Halfdan E, el músico que condensó en 40 segundos el espíritu de “Borgen”

El compositor danés, autor del tema de apertura de la aclamada serie de intriga política, habla en esta entrevista con El Barrio de la “montaña rusa emocional” que significa crear un logo de sonido.

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Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

 

Una década después de su estreno en Dinamarca, desde el mes pasado están disponibles en Argentina -a través de Netflix-  las tres temporadas de Borgen. La serie, cuyo título alude al nombre con el que popularmente se llama al Palacio de Christiansborg, sede en Copenhague de los tres poderes del Estado danés, justifica la crítica elogiosa que precedió su tardía llegada a nuestro país. Cada capítulo propone una atrapante trama de intriga política nórdica, no carente de conflictos, contradicciones y miserias personales, a partir de precisos guiones y actuaciones memorables.

Una consulta personal realizada a Halfdan E Nielsen (Copenhague, 1965), autor del tema de apertura de la aclamada serie, se convirtió inesperadamente en esta larga entrevista con el compositor danés. Se trata de uno de los principales músicos de cine de Dinamarca, galardonado con tres premios Robert de la Academia de Cine Danesa. Sus contribuciones más recientes incluyen partituras para las series Ragnarok y Badehotellet, además del largometraje finlandés Ihmisen Osa.

Halfdan E, tal es su nombre artístico, comenzó su carrera en la música como bajista en diferentes bandas danesas antes de unirse al grupo Laid Back, reconocido por hits como Sunshine Reggae, Bakerman y White Horse. Más tarde se asoció con el poeta danés Dan Turèll y juntos grabaron dos álbumes exitosos, que obtuvieron dos premios Emmy daneses. Con un espacio ganado en el mundo del rock escandinavo, ingresó al Conservatorio de Música Rítmica de Copenhague para especializarse en interpretación, composición, orquestación, arreglos e ingeniería de sonido.

Su música ha aparecido a la fecha en más de 45 largometrajes, 10 series de televisión y muchos documentales y cortometrajes, según indica el sitio especializado IMDB. Fuera de Dinamarca, algunas de sus partituras a gran escala se han grabado en Londres y Praga con orquestas líderes. Pero además de su versátil carrera musical, Halfdan E desarrolla una actividad gremial como presidente de la Federación Danesa de Compositores de Cine y Medios. Trabaja desde su propio estudio en Copenhague, también sede de su sello discográfico PlantSounds, que edita bandas sonoras originales de películas.

“Vivo en Copenhague, pero trabajo en Londres cuando es necesario. Gran parte de mi producción la hago desde casa gracias a Internet. Oh, Covid-19… Se dice que el virus se propagó más en el Reino Unido debido a que el gobierno dudó demasiado antes de actuar. En realidad no fue hasta que el propio Boris Johnson contrajo la enfermedad que finalmente comprendieron el peligro del virus”, le cuenta a El Barrio, desde 12.059 kilómetros de distancia.

-¿Cómo afecta el Coronavirus a un compositor de música? ¿Cuánto ha mermado tu actividad en el último año, debido a la paralización de la industria del espectáculo?
-En realidad, la mayor parte de mi negocio se ha retrasado o cancelado hasta nuevo aviso. Trato de ver este contexto como un espacio para explorar algunas de las cosas para las que de otra manera nunca tendría tiempo, pero es difícil.

-¿Te molesta haber nacido el 21 de noviembre en lugar del 22 de noviembre, fecha en la que se conmemora universalmente el Día de la Música?
-Me molesta muchísimo (risas). No, en realidad me deja espacio para beber vino con mi familia y amigos durante mi cumpleaños y luego participar en el Día de la Música al día siguiente.

Antes de dedicarse a componer música de cine, Halfdan E fue bajista de muchas bandas danesas, entre ellas Laid Back. Crédito de foto: Wikipedia.

-Recientemente se estrenó en Argentina, a través de Netflix, la serie Borgen. ¿Qué significó en tu carrera esa experiencia?
-En realidad, Borgen nunca tuvo la intención de conquistar el mundo; la ambición era crear una serie política para la audiencia nacional. Después de todo, ¿quién querría fuera de Dinamarca sentarse y ver una serie sobre política danesa? Cuando durante la segunda temporada nos llegó la noticia de que el resto del mundo la estaba mirando y disfrutando, fue una gran sorpresa. Para mí, tener un éxito mundial como éste ha sido una ventana para conseguir un agente del Reino Unido y, con suerte, llegar más lejos. Pero el maldito Covid-19 detiene ese esfuerzo…

-Contanos cómo es el proceso de crear un “logo de sonido”, como definiste a la música de una serie como Borgen.
-La creación del logo de sonido o la música de los títulos principales fue un proceso muy orgánico, lanzando ideas, sonidos y fragmentos gráficos de un lado a otro hasta que supimos a dónde íbamos. En ese momento no se había hecho ninguna película, por lo que todo fue prueba y error. Recuerdo ir a las oficinas de producción, tomar algunas fotos del boceto del proyecto y luego crear presentaciones de diapositivas en la computadora. En un momento Adam Price me dijo: “Hacé un jingle de 40 segundos que represente el ascenso y la caída del personaje de Birgitte Nyborg, el cinismo general de la vida política, la soledad, las victorias, pero también la decadencia gradual de la familia de la Primera Ministra. Todo con un ambiente clásico y señorial, pero moderno”. Fui a casa y me suicidé (risas). Luego terminé haciendo precisamente eso: si escuchas con atención, podés notar cómo la música cambia de dirección cada dos o cuatro compases. Es como una montaña rusa emocional.

