Hernán Casciari: “El infarto fue lo mejor que me pudo haber pasado”

El escritor comenzó una nueva vida en Villa Ortúzar, tras haber sufrido un ataque cardíaco en Montevideo en diciembre de 2015. Imperdible video exclusivo.

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El escritor comenzó una nueva vida en las inmediaciones de Villa Urquiza. Tras haber sufrido un ataque cardíaco en Montevideo en diciembre de 2015, el autor de la exitosa “Más respeto que soy tu madre” dejó Barcelona tras 15 años y se instaló en Villa Ortúzar, a muy pocas cuadras de Los Incas y Triunvirato. En diálogo intimista, nos cuenta cómo esa angustiante experiencia se convirtió en el motor de un cambio.

 

Por Agustín Gallego
agallego@periodicoelbarrio.com.ar

 

A pocos metros de llegar a la casa de nuestro entrevistado, una vecina nos increpa desde atrás de una reja para indagar quiénes somos y qué buscamos. El efecto es verdaderamente magnífico: esta mujer octogenaria parece ser el cancerbero de este rincón de Villa Ortúzar y de su famoso morador. “Tiene una voz idéntica a la de Chichita, mi mamá”, dice cómplice Hernán Casciari, mientras nos abre la puerta de su nuevo hogar para charlar y disfrutar de unos buenos mates. Todo lo que rodea a este reconocido escritor, de 44 años, es tan atractivo que produce la sensación en los visitantes de estar dentro de uno de sus cuentos.
Su llegada a nuestros barrios no ha sido, por cierto, la única. Sabíamos que tras alejarse a los 18 años de Mercedes, el lugar donde nació y vivió su infancia y adolescencia, él se había instalado en Villa Urquiza justo cuando el país se hundía en la hiperinflación alfonsinista. “Cuando terminamos el secundario, los que vivimos en los pueblos estamos desesperados por venirnos a Buenos Aires. Lo que sucede habitualmente con las familias de clase media, con padres que alquilan un departamento a sus hijos, en mi caso se frustró por la situación económica que atravesaba el país”, dice el escritor, quien cuenta que al no haber tantas opciones se hospedó junto a su amigo Chiri (Christian Basilis) en la casa de una señora ubicada en la calle Álvarez Thomas. “Ella andaba mal de plata y nos alquilaba una pieza sin ganas de tener inquilinos y nosotros vivíamos en ese lugar sin ganas de tener locadora in situ”.
Casciari vivió los últimos 15 años en Barcelona y, de regreso, advierte con humor cómo ha cambiado el paisaje del barrio con el paso del tiempo. “En mi época no había locales de Farmacity, ¡ahora hay bocha! El Teatro 25 de Mayo hoy está abierto. Me encontré también con dos estaciones nuevas de subte: Los Incas y Tronador. Cuando me fui terminaba en Federico Lacroze. Esto lo vi con bastante tristeza, porque no concibo que en 15 años hayan hecho solo dos estaciones de subte. Debería haber llegado a San Isidro o al menos hasta la General Paz”.

Barajar y dar de nuevo
“El argentino que quiere ser uruguayo infartó ayer en Montevideo”. Así informó a principios de diciembre del año pasado el diario El Observador, de Montevideo, la sorpresiva internación del escritor y periodista Hernán Casciari en el Hospital de Clínicas y la aplicación de un stent cardíaco. Autor de libros como Más respeto que soy tu madre y Messi es un perro, Casciari es además el responsable del blog Orsai. Fue en un post donde contó en primera persona la situación crítica que le tocó vivir. Allí el escritor relató cómo fue que dos uruguayos –Javier y Alejandra– lo recibieron en su casa del barrio Prado durante sus vacaciones en Uruguay y cómo fueron los primeros minutos en los que un dolor agudo se instaló en su pecho.
Lo cierto que nadie es el mismo después de un infarto. Casciari nos cuenta sobre el volver a vivir y el cambio hacia un estilo de vida más saludable. “Hay cuatro cosas que son muy fuertes. La primera fue dejar el tabaquismo. Para mí es tremendo cambio. Salvo cuando me bañaba o dormía, no podía estar sin fumar. Era un tema que estaba adentro de la cabeza todo el tiempo. Buscaba estrategias para hacerlo: por ejemplo, si tenía que ir a un restaurante, buscaba alguno que tuviera mesas afuera. Después el tema de la comida: qué comer y cuándo comer. Siempre fui muy caótico en ese sentido y al mismo tiempo me importaba muy poco. El sedentarismo también cambió. Estaba todo el tiempo sentado haciendo mis cosas. Y el último aspecto es la nocturnidad. Esos son los cambios: no fumar, comer sano, salir a caminar y despertarse temprano. Si te dicen que eso te va a dar treinta años de luz a futuro, adoptar esas conductas no es difícil”.

 

 

Muchos de los males de hoy son factores de riesgo coronario, como el tabaquismo, la hipertensión arterial, el estrés y el sedentarismo. Sin embargo, para el escritor fueron causas externas psicológicas y sociales las que constituyeron la verdadera carga del infarto que le dio en Montevideo. “No me pegó bien sentar cabeza y entonces digamos que me deprimí”, admite Casciari. Y sigue: “Me hizo mal estar tantos años en España. Fue como una resignación. Con el tiempo me fui dando cuenta. Hace cinco años ya estaba consciente de eso pero no hacía ningún cambio porque me daba culpa por tener una hija y querer que ella terminara su crianza. Eso me parecía más importante que yo mismo. Empecé a fantasear con volver cuando Nina, mi hija, me empezó a plantear ella misma que había cosas que no estaban bien. Ahí comprendí que ella ya era autosuficiente, que podía darse cuenta de las cosas”.

