Guillermo Guerrero y un merecido homenaje

El Museo Saavedra exhibió la obra del creador de Lúpin

(Edición del Mes: 8 Año: 2002 )

El notable dibujante de Villa Urquiza vivió un emocionante reconocimiento a su trayectoria el 7 de julio último, durante la apertura de la muestra que este periódico le organizó en el Museo Saavedra. Del homenaje participaron, entre otros, su socio Héctor Sídoli, Julio Lagos, Bobby Flores, el Dr. Luis Alposta y el humorista Maicas.

Marcelo Benini

Nota de tapa

El Museo Saavedra exhibió la obra del creador de Lúpin

Guillermo Guerrero y un merecido homenaje

El notable dibujante de Villa Urquiza vivió un emocionante reconocimiento a su trayectoria el 7 de julio último, durante la apertura de la muestra que este periódico le organizó en el Museo Saavedra. Del homenaje participaron, entre otros, su socio Héctor Sídoli, Julio Lagos, Bobby Flores, el Dr. Luis Alposta y el humorista Maicas.

Por Marcelo Benini

La ansiedad de los meses previos empezó a disiparse a las cinco de la tarde del domingo 7 de julio de 2002. Sólo bastó que la hermosa sala de exposiciones del Museo Saavedra se poblara de visitantes de todas las edades para que este hombre tímido, de apariencia menuda, pudiera conocer sus verdaderas dimensiones. Chicos y grandes desfilaron una y otra vez, sin ocultar su asombro, ante los tesoros allí exhibidos: dibujos, caricaturas, historietas y fotos prolijamente montadas en paneles colgantes, maquetas de los más variados inventos, “incunables” de revistas y hasta una carta de Walt Disney resguardados en vitrinas y numerosos aeromodelos que, pendiendo de hilos invisibles, “sobrevolaban” el recinto. La muestra Guillermo Guerrero y Lúpin, un capítulo en la historia de la historieta quedaba por fin inaugurada, aunque faltaba todavía concretar el tributo al creador del heroico piloto y de tantos otros personajes que, durante más de medio siglo, cosecharon una legión de fanáticos.

Daniel Artola, jefe de Redacción de El Barrio y reconocido locutor, condujo el acto y explicó cómo surgió la idea de homenajear a Guillermo Guerrero (79), vecino de Villa Urquiza: “Cuando el año pasado lo entrevistamos en su casa nos sorpendimos con el material que allí guardaba, tanto que creímos necesario hacer una muestra. El Museo Saavedra también lo entendió así y nos abrió sus puertas”. El Lic. Alberto Piñeiro, su director, reafirmó estos conceptos: “El año pasado se acercó Marcelo Benini, editor de El Barrio, con un breve currículum de Guerrero y un par de revistas a proponerme la exposición. Era la primera vez que yo escuchaba hablar de Lúpin, pero igual me gustó la idea porque la filosofía del Museo es mostrar el trabajo de los artistas sin importar si son o no conocidos. Pero qué sorpresa cuando mis compañeros de trabajo, al ver las revistas sobre mi escritorio, expresaban ‘¡Uy, Lúpin!’. Esto me hizo descubrir que era el trabajo de alguien muy conocido al cual yo ignoraba pese a ser un vecino. Le agradezco a El Barrio por acercarnos esta inquietud y a Gustavo Mamani, quien se tomó el trabajo de armar y restaurar muchos de los objetos que aquí se exhiben”.

Famoso hasta en el espacio

Quien tomó la palabra a continuación fue Héctor Sídoli, más conocido como “Dol” y socio de Guerrero en Lúpin: “Hace 54 años que trabajo con él y nos llevamos muy bien. Pudimos editar esta revista y muchas cosas más, como los suplementos. Recibimos e-mails de todas partes del mundo, hasta de la NASA, donde tenemos muchos fanáticos. Esta revista le interesa mucho a la juventud, por eso permaneció tantos años en el mercado y pensamos seguir adelante”. Para ilustrar la influencia que Lúpin ejerció en sus lectores Dol apeló a una anécdota: “Era el cumpleaños de Fernando Caldeiro, un astronauta argentino, y Pablo De León, un ingeniero también argentino que trabaja en la NASA, le llevó de regalo una pila de revistas Lúpin a Cabo Cañaveral. Cuando Caldeiro abrió el sobre se puso a llorar de la emoción”. Este mismo astronauta le escribió tiempo después a Dol contándole que estaba junto a ocho astronautas en el transbordador espacial, haciendo ejercicios de entrenamiento, cuando el software empezó a fallar. Como había dos horas de espera para que se solucionara el problema, Caldeiro repartió revistas Lúpin entre todos y así matizaron la larga espera.