-Más allá de su extraordinaria calidad narrativa, ¿por qué creés que Borgen tuvo tanta trascendencia en el mundo?
-Mi agente británico lo dice así: “Tuvimos nuestra propia Primera Ministra mujer aquí (se refiere a Margaret Thatcher), así que no se debe a eso ni a la naturaleza política del programa. En realidad, cuando se nos permite seguir a la Primera Ministra hasta su baño, donde se limpia los dientes con hilo dental mientras reflexiona sobre un problema grave, ahí es donde entra la magia”. Supongo que lo que quiere destacar es la forma íntima en que la serie permite a la audiencia acercarse a los personajes. El éxito también se debe a los fantásticos guiones y actores, por supuesto. Esa es la clave.

-Muchos observan en House of Cards la remake estadounidense no reconocida de Borgen. ¿Compartís esa mirada?
-Personalmente no veo demasiados parecidos entre ambas series. Realmente disfruté de HOC por su visión muy moderna de la política estadounidense y los personajes bien escritos e interpretados en ella. Trump puede haberla eclipsado, pero aún así sigue siendo una serie número uno para mí.

-¿Me parece a mí o el tema de apertura de créditos de House of cards, compuesto por Jeff Beal, suena similar al tuyo de Borgen?
-Cuando vi HOC recordé más el tema de mi colega y amigo Frans Bak para The Killing. En cualquier caso, estoy seguro de que Jeff Beal vio bastante noir nórdico antes de componer HOC. Todos escuchamos a la competencia y robamos lo que podemos (risas). Es algo comúnmente reconocido que los compositores de películas nos apoyamos unos en otros, ¡estaría orgulloso de saber que Jezz Beal pudo haber escuchado mi música!

-¿Los músicos de cine suelen, conciente o inconcientemente, plagiarse entre sí?
-Cuando se trata de componer tenemos pocos recursos: doce semitonos, tres tempos diferentes, un cierto límite para no robar la acción de la pantalla… Por esa razón, siempre que alguien desarrolle un sonido o forma distinta, seguramente será copiado. Después de todo, tenemos muy poco tiempo para componer y, por lo general, hay un editor que ya ha adjuntado música temporal a las escenas, por lo que tenemos que encontrar algo que se parezca a ella sin copiarlo directamente. En realidad, no es algo nuevo: todo el arte está inspirado en otra cosa. Sabés que Picasso dijo que “los buenos artistas copian, los grandes artistas roban”. Levantas una idea de aquí y allá y la hacés tuya. Si alguien a quien admiro me robara un poco de inspiración, estaría orgulloso: al menos, es una señal de que lo que hago tiene cierta calidad.

-Últimamente compusiste la música de Ragnarök, otra exitosa serie nórdica, del creador de Borgen. ¿Cómo definirías a Adam Price?
-Adam está literalmente rebosante de ideas y visiones fantásticas. Al mismo tiempo, es un chef maravilloso y tiene un programa nacional de comida con su hermano, que ya debe ir por la sexta temporada. Es muy enérgico e inspirador.

-Las películas y series “nordic noir” conquistan cada vez más audiencia desde las plataformas de streaming. ¿Cuál creés que es la razón de que tengan tantos adeptos?
-Creo que el trasfondo es que nunca tuvimos mucho dinero en el negocio del cine aquí, así que tuvimos que desarrollar otras fortalezas como la actuación, el guión y las buenas historias. Hasta el éxito de The Killing y Borgen, en Dinamarca se hicieron muchos programas y películas dentro de las cuatro paredes de la casa, ya que no había presupuesto para exteriores. Aún así, tenés que desarrollar una interacción entre los personajes y las historias deben ser creíbles.

-Tocás el bajo y fuiste en tus comienzos una estrella de rock, el sueño imposible para muchos de nosotros. ¿Por qué abandonaste los escenarios y te dedicaste a la composición orquestal de música para cine y televisión?
-En realidad, no fui realmente una estrella de rock per se, sino más bien un músico de sesión conocido y apreciado. Toqué en muchos conciertos en Dinamarca y Europa con bandas danesas, pero en el camino sentí la necesidad de crear algo en mi propio nombre. Concreté un proyecto de música y poesía que se hizo bastante famoso en mi país. Como mi música y producción para ese proyecto eran muy cinematográficas, la gente empezó a pedirme que hiciera cosas de cine. Quedé atrapado en eso, se me coló y, de repente, eso es lo que hago: música de cine.

