¡Feliz cumpleaños, Coghlan!

Creado el 1º de febrero de 1891, este pequeño vecindario es uno de los más pintorescos de la Ciudad. Callecitas arboladas, construcciones centenarias y la estación ferroviaria son su sello distintivo.

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Creado el 1º de febrero de 1891, este pequeño vecindario es uno de los más pintorescos de la Ciudad. Callecitas arboladas, construcciones centenarias y la estación ferroviaria son su sello distintivo. Se trata de un rincón porteño que al inicio de su historia fue una pujante zona fabril y con el tiempo se convirtió en un lugar de moda en Buenos Aires.

Por Agustín Gallego
Integrante de la Junta de Estudios Históricos de Coghlan

El ingeniero John Coghlan nació en 1824 en Irlanda. Contratado por el Estado argentino, arribó a nuestro país en 1857 para colaborar en diversos emprendimientos de obras públicas y ferrocarriles. Trabajó en la construcción de numerosas líneas férreas, proyectó la instalación de aguas corrientes en Buenos Aires y su sistema de cloacas, aconsejó a los primeros ingenieros locales y fue uno de los socios fundadores de la Sociedad Científica Argentina.

Coghlan murió en 1890, lejos de la Argentina. El 1º de febrero del año siguiente, cuando la compañía Ferrocarril de Buenos Aires-Rosario que él había presidido finalmente inauguró la obra de una nueva estación entre las de Belgrano R y el Partido de las Conchas, hoy Tigre, le otorgaron a la flamante parada de trenes el nombre del ingeniero irlandés. Como es lógico, en los alrededores del ferrocarril comenzó el loteo tierras y la apertura de las calles para conformar las manzanas del naciente barrio. Hoy Coghlan está demarcado por la avenida Monroe, las vías del ex ferrocarril Mitre y las calles Núñez y Zapiola, que lo limitan de Saavedra, Núñez, Belgrano y Villa Urquiza.

La estación Coghlan es el sello distintivo del barrio, que hoy festeja 129 años de vida. Foto: www.salvatorisa.com.ar

Coghlan es un barrio porteño que tiene ritmo de pueblo chico, con veredas tranquilas, calles empedradas, frondosos árboles y casas bajas. Por aquí, los vecinos se conocen y se saludan. En este rincón de la ciudad es fácil toparse con personas que sacan sus banquitos para tomar mate o niños jugando a la pelota. La antigua estación del Ferrocarril Mitre irradia a sus alrededores un clima mágico y es una joya de la arquitectura ferroviaria. A este lugar, que es cuidado por sus propios vecinos, se llega por las calles Pedro Rivera y Estomba. Si algo hace diferente a Coghlan no es sólo su estilo inglés: es el sentir de pertenencia de quienes lo habitan.

Postales del barrio

La avenida Ricardo Balbín, que cruza de sur a norte el barrio, es el eje de la vida comercial y social. Es el único corredor donde el barrio no duerme a la hora de la siesta. Y ya que hablamos de postales, vale recordar alguno de sus edificios emblemáticos: el Hospital Pirovano, el ex Palacio Roccatagliata y Santa María de los Ángeles, la parroquia en donde Roberto Goyeneche contrajo matrimonio con Luisa Mirenda y cuyo primer párroco fue el Padre Antonio Monterosso, a quien Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, llegó a conocer. Más allá está el Club El Tábano, un lugar que respira tango: sus paredes están adornadas con fotos de artistas, banderines, trofeos y boletas de sus primeras comisiones directivas.

La avenida Congreso es para muchos un límite de ficción que marca el umbral antes de cruzar hacia Saavedra. Casi sin querer, la fisonomía del barrio cambia. Las casas señoriales de estilo inglés se van abriendo paso a viviendas pequeñas, cuyos primeros habitantes fueron inmigrantes de clase trabajadora, y el adoquinado de las calles muta en asfalto. En el podio de los famosos que alguna vez vivieron en el barrio están el Polaco Goyeneche, Horacio GuaranyAthos Palma y Julián Centeya. Aunque es uno de los barrios más chicos de la ciudad, también ha sido el lugar elegido como excusa para desarrollar obras: Aniko Szabó plasmó en la década del 70 un cuadro que cultivó elogios y distinciones, al que tituló “Otoño inglés en Buenos Aires – Estación Coghlan”.

