estado presente en salud y educación pública para los sectores más vulnerables. Pero hay una equivocación muy fuerte ahí, porque en la Ciudad de Buenos Aires tenemos, indudablemente, el distrito más rico de todo el país. Esa riqueza no deriva de las políticas municipales, sino de la situación económica general. En la Ciudad, muchos tienen ingresos suficientes como para pagarse la educación privada y la prepaga. Esto es un hecho que exime al Gobierno de la Ciudad de una mejor salud y educación públicas. Pero hay un engaño, porque la verdad es que hay gente que manda a sus hijos a un colegio privado porque registra que la educación pública está bastante abandonada en la Ciudad. Esto equivale a meterte la mano en el bolsillo, déjenme decirlo crudamente. Terminás pagando tres, cuatro o cinco mil pesos de prepaga o de la escuela para tus nenes, cuando te los podrías ahorrar.

-El gobierno porteño se jacta de que muchos chicos de la provincia de Buenos Aires van a las escuelas o los hospitales públicos de la ciudad…

-Sí, pero después no hay vacantes para nuestros nenes y terminás yendo al sector privado. Yo digo que es plata que te robó el gobierno, un impuesto por su ineficiencia.

-Es interesante lo que señalás porque en los años 70 todos íbamos a la escuela pública y nos atendíamos, por ejemplo, en el Hospital Pirovano.

-Claro, han discriminado a través de la calidad, lo cual es espantoso. Porque si hubiera un buen trabajo serio en salud y educación públicas serían opciones mejores que las privadas. Porque no es una cuestión de recursos, sino de interés y de política.

-Pese a esta situación que marcás, ¿por qué le sigue siendo tan adversa al peronismo, y sobre todo al kirchnerismo, la Ciudad de Buenos Aires?

-Lo que creo que pasa es que en las grandes ciudades, donde hay una concentración más fuerte del ingreso, muchas veces cala la cuestión mediática. Se vive en un microclima económico que a veces lleva a una situación también cultural. Se vive como si el país fuera la Capital Federal y no es cierto. Hay otras realidades y el FPV ha trabajado mucho en la federalización y en la distribución de la riqueza. El hecho de querer hacer un país federal y poner la mirada en las zonas más olvidadas de la Argentina no es sacarles a los ricos para que tengan más los pobres. Ganamos todos. Miren, yo fui al Colegio Nacional de Buenos Aires, que es público, y después estudié y me doctoré en la UBA. No me doctoré afuera. Es medio pudoroso decirlo, pero me terminé recibiendo con uno de los mejores promedios en el Nacional de Buenos Aires y en la Universidad. Yo podía acceder a becas para irme al exterior. Esta historia no la conté nunca: cuando me recibí, me vinieron a buscar de una universidad privada muy grande, de las más extranjerizantes, para que hiciera una maestría o un doctorado. Me llamaron a mi casa como quien va a las inferiores de un club a llevarse a algún jugador. Pero yo dije: “Mi doctorado lo voy a hacer en mi universidad”, porque ya era docente ahí. Hay muchos argentinos que tienen un pensamiento equivocado: creen que cuando les va bien es por su propio esfuerzo y cuando les va mal la culpa es del Estado. Pero también te puede ir bien por el Estado y por un proyecto nacional.

-¿A qué alude el término “nacional y popular”?

-El movimiento al cual pertenezco es nacional -porque mira más a la Argentina que a los de afuera- y popular, pero no pensado para sacarle a algunos y darle a otros. Creemos que se le puede dar a todos juntos y eso es lo que pasó en nuestro país en los últimos años. Cuando los porteños nos miramos el ombligo y pensamos que todas las políticas tienen que ser para nosotros o peor, que no tiene que haber política porque tenés un pensamiento muy liberal, terminamos estrellados como en 2001. Esa es una colonización cultural. Los porteños siempre fuimos, por ejemplo, de escuchar bandas extranjeras, algo que quizás no pasa en el resto del país. Tenemos muchos prejuicios con los del interior. Hay que romper con eso, sino no vamos a poder reconstruir la Argentina y darle una posición en el mundo. Tenemos que reconciliarnos, dejar de dividir al país entre ricos y pobres o porteños y provincianos.