-Tal vez la naturaleza te haya dado el empujón que faltaba para que tomaras la decisión de encarar un cambio de vida…
-Sí, sin duda. Pienso, de verdad, que el infarto fue lo mejor que me pudo haber pasado. ¿Viste que todos los 31 de diciembre a la noche tenés ciertas promesas internas para vos mismo? Un infarto es como un 31 a la noche, pero bestia. Un infarto es un 31 en serio: las promesas se tienen que cumplir sí o sí. Todos los 31 decimos lo que vamos a hacer durante el año que comienza. Decimos siempre lo mismo: que vamos a encarar una dieta, que vamos a dejar de fumar y que vamos a empezar a hacer actividad física. El infarto tiene una fuerza colosal: si no te morís es bárbaro.

Casciari nos comenta lo difícil que es atravesar un evento coronario agudo en un país que no es el propio, en medio de un momento personal particular: se había separado de Cristina, su mujer, después de 15 años.

-¿Cuál sería el adjetivo que elegirías para definir el momento actual tras el infarto?
-Aunque suene literario, tengo la sensación de haberme insertado en un mundo paralelo. Siento que estoy viviendo la vida del que hubiera sido yo si no me hubiera ido a España en el 2000. Soy escritor y actor y estoy viviendo en pareja en una casa en Villa Ortúzar. Todo pasó en cuatro meses. O sea, cuatro meses atrás yo era otra persona. Antes del infarto era un escritor gordo y sedentario que vivía en España. La trama cambió de un día para el otro. Ahora soy un tipo más flaco que camina a la mañana, que vive de día, que convive con una pendeja y que es actor.

-Sería una trama desconocida que se desarrolló en forma paralela a tu vida en España…
-Y que por esa razón cuando me subo al escenario no tengo pánico, porque supuestamente hace muchísimo que lo hago. O con esa chica que hoy es mi pareja siento que hace mucho que estoy, lo mismo en esta casa o este barrio.

-¿Hay en todo esto un déjà vu?
-Claro, más que un déjà vu es la sensación de cotidianidad que no te da lo flamante.

Tal como sucede con muchos otros padres, Casciari vive en la lejanía la relación con Nina, su hija preadolescente que reside en España. Sin embargo, se las arreglan para mantenerse unidos y la tranquilidad de poder escuchar esa voz usando herramientas como Skype, por ejemplo, facilita un poco las cosas.
Así cuenta su experiencia acerca de este vínculo de dialogo cargado de significado que no da lugar a sobreentendidos: “Por más depresión que me hubiera generado estar en España, si yo no hubiera tenido la seguridad de un pasar económico que me permitiera hacer viajes para ver a mi hija no me habría separado. Eso está clarísimo. Desde esa tranquilidad que me da saber que nos vemos cada dos meses, el Skype me ayuda a tener comunicación diaria. No es una comunicación nostálgica, porque nos vemos físicamente seguido. Hay una comunicación de cotidianidad. Si el pasar económico solamente me permitiera un viaje al año, sería una comunicación nostálgica y realmente no hubiera tomado esa decisión. No me la bancaría. Ya no sería perderme su educación, sino la cotidianidad. Ella es una persona inteligente, con la que se puede hablar de cosas incluso muy profundas. Y me ayudó un montón en la decisión que tomé”.

Casciari 2

Entre el teatro y la radio
Los especialistas que estudian las enfermedades coronarias observan que con el infarto también llega la depresión. Pero, como toda regla, siempre se encuentra la excepción. Es que Casciari no tiene tiempo para eso y, en marzo pasado, debutó en teatro con su espectáculo Un obra en construcción. Se trata de un show tan extraño que músicos y actores de renombre como Mercedes Morán, Mario Pergolini y Diego Peretti, entre otros, suben a escena para interpretar algunos relatos con él; hasta la propia madre del autor actúa de sí misma. La creación se ha convertido en un éxito de taquilla y acaba de salir sale de gira por las principales ciudades del país. El escritor también tiene su lugar en la radio: los martes participa de “Perros de la calle”, el programa que conduce Andy Kusnetzoff en Radio Metro.

-El año pasado, en una entrevista, nos contabas que no tenías otro berretín que el de la escritura. ¿Por qué ahora es tan fuerte tu interés por el teatro?
-No sé si lo que realmente me interesa es la actuación. Yo me lo pregunto también, pero me parece que no es la actuación lo que me interesa sino contar cuentos en voz alta. De hecho, yo no actúo. Me he subido a escenarios anteriormente: escenarios formales, académicos, la feria del libro, universidades. Al principio me daba muchísimo pánico. La primera vez que me subí a un escenario fue cuando me invitaron a dar una charla de TED en Buenos Aires. Sigo siendo un tipo que se asusta. Lo que tenía que decir en ese TED o lo que se pretendía que dijera tenía más que ver con dar consejos o lecciones de vida. Lo que hago ahora es leer mis cuentos. Yo con mis cuentos me llevo bien. Son como compañeros que van adelante mío y me preservan.

-En uno de tus cuentos, te describís como un hombre que en las fiestas de casamiento se queda solo, sentado a una mesa del fondo. ¿Tenés esa misma fobia al subirte al escenario?
-Sí, pero en este caso puntual estoy cebado. Estoy atento, pienso en esto. Para mí el teatro es un proyecto muy importante. Subirme a un escenario para contar cuentos me está ayudando un montón para en un futuro escribir teatro. Entender los silencios, los mutis, ponerse en los zapatos del actor a la hora de escribir los parlamentos es mucho mejor si haces una incursión que si no la hacés. Por ejemplo, si vas a escribir una novela que transcurre en África es mejor haber estado allí que no haber estado. Tengo clarísimo que estoy aprendiendo mucho. Cada vez que me subo al escenario aprendo algo nuevo.

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