La plazoleta que se extiende desde Roosevelt hasta casi las vías del Ferrocarril Mitre es uno de los lugares más fascinantes que tiene Coghlan. Foto: Revista Brando.

Hoy, el ambiente está cambiando. Quizá sea el atractivo de lo pequeño o el deseo de alejarse de la parafernalia palermitana; lo cierto es que a paso lento pero firme, construcciones nuevas captan a numerosas familias jóvenes que encuentran aquí su lugar para vivir. Al caminar por el pintoresco barrio, el visitante también podrá recorrer las obras de los representantes más famosos del “street art”. Murales, grafitis y esténciles van conquistando las paredes de este punto de la ciudad y renuevan el aspecto de la zona. El corredor que atraviesa Saavedra, Coghlan y Villa Urquiza conforma un museo de arte urbano al aire libre, que incluso ha despertado el interés de medios de comunicación internacionales.

En este novedoso escenario, el barrio cuenta con la Casa de Ana Frank, una réplica del ambiente en que vivió escondida la joven judía. Fue inaugurada en 2009 a metros del Hospital Pirovano, en Superí 2647, y cuenta con la autorización de la Casa de Ana Frank de Amsterdam. Por su parte, la oferta gastronómica es buena y variada. Sin embargo, los antiguos vecinos recuerdan con nostalgia los desaparecidos bares La Sirena, en la esquina de Núñez y Balbín, y el San Quintín, a escasos 400 metros de allí, en Balbín llegando a Tamborini. Cuentan que eran sitios con impronta porteña atendidos por sus propios dueños. Sabores típicos y platos caseros, entre los que se destacaba el tradicional bife de chorizo con papas fritas. Un público laburante, nutrido por las fábricas de la zona, llenaba los lugares cada día. Artistas de la época, como Goyeneche, eran habitués de estos bodegones.

El Polaco Goyeneche es un emblema para Saavedra, pero en realidad su casa estaba en pleno Coghlan.

Y otra vez el Polaco, protagonista excluyente de la vida del barrio. Para muchos porteños la historia que encierra el cantor se relaciona más con el barrio de Saavedra que con Coghlan. Es que todavía no saben que la casa donde vivió se ubica en Melián casi llegando al cruce con Iberá, en pleno corazón coghlense.

Coghlan industrial

Existió un corredor al noroeste del territorio de la ciudad, casi en el límite con la provincia, con un entorno que ofrecía interesantes oportunidades de negocios. Se trataba de la zona de Coghlan, donde al parecer estaba todo por hacerse. Con epicentro en la avenida Congreso, desde lo que hoy es Balbín hasta las vías del Ferrocarril Mitre, fue uno de los principales polos industriales de la ciudad y para 1940 llegó a contar con más de cinco fábricas. La prosperidad argentina después de la Primera Guerra Mundial y la gran ola de inmigración que comenzó en aquel momento, y que se extendería hasta 1930, ayudaron al nacimiento de esta pujante zona fabril.

Coghlan nació como parte del proceso de extensión del primer tramo del ramal ferroviario Retiro-Tigre. El barrio fue creciendo alrededor de la estación, que dio nombre al lugar e impregnó la zona de aquella arquitectura inglesa que lo distingue. La periferia de la estación se pobló hacia comienzos del siglo XX. Fueron las quintas destinadas al cultivo frutihortícola las que sirvieron como vivienda de los inmigrantes que llegaban al país, empujados por la crisis que azotaba al continente europeo.

La fábrica Barthel, una de las primeras industrias asentadas en Coghlan, conserva su fisonomía original.

Con Barthel y Sedalana despertaba un nuevo polo industrial en la ciudad. En 1921, Enrique Barthel funda en Freire e Iberá la fábrica de muebles Barthel, que arrancó produciendo mobiliario de estilo y luego se ocupó de la restauración y reacondicionamiento de muebles antiguos. Empleaba a unas setenta personas. Acorralada por las deudas, dejó de funcionar hace más de una década: aunque esta planta hoy está abandonada, el paso del tiempo no modificó su aspecto.

