Francis Cornejo, el entrenador que descubrió a Maradona en el Parque Sarmiento

Fue en marzo de 1969, durante una prueba para Argentinos Juniors. Diego tenía ocho años y el terreno que hoy ocupa el polideportivo de Saavedra era conocido como “Las siete canchitas”.

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Es un sábado de marzo de 1969. El colectivo 28 se detiene sobre la Avenida General Paz y un pibe de ocho años baja apresurado para encontrase con sus compañeros en “Las siete canchitas”un lugar donde años después se levantó el actual Parque Sarmiento, en Saavedra. Corre por entre los eucaliptos y saluda a su entrenador mientras le pide la bolsa donde está guardada la pelota. El hombre disfruta con la ansiedad del pibe de Villa Fiorito. Se arma el partido y, mientras lo ve, Francisco Cornejo piensa que Dieguito es “de otro planeta”.

“Cada vez que voy al Parque Sarmiento y veo esos árboles me emociono. Ese lugar es entrañable para mí”, confesaba Francis en una nota con El Barrio, en el año 2002. Durante tres décadas entrenó a las divisiones inferiores de Argentinos Juniors, conocidas como Cebollitas, y pasó a la fama por haber descubierto a Diego Armando Maradona, que hoy dejó la vida terrenal y se convirtió en leyenda.

“Yo armaba un equipo con chicos de la clase 60 y estaba conforme con los jugadores. Había uno que era un espectáculo, jugaba de nueve y la rompía. Se llamaba Goyo Carrizo y tuvo mucho que ver en la llegada de Diego. Un día me contó que tenía un amiguito del barrio que jugaba mejor que él y me preguntó si lo podía traer a las prácticas. Venían muchos a decirme que conocían a un crack, que después no lo era tanto, y aunque yo pensé que éste era uno de esos chascos acepté que viniera”, nos contaba Francis, fallecido en 2008.

Goyo Carrizo se apareció nomás con su amiguito Diego en el club. Francis los saludó y les indicó que lo esperaran en la cancha. Pero el campo estaba embarrado y no se podía jugar bien. “Vamos a jugar a Las siete canchitas”, propuso entonces Francis y el destino quiso que ese predio tan cercano a los habitantes de Saavedra se convirtiera en el primer gran escenario donde Dieguito comenzó a demostrar su talento: “Enseguida se hizo famoso entre los vecinos. Venían los jubilados y no se cansaban de aplaudir. Un señor hasta le quiso regalar una bicicleta”.

“Hacía maravillas con la pelota, cosas que yo nunca le había visto hacer a nadie. Hay una que no me la voy a olvidar jamás, porque cierro los ojos y la sigo viendo como si fuera ayer. Cuando a un jugador la pelota le viene de aire, lo que hace es bajarla con el pie y después la deja caer al suelo y ahí patea o toca. Eso es lo que hacen todos. Pero aquel pibe no, aquel pibe hizo otra cosa: la dominó con la zurda, en el aire y, sin dejarla tocar el piso, con el pie todavía en el aire, le volvió a pegar para hacerle un sombrerito a un rival y mandarse hacia el arco contrario. La jugada siguió pero yo me quedé mirándolo, mirándolo a él. ‘Es un enano’, pensé. No podía tener 8 años, era seguro. Fue una pavada haber pensado eso. La edad no tenía nada que ver con lo que ese pibe había hecho. Si era más grande o más chico no tenía importancia: esa jugada no tenía edad. Un jugador normal, incluso uno muy habilidoso, puede pasarse la vida sin poder hacerla aunque la ensaye una, dos, mil o un millón de veces. Para hacer una jugada así -y como la hizo él: como si fuera la cosa más sencilla del mundo- aquel pibe tenía que ser diferente, muy diferente de los demás. Y yo me di cuenta. Ahí mismo me di cuenta. Por eso puedo decir, sin ponerme colorado y sin temor de que me acusen de agrandado, que yo descubrí a Diego Armando Maradona, un milagro del fútbol. Y también mi milagro personal”, relató emocionado Francis en su libro Cebollita Maradona, publicado por Editorial Sudamericana.

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