Fabián Báez, el cura tuitero: “El Papa no es peronista”

Es sacerdote y amigo personal de Francisco. Hace un año que vive en Villa Urquiza, donde es párroco de María Reina. Conoce a Jorge Bergoglio desde hace casi tres décadas.

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Es sacerdote y amigo personal de Francisco. Hace un año que vive en Villa Urquiza, donde es párroco de María Reina. Conoce a Jorge Bergoglio desde hace casi tres décadas y está produciendo un documental sobre su vida. “Me preocupa la intolerancia ideológica”, afirma el cura, famoso por su incursión en las redes sociales. “Debo estar presente donde está la gente”, justifica.

Por Tomás Labrit
tlabrit@periodicoelbarrio.com.ar

Difícilmente pueda Fabián Báez (45) olvidar lo que vivió el 8 de enero de 2014. Mientras paseaba por la Plaza San Pedro, en Roma, Francisco lo reconoció entre la multitud y lo invitó al Papamóvil para dar una vuelta con él. “Vení, subí”, le gritó. El cura, feliz, saltó la valla de seguridad y fue al encuentro del Papa, ante la atónita mirada de los feligreses y los periodistas, que se preguntaban quién era el sacerdote que acompañaba al Sumo Pontífice. “Me tocó del hombro y les dijo que yo era una amigo de Buenos Aires y un gran confesor -le cuenta Báez a El Barrio, aún conmovido por el encuentro-. Me impactó profundamente, aunque lo considero un elogio injusto”.
El vínculo entre ambos nació hace casi tres décadas, cuando un joven Fabián Báez vino a la Capital a estudiar Derecho proveniente de Misiones, su tierra natal, y Jorge Mario Bergoglio, por entonces Obispo, era confesor en la Iglesia del Salvador. Luego de algunos años en los que perdieron el contacto, la relación se retomó cuando el sacerdote nacido en Flores regresó a Buenos Aires como Obispo Auxiliar tras una larga estadía en Córdoba. Tiempo después, fue el propio Bergoglio quien, ya en calidad de Arzobispo, ordenó sacerdote al misionero que había conocido primero como estudiante y luego como seminarista.
En la actualidad, pese a que uno reside en Roma y el otro en Villa Urquiza, no perdieron el contacto y suelen hablar por teléfono cotidianamente. Además, a raíz de esta estrecha relación que los une desde hace años, Báez fue convocado por la productora norteamericana EWTN para grabar En el surco de Francisco, un documental sobre el trabajo de Bergoglio como Obispo en Buenos Aires que consta de 13 capítulos y será estrenado en los próximos meses.

-¿Creés que Francisco es un Papa político?
-No. Es un hombre que está conduciendo la Iglesia en un tiempo muy especial de la historia, en un mundo que está en una grave crisis económica, política y social. Yo no diría que es un Papa político: tiene una mirada trascendente de la realidad y una geopolítica extraordinaria. Yo la llamo la geopolítica de la misericordia, que es acercarse desde su condición de líder religioso a los diferentes jefes de Estado para provocar un encuentro con los más débiles. Es la voz que se levanta para proteger a los refugiados y a los más pobres.

-Se suele argumentar que la tensión entre el Gobierno de Macri y el Papa se debe a su identificación con el peronismo. ¿Coincidís con esa apreciación?
-No hay una relación mala ni distante entre Francisco y el presidente. También es un error decir que el Papa es peronista. La Doctrina Social de la Iglesia existe desde el siglo XIX y propugna la libertad, la fraternidad y la justicia social. Después el peronismo tomó algunas de esas banderas, pero el Papa no es peronista sino un sacerdote católico que predicó toda su vida esa doctrina. Es injusto vincularlo con una opción partidaria, porque de verdad no es así. Es un líder que sale a hacer frente a los problemas de la humanidad.

Un cura 2.0
Fabián Báez es un caso atípico dentro de la comunidad sacerdotal: atraído por la creciente influencia de las redes sociales, tiene cuenta de Twitter, Facebook, Instagram y hasta de Snapchat, una aplicación que causa furor entre los jóvenes. “Soy sacerdote y toda mi vida está dedicada a que te acerques a Dios. Siento que debo estar presente donde está la gente y las redes sociales son irreversibles, no son una moda. Pueden desaparecer Twitter o Facebook, pero ese modo de conectarse no. Hay que ser conscientes de eso: si no estás ahí, te quedás afuera”, explica Báez, popularmente conocido como El cura tuitero. Además de compartir situaciones de su rutina diaria y comentar sobre los temas de actualidad, gracias a Twitter conoció a usuarios que luego bautizó y se hicieron habitués de sus misas en la Parroquia María Reina, situada en Ceretti 2622, Villa Urquiza, donde vive desde el año pasado.

