Huellas del pasado urbano

El
paso del tiempo ha borrado muchas marcas, pero la historia todavía se puede
apreciar en el trazado de la ciudad y sus barrios. Algunas calles de Buenos
Aires poseen incomprensibles formas y, si bien algunas pueden parecer
caprichosas, casi siempre tienen un sentido y muchos recuerdos para contar.

El paso del tiempo ha borrado muchas marcas, pero la historia todavía se puede apreciar en el trazado de la ciudad y sus barrios. Algunas calles de Buenos Aires poseen incomprensibles formas y, si bien algunas pueden parecer caprichosas, casi siempre tienen un sentido y muchos recuerdos para contar.

Buenos Aires, como cualquier otra urbe del mundo, ha dejado marcada a través de su historia las huellas del pasado, no sólo en la arquitectura sino también en la traza urbana. Trataremos de descubrir cuáles son esos vestigios que pasaron por nuestros barrios y aún persisten en la retícula porteña. Despejaremos en cada señal y cada frase la bruma del tiempo, para poder ver con mayor claridad de qué se tratan estos recuerdos.

Desde el centro hacia la periferia, Buenos Aires fue desarrollándose y cambiando de forma. Las ciudades son el resultado de múltiples decisiones que se van tomando a lo largo de la historia. Cada medida que se lleve a cabo alterará la naturaleza del espacio y, por más que volvamos hacia atrás, toda intervención deja su impresión.

Vestigios del pasado

Hay cuestiones urbanas que ya no se pueden apreciar. Por ejemplo, vale recordar que la Plaza de Mayo en sus orígenes estaba dividida en dos partes por una recova que diferenciaba la Plaza del Fuerte de la Plaza de la Victoria. Hoy solamente la podemos ver en fotos, ya que fue demolida en 1884 con la apertura de la Avenida de Mayo y no ha quedado ni un pequeño rastro de esta obra. Así, podríamos enumerar infinidad de lugares que han desaparecido de la faz porteña sin dejar vestigio alguno. En ocasiones no existen ni documentos fotográficos.

A diferencia de esto, tenemos el ejemplo de la Aduana de Taylor o Aduana Nueva, la cual ha dejado su impronta en el centro porteño. Fue el primer edificio que ocupó terrenos ganados al río y estaba emplazado detrás de la Casa de Gobierno. Del mismo aún se conservan sus sótanos, que dieron paso al Museo del Bicentenario. El delineado curvo del edificio se puede apreciar en el semicírculo del parque, que hasta hace poco tiempo estaba ocupado por el controvertido monumento a Cristóbal Colón.

Un lugar que aún conserva las formas del pasado es la Plaza Dorrego, en el barrio de San Telmo. Este espacio urbano, denominado en sus orígenes como Altos de las Carretas, fue el primer hueco que se conformó en la ciudad. Se trataba de espacios urbanos generalmente abandonados, muchos de los cuales se usaban para tirar la basura o como parada de las carretas que transportaban mercadería. Generalmente esos solares luego se transformaban en plazas y este lugar corrió la misma suerte. Aún se conserva la morfología del hueco, donde actualmente se encuentra la Plaza Dorrego.

En sus orígenes, donde hoy está la Casa de Gobierno, previamente se ubicaba el Fuerte de Buenos Aires. En el mismo predio de un lado se construyó la Casa Rosada y del otro el edificio del Correo. Entre medio quedó un callejón a cielo abierto, poco útil, que fue adoptado como una especie de basural. La remodelación y ampliación de la sede de gobierno, en manos del arquitecto Buschiazzo, fue lo que llevó a la unión de los dos edificios. Esa amalgama edilicia, donde se encontraba el viejo callejón, hoy queda reflejada en el arco de entrada y pasillo de acceso de la calle Balcarce.

Las huellas de las viejas necrópolis fueron transformadas en plazas y parques y quedaron vaya a saber cuántas historias debajo del verde césped. Así sucede con parte de la manzana comprendida por las calles Hipólito Yrigoyen, Pasco y Pichincha, sin llegar a la calle Alsina, donde actualmente se encuentra la Plaza 1° de Mayo. A mediados del siglo XIX se había instalado allí el cementerio de los disidentes, que funcionó hasta 1891. Lo mismo sucede con el Parque los Andes, cuya silueta urbana responde a lo que fue el primer cementerio del oeste.