La Fábrica de Tejidos y Artículos de Punto de Fantasía Sedalana S.A., por su parte, ocupaba la manzana entre las calles Congreso, Naón, Quesada y Estomba. Pionera en la fabricación de tejidos de punto con seda artificial, lana y algodón, su personal técnico y jerárquico era de origen alemán. Hay quienes creen que esta situación contribuyó a que se radicaran en el barrio numerosos ciudadanos de ese país. La empresa contó también con un lugar de venta al público de las telas y retazos.

“¡Levántense que viene el Zeppelin!”. Así fue el llamado de los padres a sus hijos en el amanecer del sábado 30 de junio de 1934. El paso del dirigible alemán Graf Zeppelin, de 240 metros de largo, fue un hecho que conmovió al país, pero especialmente quedó en la memoria de muchos vecinos de Coghlan. Al surcar el cielo del barrio, cuentan, quedó suspendido sobre Sedalana esperando el ingreso de los obreros, quienes en agradecimiento hicieron sonar la sirena de la fábrica. Poco antes, en 1892, había surgido Brousson, una moderna planta para fabricar sombreros montada en Estomba y Congreso por el vecino don Pablo Brousson. Esta fue la primera industria del barrio.

El dirigible alemán Graf Zeppelin voló sobre Sedalana en 1934 y quedó grabado en la memoria de los vecinos.

El pujante vecindario estaba beneficiado por accesos como la Avenida General Paz, la cercanía con el puerto y el ferrocarril. Esto hizo que, a mediados del siglo XX, Coghlan tuviese gran concentración de plantas industriales. En el mapa fabril, en Congreso casi en la esquina con Washington, apareció Staggi. Fundada en 1934, se dedicó a la producción de muñecas y artículos para bebés. Pequeña y austera, esta fábrica dirigida en conjunto por las familias Staggi y Georgiadis fue pionera en el rubro.

Chocolate por la noticia

Nestlé fue un exponente del orgullo fabril presente en esta zona. La planta estaba emplazada sobre un terreno de una hectárea y media, delimitado por las calles Tronador, Manuela Pedraza, Plaza y Núñez. Más de 25.000 metros cuadrados de superficie cubierta albergaban las áreas de elaboración, almacenes, servicios varios, oficinas y laboratorios. Alfredo Noceti, el gran historiador que le dedicó buena parte de su vida al estudio de Coghlan, fue vecino del barrio y trabajó cuatro décadas en Nestlé.

Recordamos algunos momentos de una entrevista que concedió al periódico en el año 2000. “Por entonces la chimenea de Nestlé era muy visible desde cualquier lugar del barrio y por ahí emergían los más variados aromas. Sabíamos cuándo estaban fabricando chocolates, caramelos o café soluble. Eran olores muy agradables”, contó Noceti. Y agregó: “Ingresé en 1948. Ellos tenían una interesante política: los empleados nuevos podían comer todo el chocolate que quisieran. Claro, al mes ya no podía ni verlo. Recuerdo que en ese momento hacían bombones y chocolates con almendras. En ese edificio, que concentraba toda la distribución de productos para la Capital Federal, estuve hasta 1951. Luego me trasladé a las oficinas centrales y terminé mi carrera como Jefe de Licitaciones y Apoderado en 1988”.

Vista aérea de la fábrica de Nestlé en 1938, una joya atesorada por el Archivo General de la Nación Argentina.

El desembarco en Coghlan, sitio donde Nestlé constituyó lo que sería su primer establecimiento en el país, fue también donde se elaboraría el primer chocolatín argentino. La empresa funcionó durante medio siglo, de 1930 a 1981, cuando fue desactivada porque se había vuelto inoperante. En 1992 el predio fue adquirido por la empresa New San, que lo usó para distribuir y comercializar productos electrónicos y artículos para el hogar.

De festejo

Coghlan celebará sus 129 años de vida este sábado 1º de febrero, en la plaza de la estación (Estomba 2649), de 17 a 19 horas. “Durante la jornada habrá shows en vivo, arte urbano y muchas sorpresas más”, anticipan desde la Comuna 12, que estará a cargo de la organización. En caso de lluvia, el evento será suspendido.

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