-Ya que estás hablando de una división, ¿evidenciás en la sociedad un quiebre entre los que están a favor y en contra de este Gobierno?

-Es lo que ellos llaman la grieta. Yo lo veo como una vuelta de la política en la Argentina. Hay un regreso de la política y es muy importante verlo así, para valorarlo también. Yo no le tengo miedo a las discusiones, siempre y cuando sean con respeto y constructivas. El hecho de que se discuta de política en las familias y en los bares es un patrimonio de este Gobierno. La discusión política es algo positivo. Si te dicen que no existe más la política o que no hay que discutir de política te están estafando. Lo que pasa es que la política ahora caló en todo el mundo y eso es muy bueno. Los argentinos no somos gente tranquila. Discutimos de fútbol a los gritos. Es más, mucho más a los gritos y en forma violenta están los opositores al Gobierno. Nunca he visto a un kirchnerista gritarle “chorro” a un macrista y mirá que tienen causas penales, que están en los Tribunales, mirá que son empresarios muchos de ellos.

-¿Creés que hay más protección a los funcionarios del PRO?

-Sí, protección mediática. Hay algunos diarios que son opositores y que se leen mucho en Capital, como Clarín y La Nación. No se lee tanto El Barrio. Mirá lo que pasó el otro día con Víctor Hugo Morales. Nos dijeron que íbamos a perseguir periodistas, que íbamos a meterlos en la cárcel, mandarles la AFIP… La única vez que hubo un allanamiento fue contra un periodista que está de acuerdo en mucho con nosotros. Y miren quién hizo el primer allanamiento a un periodista.

-El Grupo Clarín dijo que fue un embargo preventivo, no un allanamiento…

-Fue espantoso, estaba el coloradito de Clarín adentro de la casa de Víctor Hugo. Fue una violación de su intimidad por parte del abogado de Clarín. El primer allanamiento a un periodista en Argentina lo hizo Clarín por orden y cuenta de Clarín. La pasión es algo de los argentinos, nadie se asuste de eso mientras no te rompan una botella en la cabeza o no te insulten cuando estás con tu familia.

-A vos te pasó en Buquebus, en un viaje familiar a Uruguay…

-Era la época en donde había cacerolazos por el dólar. El derecho humano inalienable de los argentinos es comprar todos los dólares que quieren sin tener que rendirle cuentas a nadie. Nosotros pusimos una regla que ellos llaman cepo cambiario. La regla es que para comprar dólares tenés que explicar de dónde sacaste esa plata. Si es del negocio ilegal, si no pagas una factura, si no querés pagar tus impuestos, no podés acceder a los dólares para el ahorro. Me parece que todos estamos de acuerdo con eso. Lo que pasó ese día en Buquebus fue muy doloroso. No quiero ni acordarme porque me parece que estuvo inducido. Yo acumulo 22 semáforos rojos de Clarín este año. O sea que el lector de Clarín la imagen que tiene de mí es roja y esto no es casual, es una campaña mediática de hostigamiento ideológico, una persecución. Nunca desde que soy ministro en el diario Clarín vas a ver mi nombre asociado a algo positivo. Hay gente que lamentablemente se deja guiar por esas cosas. Pero mirá qué paradójico, porque estábamos en un barco y me insultaban por no poder comprar los dólares. ¿Con qué viajaban, con Patacones? Me insultaban porque no se podía viajar a afuera y estaban en un barco yéndose al exterior. Hay un reducto de la sociedad argentina que está muy enojada, tal vez no les gustan las cosas que hacemos o quizá nunca les gustó ningún gobernante ni la política. Tal vez si iba sentado Martínez de Hoz lo aplaudían, no lo sé. Fue muy doloroso, pero no pasó nunca más. Yo camino libremente por el barrio, voy a hacer las compras, todo el mundo sabe dónde vivo. No pasa naranja. Voy a comer a la parrillita de la esquina o a algún otro bar. Llevo a mis hijos, vamos a los cumpleaños… Es un reducto muy chiquito de gente. Además esa semana había habido una campaña en los diarios muy intensa contra mí. Decían “El ministro ahorra en dólares e invierte en Uruguay”. Yo tenía unos dólares ahorrados desde siempre, ahora no viene al caso, eran unos 30 mil dólares que los puse en mi declaración jurada. Nadie sabe los nombres de los que tienen tres mil millones de dólares en el HSBC de Suiza, eso sí es ahorrar en dólares. Mi casa en Uruguay la tengo desde 2005, cuando ni siquiera era funcionario público. Es mi casa, la hice yo, con mis manos, hasta instalé la electricidad. No vengo a profesar humildad, no soy franciscano. Soy político, soy trabajador, soy laburante, mis ahorros son claros, aparecen en mi declaración jurada. Cuando les inician causas a algunos políticos amarillos no aparecen en ningún lado. Cuando un tipo del PRO me inicia una causa a mí, aparece en todos lados. Entonces yo ya sé cómo son estas cosas, pero me dedico a la política. Lo que me gusta es que podamos discutir cuál es el modelo de país que queremos, no si yo soy bueno o soy malo.