-¿Hoy sos más compositor que intérprete?
-Aunque interpreto la mayor parte de mi música para películas, sé lo que querés decir. Pero después de 22 años en el mismo estudio, finalmente saldré de gira en 2021 si el Covid-19 lo permite. ¡Me muero por conocer a mi audiencia en vivo!

“Si alguien a quien admiro me robara un poco de inspiración, estaría orgulloso”, dice Halfdan E. (PR-foto / Cinemateket – Inger Marie Mulvad).

-Recientemente vi Sommeren ’92. Me sorprende descubrir que tu música también está presente en la banda sonora de esa película. Incluso fuiste convocado para componer el sonido de notificación de cuatro tonos del Ferrocarril Estatal Danés. ¿Sos uno de los músicos más eclécticos de Dinamarca?
-Ésta es la belleza del cine: de repente, descubrís que alguien en Argentina está viendo una película danesa. Eso es tan asombroso. Bueno, es cierto que he hecho muchas cosas diferentes pero eso viene con la edad, supongo, después de haber jugado con la música de todas las formas imaginables durante 30 años. Aparte de sentir mucha curiosidad por todo lo que aún no he probado, he sido bendecido con mucho interés por lo que hago. Como dicen, el talento es bueno pero no se llega a ninguna parte sin suerte…

-Este año falleció Ennio Morricone, icono de la música de películas. De Argentina surgió Lalo Schifrin, a quien tuve el placer de entrevistar en 2017. ¿A quiénes admirás en el género?
-Probablemente Lalo Schifrin sea el que más admire, junto con Morricone y muchos otros. En realidad, es una lista larga, pero Schifrin es especial para mí. Todavía escucho su trabajo para películas como Bullitt o Dirty Harry, ya que son muy inspiradoras, frescas y completamente libres. Claramente esculpió su propio estilo allí, mezclando jazz, fusión, clásica y el extraño sitar a su manera distintiva y sin esfuerzo. Más tarde me enamoré de la banda británica Portishead, sólo para descubrir que construyeron parcialmente su fama en su canción Danube Incident… Oh, man… Hace mucho tiempo crecí con The Persuaders, la serie que se debe casi todo a los títulos principales creados por John Barry. Creo que lo que me entusiasmó de todos ellos fue la forma en que fusionaron la energía del rock con la música artística.

-Lalo Schifrin nos contó que tuvo una mala experiencia con William Friedkin, quien le rechazó la banda de sonido de El exorcista. ¿Te pasó alguna vez que una composición no gustó o no lograste interpretar lo que te pedían?
-Probablemente sea más común de lo que crees, a veces porque el director tiene dificultades para explicar lo que quiere, en ocasiones porque simplemente no lo sabe todavía y lo que hacés como compositor es seguir tirando cosas a la pared hasta que algo se pega… Es la bendición y la maldición de trabajar con música de cine: es enormemente frustrante no poder precisar lo que requiere una determinada escena y enormemente satisfactorio descubrirla finalmente y resolver el problema. ¡Creo que esta fricción es en realidad la principal atracción de nuestro trabajo!

-Los argentinos solemos evidenciar a menudo escasa madurez en determinadas conductas, tanto que a veces nos justificamos a nosotros mismos aceptando que “no somos Suecia o Dinamarca”. ¿Qué destacarías como virtud y qué como defecto de la sociedad danesa?
-(Risas) ¡Me gusta eso! No, afortunadamente no son como nosotros, con todos nuestros falsos muebles minimalistas de abedul, nuestro clima sombrío, nuestros suéteres de seda y nuestro estúpido lenguaje, que sólo hablan unos 14 millones de personas en este mundo. Bromas aparte, tenemos una sociedad muy bien pensada, con buenas escuelas públicas, hospitales y atención médica. El llamado sueño americano probablemente sea más alcanzable aquí que en los Estados Unidos, ya que el país tiene una estructura muy “plana”, con un amplio margen para que todos sigan sus sueños sin depender de patrocinadores ricos. ¿Cuál es el defecto aquí? Es difícil de decir, ya que realmente creo que hacemos las cosas de manera correcta. Pero los daneses, aunque cordiales, son un poco difíciles de conocer. Tendemos a ser reservados, quizá temerosos de los extraños. Es una mentalidad de pueblo pequeño.

-Leímos en tu biografía que solés darte baños de hielo. ¿Es una costumbre danesa? Hablanos de sus beneficios.
-Los científicos todavía discuten si la salubridad percibida de los baños de hielo es algo que se puede medir. Aún así, se sabe que impacta en el sistema inmunológico, por pasar de frío helado a caliente. Para mí se siente como lo que hacés cuando te ponen una vacuna: dejás que un poquito de veneno entre en tu sistema para que reaccione y desarrolle inmunidad. Ah, y los baños de hielo te hacen sentir invencible a todo este invierno escandinavo oscuro, brumoso y sombrío. ¡Vení alguna vez a Dinamarca y probalos!

-Una vez que pase esta pesadilla del Coronavirus, ¿te gustaría venir a dar un concierto en nuestro país?
-Sería un sueño hecho realidad. ¡El movimiento del tango y tu cultura son una atracción enorme y mágica!

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