Otro de los invitados, el periodista Julio Lagos, afirmó que la Argentina es un país de notables dibujantes, pero ninguno lo hace como Guerrero. “El pertenece a la escuela de los grandes, como Seguí, Toño Gallo y Battaglia. Ellos relacionan el dibujo con lo que escriben a lo largo de una historieta, con detalles y perspectiva. Guerrero es un dibujante fenomenal que logró el milagro de reunir hoy a varias generaciones”, señaló Lagos. A su turno, otro hombre de radio como Bobby Flores dejó su impresión sobre la figura de Guerrero: “No sé que decir de Lúpin. Mis grandes vocaciones nacieron de leer la revista. Siempre quise ser astronauta, enviaba cupones a esa escuela que decía Estudie astronáutica, la profesión del futuro. Siempre me interesó el tema, fui fan de la misión Apolo y todo gracias Lúpin”. Bobby contó que la primera radio que tuvo fue una que armó con un diodo, un par de cables y una papa, tal como enseñaba la revista. “Ahora veo a mi hija jugar con la computadora y pienso que nada de eso existiría si no hubiesen existido antes personas como Dol y Guerrero -reflexionó-. Ellos hicieron que nuestras fantasías no fueran una tontera. Creo que hay cosas eternas y Lúpin es una de ellas”.

El día que se rió Biasatti

El médico y presidente de la Junta de Estudios Históricos de Villa Urquiza, Luis Alposta, aclaró que descubrió a Lúpin muchos años después que a Guerrero. “A él lo conocí sin que lo supiera en 1950. Yo tomaba en Villa Urquiza el tren de las doce rumbo a Retiro y mientras esperaba en la estación me llamaba la atención un hombre con pinta gardeliana. Era Guillermo Guerrero. En esa época yo solía ir a la peluquería de su padre y me llamaba la atención una muy buena caricatura, casi un retrato, que Guillermo había hecho de él. Muchos años después tuve la fortuna de tenerlo como amigo. Agradezco a la gente del periódico El Barrio y a los dueños de esta casa por la feliz idea que han tenido”, expresó Alposta. El último de los reconocimientos llegó de parte de Maicas, uno de los tantos colegas que se hizo presente en el Museo Saavedra: “Yo le tengo que agradecer a Guerrero que nos deje ser dibujantes. Uno tuvo la suerte de encontrar un estilo y desarrollar con él una profesión que es el humor. A Guerrero lo felicito porque consiguió algo importantísimo un día que se acercó con sus revistas por Radio Rivadavia: hacerlo reír a Santo Biasatti”.

Al final de la ceremonia, el propio Guerrero se acercó al micrófono para decir lo suyo: “Agradezco a las personas que organizaron este acto y a los amigos que vinieron. Me reencontré con muchos inesperadamente, porque no pensé que vendrían. Eso me da más ánimo para seguir…”. El llanto ahogó sus palabras y no pudo continuar hablando. No se preocupe, Guillermo, igual su obra habló por usted.

 

Dibujante de alto vuelo

Guillermo Guerrero nació en Buenos Aires el 26 de julio de 1923. A los siete años de edad la revista Caras y Caretas publicó su primer dibujo, titulado “Ejercicio Aéreo”, en el que dos aviones realizan vuelos acrobáticos. Su pasión por el dibujo continuó manifestándose mediante la edición artesanal de una infantil revista semanal que buscaba a sus lectores entre los clientes de la peluquería de su padre, en la calle Bauness 2624. En 1938 se inició profesionalmente como ayudante del dibujante Lino Palacio, con quien trabajo durante nueve años. Dos años después, el diario La Razón publicó su primera historieta: Villa Mosquete, 1625. En 1947 pasó a integrar el cuerpo de dibujantes de Guillermo Divito en la revista Rico Tipo, donde permaneció hasta su cierre en 1973. En 1941 conoció a Walt Disney, de quien conserva una afectuosa carta. En 1966 junto con Divito y el dibujante Héctor Sídoli (Dol) fundaron y editaron la revista de historietas de aventuras cómicas Lúpin, cuyo primer número apareció el 1 de febrero. Lúpin el piloto, que se publicaba en la revista Capicúa desde 1959, es una suerte de caricatura de Guerrero, quien también fue piloto en sus tiempos libres y gran aficionado a la aviación.

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