-En tus orígenes en el Colegio Nacional de Buenos Aires te describían como un alumno brillante, introvertido y medio “bolche”. ¿Era así realmente?

-Vamos a hablar de mi infancia, de mi pubertad (ríe). Cuando entré en el 84 era la primavera alfonsinista y me postulé en mi división de delegado. Fui delegado tres o cuatro años, ahí fue cuando conocí a Mariano Recalde, que también tenía esa función. El Centro de Estudiantes lo conducía la Federación Juvenil Comunista, la FEDE se llamaba, que antes lo había dirigido en la clandestinidad porque estaba prohibido. ¿Se acuerdan la noche de los lápices? Hubo muchos desaparecidos en el Buenos Aires, una historia muy negra. Cuando volvió la democracia yo formé de un Centro de Estudiantes que era conducido en ese momento por la izquierda, pero nunca fui del Partido Comunista ni afiliado de la Federación Juvenil Comunista. Sólo era delegado de mi curso. En ese momento había un movimiento anti-imperialista muy fuerte que estaba encabezado por Franja Morada. Cantábamos temas de Silvio Rodríguez y festejábamos la vuelta del latinoamericanismo. Fui parte de una generación que se decepcionó mucho cuando terminó el discurso de Alfonsín de “Felices Pascuas, la casa está en orden”. El gobierno estaba muy asustado por los levantamientos militares, como el de La Tablada, y por los golpes económicos. El tema de los derechos humanos era central. Yo milité por los derechos humanos, conozco a las madres y a las abuelas de Plaza de Mayo desde esa época. El de Alfonsín no sé si fue un gobierno de izquierda o de derecha, porque esas categorías son difíciles de explicar ahora. El gobierno de Alfonsín trató de hacer una movida fuerte por los derechos humanos, hizo el Juicio a las Juntas Militares, pero se quedó a mitad de camino. Trató también de levantar un programa económico más nacional y popular, de crecimiento e inclusión, pero también se quedó a mitad de camino. Lo condicionaron los militares y actuó con miedo. Después se fue todo a la banquina. ¿Hasta cuándo? Hasta que Néstor Kirchner levantó de nuevo la bandera de los derechos humanos después de esa noche neoliberal que hubo en los 90 y fue a fondo, hasta el final. Juzgó a todos, a los que secuestraron y apropiaron bebés e incluso a los que estaban atrás de los militares. Ahí me cierran dos ideas muy fuertes: atrás de la desaparición de personas había un programa económico. Atrás de Videla estaban Martínez de Hoz, las empresas, los intereses, los bancos, el Fondo Monetario Internacional y todo lo que bancó esa política económica. Y después en los 90 apareció de nuevo con los indultos. Entonces se juntan economía y derechos humanos. Milité mucho en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en la Comisión de la Memoria, que se dedicó a buscar a los desaparecidos de la universidad. Acá en el ministerio de Economía también lo hicimos: llamamos al patio de abajo el “Patio de la Memoria” y se lo dedicamos a los desaparecidos (se le quiebra la voz por la emoción).