El paso del tren

El ferrocarril abrió fronteras y modificó la naturaleza, como también fue uno de los principales componentes que de alguna forma transformaron el entramado urbano porteño. Varios vestigios de estas transformaciones quedan a la vista en el relieve de nuestra urbe. Un ejemplo es el del Pasaje Santos Discépolo, el cual toma una forma de “S” que, si bien puede parecer caprichosa, responde al tendido originario que tenía el Ferrocarril del Oeste, que partía de la Estación del Parque -hoy Plaza Lavalle- y se extendía hasta Floresta.

El pasaje actuaba como un atajo para el ferrocarril, uniendo las avenidas Callao y Corrientes. En su viaje inaugural pasó por allí “La Porteña”. Hoy este callejón se ha hecho peatonal y guarda esa forma sinuosa tan particular que tuvo desde sus orígenes. También es el resultado del paso del ferrocarril el Pasaje Peluffo en el barrio de Almagro -próximo a la ya desaparecida parada Almagro- cuyo trazado se manifiesta, de igual manera, por la necesidad del paso del tren.

El trazado original del ramal del Ferrocarril al Pacífico, en el barrio de Palermo, determinó la forma actual y el ancho de la calle Cerviño, en el tramo que va desde Ugarteche hasta Juan B. Justo. Allí se construyó el bulevar, que siempre lució elegante, con cierto aire de privacidad. Desde Ugarteche hacia el este la calle tiene un ancho normal y su trazo no está rectificado con el recorrido del bulevar. El hecho de que la arteria tenga anchos diferentes indica que el ferrocarril a la altura de Ugarteche tomaba su tramo recto, el cual continuaba hasta la Av. Juan B. Justo. Es por ello que tanto antes del zoológico, como después de él, la calle tiene una medida atípica.

Huellas barriales

Infinidad de obras del pasado dejaron su impronta en nuestros barrios y aquí intentaremos descubrir alguna. En ediciones anteriores hablamos del Circo de las Carreras, el primer hipódromo que funcionó en Buenos Aires. El ancho de las avenidas Melián, Olazábal, La Pampa y Crámer responden a la traza que tenía el primitivo recinto. Algo similar sucede con la curva que desarrolla la calle Victorino de la Plaza en el denominado Barrio River, la cual evidencia la huella que dejó el ya extinguido Hipódromo Nacional. Una vista aérea de este rincón de Belgrano deja ver con claridad parte de la silueta de la antigua pista de carreras, tomando un sector del estadio riverplatense.

El bulevar San Isidro Labrador es un refugio de la siesta saavedrense y tiene forma de boomerang. Nace en Cabildo y muere en la misma avenida, aparece como resultado de una necesidad de la época, la cual obligó a buscar la mejor manera de atravesar el arroyo Medrano: en sus orígenes se encontraba en forma natural a cielo abierto y era un estorbo para el cruce de carretas. Es así que este tramo, distinto del resto de Cabildo, formó parte del llamado Camino Real, facilitando el cruce hacia el Norte.

El bulevar García del Río debe su ancho y la forma de su recorrido al paso del arroyo Medrano, hoy entubado. Pasando la Av. Cabildo hacia el Río de la Plata, el bulevar cambia su nombre por Comodoro Martín Rivadavia y sigue el meandro de este torrente que pasa por debajo de la arteria, manteniéndose entubado hasta la Av. Lugones. Es el único tramo de estas aguas que se encuentra a cielo abierto hasta su desembocadura en el río.

La Av. Balbín es una gran diagonal que surge como consecuencia de una necesidad de encontrar un camino apto para llegar al norte, ya que el llamado Camino del Bajo no era de lo mejor y lo era menos aún cuando algunos sectores se anegaban después de grandes lluvias. Por otra parte, el Fondo de la Legua, al estar muy apartado de la costa, tampoco era conveniente, lo que llevó a que carreteros y hombres a caballo buscaran un atajo, al que se lo denominó de varias formas: Camino del Tejar, Camino de las Lomas y también Camino del Medio.

Algo similar a la antes mencionada Plaza 1° de Mayo sucede con la forma adquirida por la plaza Marcos Sastre, ubicada en Villa Urquiza. En esta media manzana, comprendida por las calles Monroe, Valdenegro y Miller -hoy transformada en espacio verde- funcionó el primer cementerio que tuvo el antiguo pueblo de Belgrano.

Así podríamos seguir describiendo un sinnúmero de ejemplos en donde las formas urbanas nos están diciendo algo del pasado. Escarbando un poco más profundo bajo las baldosas de nuestros barrios, seguiremos descubriendo nuevas historias: es lo que conocemos como arqueología urbana. Así como si estuviesen guardadas en un arcón de los recuerdos, están ocultas muchas historias de nuestros barrios. Algunas dejaron parte de sus huellas a la vista.

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