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Su vínculo con el barrio, no obstante, se remonta al 2000 cuando, luego de ser ordenado como sacerdote, fue enviado a la Parroquia del Espíritu Santo, en la que permaneció durante cuatro años. Tras una década alejado de la Comuna 12, volvió el año pasado al barrio en el que dio sus primeros pasos como cura. “Es un lugar muy especial, que siempre me gustó. Estoy muy cómodo, me siento como en casa”, dice y reconoce que, debido a su ubicación, la Parroquia María Reina se encuentra escondida ediliciamente y, además, cuenta con la desventaja de estar a unas cuadras de dos centros religiosos muy concurridos: la Parroquia Nuestra Señora del Carmen y la Iglesia Cristo Rey, situada en Villa Pueyrredon.

-Estás hace un año en la Parroquia María Reina. ¿Te propusiste algún objetivo cuando llegaste?
-Esta es una parroquia pequeña, pero tenemos el gran el desafío de convertirnos en un centro de espiritualidad para esta manzana de Villa Urquiza. Estamos lejos de lo que queremos ser, todavía falta mucho para tener una presencia real y concreta en el barrio. Tengo mucho trabajo por delante. La misión todavía ni comenzó: hay que hacer de esta parroquia una casa.

Además de su labor en María Reina -donde da misa todos los días a las 19, excepto los martes- Báez es miembro del equipo de Cáritas Buenos Aires. Allí colabora en un hogar al que asisten 35 familias y que, como muchos otros comedores sociales, se vio afectado por la suba de tarifas: la boleta de luz les aumentó de 7.000 a 30.000 pesos mensuales.

-¿Cómo evaluás la situación económica actual?
-Noto que bajó el poder adquisitivo de mucha gente. Hay un sector muy vulnerable que es el que no tiene planes sociales, el que trabaja en negro y vive de su salario día a día. Hay una franja de la sociedad que está en una situación muy delicada y que está sufriendo el ajuste. En nuestra parroquia, el problema que tenemos es la baja de los alimentos que se donan.

-En el Tedeum del 25 de mayo, el Arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, pidió no perder la sensibilidad ante los más pobres. ¿Temés que ocurra eso?
-Sí, eso me pasa a mí, al Gobierno y a todos. Tenemos el riesgo de encerrarnos en nuestro propio sistema. Tendemos a olvidarnos de los pobres y a insensibilizarnos. La primera vez que empecé a ver gente durmiendo en la calle en la década del 90 fue terrible. Hoy lamentablemente ya nos acostumbramos y no nos llama la atención.

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-¿Cuáles son los problemas que más te alarman?
-Me preocupa la intolerancia ideológica, la famosa grieta. Nos está costando convivir en la diferencia. Lo ves en la televisión o en cualquier debate entre amigos. Hay que tender puentes de unión. Otra tema que me preocupa es la politización de todas las conversaciones y de todos los discursos, como si lo único importante fuera lo político. A veces se están dejando de lado otras cosas que trascienden eso.

-¿Percibís que la grieta atravesó también al ámbito eclesiástico?
-La Iglesia está acostumbrada a vivir en la diversidad. Desde que surge la Iglesia en el Evangelio, hay una pelea entre Pedro y Pablo. Nacimos en medio de conflictos y entendemos que esa es nuestra esencia, nuestro ADN espiritual. Las diferencias en la Iglesia existen y existieron desde el principio y no son sólo de tipo político sino también litúrgico, espiritual, pastoral. No buscamos la uniformidad sino una diversidad reconciliada. La verdad no puede ser poseída por alguien, es una contemplación y se percibe en conjunto.

-¿Tenés algún mensaje final para transmitirle a los vecinos de Villa Urquiza y de toda la Comuna 12?
-Estamos viviendo un momento difícil, pero debemos mantener viva la esperanza en nuestra propia riqueza como pueblo.

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