-¿Qué opinás de la candidatura de Daniel Scioli? No se puede negar lealtad, pero parecía que el sucesor de Cristina era Florencio Randazzo…

-Ha demostrado más que lealtad. También la gente se va transformando. No lo conozco personalmente a Scioli y no soy su psicólogo, no sé lo que en su raíz es y piensa. Lo que yo veo es su práctica política. Ha acompañado a Néstor y a Cristina, ha estado siempre del lado de este proyecto y hoy, cuando uno lo oye hablar como candidato, cuando le ha tocado un papel tan protagónico, de lo que habla él es de kirchnerismo puro. Entonces, la gente que lo va a votar lo va a votar por su proyecto y ése es nuestro proyecto. Además se armó una fórmula con una persona que acompañó a Néstor y a Cristina desde los años 80, como es el caso de Carlos Zannini. Creo que Daniel es un hombre al cual no se le puede cuestionar su lealtad y que ha dicho también que quien conduce este movimiento y el FPV es nuestra presidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

-Ya que hablamos de cuestiones ideológicas, a veces se plantea que el kirchnerismo es parte del movimiento peronista, pero quizás tiene una tendencia de izquierda.

-A mí me gusta la definición de Cristina: es un movimiento nacional. Lo que más nos interesa son las cuestiones que tienen que ver con los intereses permanentes y con la soberanía de nuestra nación. Una nación no es otra cosa que su pueblo. No somos populistas, somos populares, así nos reivindicamos. Y democráticos porque creemos fuertemente en la democracia y la defendemos. Las categorías izquierda y derecha no es que no sirvan o que estén viejas, sino que son confusas. Me acuerdo cuando Mirtha Legrand dijo “Se viene el zurdaje”. Ella es una persona que ha estado cerca de Videla y Massera, tiene fotos con todos ellos. Nosotros no.

-Hace poco dijo que Cristina era una dictadora…

-Mirtha Legrand es inimputable a esta altura, porque es una señora mayor. No vale la pena pelearse. Hay mucha gente que le tiene mucho cariño y, como somos populares, también respetamos a la gente por la que el pueblo tiene cariño. Hay que también saber distinguir cuando Mirtha habla de sus temas, que son la comida, el almuerzo, la farándula, pero cuando se mete con la política ella tiene su postura clara. Tiene su posición, está en contra de este Gobierno. Y está muy bien, nadie la ha perseguido y nadie le pide que saque su programa. Incluso muchos funcionarios de nuestro Gobierno van a sus almuerzos y usan la sordera selectiva para que diga lo que quiera decir. Discutir de política con Mirtha es como pretender discutir de tenis con Del Potro.

-Cuando se analiza el rechazo al kirchnerismo surge que las razones son más de forma que de fondo. Intolerancia, abuso de la cadena nacional, cepo cambiario… ¿El rechazo es más emocional que racional?

-Hay un fenómeno en este país que se denomina antiperonismo. Yo, que provengo de una tradición no peronista o de una trayectoria personal no peronista, te puedo decir que lo he vivido en el seno de mi familia. Me pasó con gente muy cercana, cuando me acerqué al Gobierno y empecé a participar activamente. No quiero dar detalles porque pertenece al plano personal. Al principio, cuando no era parte del Gobierno, como todo intelectual, tenía mis críticas y mis aplausos al Gobierno. Me gustaban cosas y otras no. Después te sentás acá y te das cuenta de que no es tan fácil. Gobernar es una responsabilidad muy grande, uno no puede hacer lo que se le canta en roles de gobierno, tiene que buscar un equilibrio y siempre tener en claro cuáles son tus objetivos para beneficiar al conjunto. Hay tiempos políticos, hay tiempos económicos. Muchos dicen del kirchnerismo que hay cosas que están bien, pero se tendrían que haber hecho antes. Pero estando acá te das cuenta de que hay tiempos políticos, no todo se puede hacer el primer día. Pero yo me propuse algo: explicar todo a fondo. Y eso es lo que me critica la prensa, que yo hablo largo. Lo que pasa es que me toca una materia difícil, como la economía, muy técnica. Nos han hecho creer a todos que determinado discurso económico es el único posible. Pero hay otra economía. No es cierto que haya una sola economía. No hay un pensamiento único, es una mentira. La economía más consagrada en la academia está del lado de los que más tienen. Pero hay una economía que piensa más en la gente, en el pueblo. Incluso en la clase media. Mucha clase media cree que la economía de Harvard o de MIT (Massachusetts Institute of Technology) es la que más le sirve. Y no, va en contra de las clases medias y a favor de los intereses concentrados. Pero se ha impuesto como un discurso único en la economía. Entonces vos me preguntás qué es la inflación y yo digo que muchas veces nos han hecho creer que la inflación no tiene nada que ver con la concentración económica, cuando es al revés. En países como el nuestro, muchas veces los precios crecen porque en determinados rubros hay muy pocas empresas que los manejan, porque no hay competencia. Entonces, el único que vende acero -y además consigue que el Estado no deje entrar acero del exterior- va a venderlo al doble del precio. Y eso nos pega a todos en el bolsillo. No depende del gasto público, que es un pedacito tan chiquito en la torta del país que no puede mover el amperímetro. Yo no genero inflación porque no fijo precios.

-Y la emisión monetaria, de la que tanto se habla, ¿no influye en la inflación?

-Es un verso eso. ¿Saben cuál es el país que más moneda emitió en los últimos diez años? Emitió tanta que le sale por las orejas y si abre la boca le sale por la boca. Fue Estados Unidos. Quintuplicó la cantidad de dólares y hace siete años que la economía norteamericana está en deflación. Emiten dólares y en Europa, con los euros, ni hablar. Lo mismo está haciendo Inglaterra, que no tiene la misma moneda. Multiplicó por ocho la emisión monetaria y no es inflacionaria.

-¿Estamos derribando un mito?

-Sí, es una falacia económica que nadie la cree en la academia. Lo voy a decir porque estamos en el barrio: lo hacen para la gilada, para echarle la culpa al Gobierno de algo que es culpa del capital concentrado de la economía. No quiero decir que todo depende de las cinco empresas que manejan los insumos básicos, pero es un 70 a 30 por ciento de responsabilidad. Me tocó a mí encabezar una discusión de este tipo porque hubo un corrimiento cambiario. Ahora Brasil devaluó más de un 30 por ciento. ¿Se fue o no se fue a los precios? No. En la Argentina se mueve el tipo de cambio un 20 por ciento y hay una inflación del 20 por ciento en un día. ¿Por qué? Es un fenómeno económico por la concentración que tenemos. Esto se cura con más defensa de la competencia, con una democratización de la economía argentina.

-¿El programa Precios Cuidados atenuó el crecimiento inflacionario?

-Voy a hablar primero desde la oposición. Me dijeron que iba a ser un ministro que iba a ser protagonista de un espiral hiperinflacionario. ¿Se acuerdan? Un segundo le pido al lector. Ahora todos reconocen la desaceleración sustantiva de los precios y, sin embargo, dicen que hay más gasto público, más emisión. Bueno, muchachos, reconozcan la bancarrota intelectual y teórica. Porque si hay más gasto y más emisión, en su escuela de pensamiento tiene que haber más inflación, pero hay menos. ¿Cómo es que la inflación bajó 15 puntos? Decían que era 40 por ciento y subiendo y ahora dicen que es 25 por ciento y bajando. El programa Precios Cuidados fue sustancial. No por los productos que están, que son unos quinientos y pico, sean los que todos los argentinos consumimos y abarquen la canasta, sino porque esos productos se convirtieron en una referencia para que ni el comerciante ni el empresario puedan cargarle mucho más a los productos que están fuera de Precios Cuidados. Entonces uno puede elegir comprar con Precios Cuidados o comprar fuera del programa, pero sabe cuánto sale. Y eso es fundamental para que cada argentino cuide su bolsillo de los abusos.

-¿De cuánto reconocés que es la inflación en la actualidad?

-Yo digo que oscilará entre el 18 y el 20 por ciento. Tengo miedo de haberme quedado largo en el número, porque ya los privados están diciendo menos.

-La depreciación del peso en estos 14 años, luego de la salida de la convertibilidad, debe andar por el mil por ciento. ¿Se analiza emitir billetes de mayor denominación?

-Voy a decir algo que me parece importante. Voy a buscar el número preciso (se toma unos segundos y mira en el celular). Estados Unidos lanzó el billete de 100 dólares, que es el más largo que tiene, en 1929. La inflación reconocida, acumulada hasta ahora, es de 1.280 por ciento y sigue con el billete de 100 dólares. Pero podemos discutirlo, no es algo a lo que nosotros nos aferremos.

-Como última consulta, ¿la postura del Gobierno con respecto a los fondos buitre va a seguir siendo la misma hasta diciembre?

-La postura siempre fue la misma, nunca cambió y es la siguiente: nosotros negociamos con todo el mundo si del otro lado negocian. Cuando del otro lado te encontrás con un sector cuya naturaleza es no negociar, porque querían ir a juicio para cobrar todo, es como negociar con rehenes. El Gobierno negocia, pero sin rehenes. Hoy han conseguido al juez Thomas Griesa y es una metáfora de Duro de Matar, de Bruce Willis. Si a vos te tienen con la amenaza de que tienen a tu nene y a tu mujer secuestrada y te piden que negocies, es muy difícil. Y lo que digo yo es que eran falsos rehenes porque, al final, esa metralleta que tenían era de cebita y no servía para nada. Argentina funciona bien, hemos conseguido mil quinientos millones de dólares y tuvimos ofertas casi por tres mil cuando salimos a colocar afuera. Nada de lo que dijeron era verdad. Nosotros seguimos igual. Cuando vengan a acá a negociar lo haremos como corresponde, como hemos negociado con el Club de París, con Repsol o con los holdouts que entraron en la restructuración de la deuda. Los que tienen una posición más política en esto son ellos. Nosotros tenemos una posición bien clara y económica: vamos a arreglar todo el despelote que nos dejó el menemismo en la Argentina, que hoy justamente son el macrismo y los radicales cuando se presentan en el frente Cambiemos. Todos ellos eran parte de los gobiernos de Menem y De la Rúa. Ellos emitieron deuda que después terminó en el default, pero nosotros lo vamos a arreglar. Nosotros somos el Gobierno del arreglo, ellos son el Gobierno del desastre.

Agradecemos a Jésica Rey y Lorena Gómez, asistentes de prensa del ministro Axel Kicillof, por su aporte fundamental en la realización de esta entrevista.

CITAS

“Con mi mujer pretendemos seguir teniendo una división del trabajo en casa. Cambio pañales, cuido a mis nenes, los llevo todas las mañanas al colegio, hago las compras los fines de semana en el chino…”

“Hay gente que manda a sus hijos a un colegio privado porque registra que la educación pública está bastante abandonada en la Ciudad. Esto equivale a meterte la mano en el bolsillo, déjenme decirlo crudamente”

“Los porteños siempre fuimos de escuchar bandas extranjeras, algo que quizás no pasa en el resto del país. Tenemos muchos prejuicios con los del interior. Hay que romper con eso, sino no vamos a poder reconstruir la Argentina”

“El derecho humano inalienable de los argentinos es comprar todos los dólares que quieren sin tener que rendirle cuentas a nadie. Nosotros pusimos una regla: para comprar dólares tenés que explicar de dónde sacaste esa plata”

“La economía más consagrada en la academia está del lado de los que más tienen. Pero hay una economía que piensa más en la gente, en el pueblo. La economía de Harvard va en contra de las clases medias”

“Vamos a arreglar todo el despelote que nos dejó el menemismo en la Argentina, que hoy justamente son el macrismo y los radicales cuando se presentan en el frente Cambiemos. Ellos emitieron deuda que después terminó en el default”

Foto de portada: New York Times

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