INFIERNO EN LA TORRE

A quince años del incendio de la Clínica Neuropsiquiátrica Saint Emilien

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(Edición del Mes: 4 Año: 2000 )

A quince años del incendio de la Clínica Neuropsiquiátrica Saint Emilien

Adrián Alauzis

A quince años del incendio de la Clínica Neuropsiquiátrica Saint Emilien

INFIERNO EN LA TORRE

El 26 de abril de 1985, cerca de las 21, se desató en Saavedra el incendio más terrible que se registre en la Argentina. Esa noche la Clínica Neuropsiquiátrica Saint Emilien ardió en llamas, produciendo 78 muertos y 192 heridos. Se buscaron responsables, pero la causa se cerró sin hallar culpables pese a que el establecimiento funcionaba en forma ilegal desde 1979. A quince años de la tragedia, reconstruimos lo sucedido.

Por Adrián Alauzis

El viernes 26 de abril de 1985, alrededor de las 21, se desató en Saavedra el incendio más grave que registre la cronología de tragedias de este tipo en la Argentina. Con un saldo de 78 muertos y 192 heridos se trata de uno de los sucesos más dramáticos ocurridos en nuestro país. Fue en la Clínica Neuropsiquiátrica Saint Emilien, ubicada en Crisólogo Larralde 3990, entre Estomba y Rómulo Naón. El fuego se inició en el tercer piso y se propagó rápidamente a las demás dependencias. Un hecho desafortunado como ese se convirtió en una catástrofe por una suma de factores. Tratándose de un centro psiquiátrico, algunos pacientes habían sido dormidos con sedantes como parte de su tratamiento y no pudieron huir de las llamas. Otros hallaron las puertas de seguridad de sus habitaciones cerradas y no pudieron atravesarlas por sus barrotes. Lo mismo ocurrió con algunas ventanas. Las víctimas quedaron así a merced de las llamas y de los gases. Los que no murieron calcinados encontraron su fin por asfixia.

Casi todas las ambulancias disponibles de los hospitales metropolitanos fueron puestas a disposición para completar el rescate de los heridos y para el traslado de los cuerpos. Las escenas que se sucedían eran patéticas y morbosas. Los vecinos acudieron a la zona cuando oyeron un helicóptero sobrevolar sus casas por un tiempo demasiado extenso. Al salir a la calle se encontraron con el enorme edificio en llamas, escupiendo fuego por las ventanas que habían estallado a causa del calor. Los bomberos cortaron la luz, por lo que la escena estaba mórbidamente iluminada por las sirenas de bomberos y policías, por los reflectores de los helicópteros y por las danzantes luces rojizas de las llamas. Debido a la gravedad de lo que estaba sucediendo, la policía decidió cercar la zona. No fue una mala idea, ya que muchos de los vecinos que acudían al lugar tenían algún familiar dentro de la clínica. En el momento de la tragedia se encontraban allí internados unos 410 pacientes.

Escenas del terror

Los atónitos observadores del incendio vieron cómo una enfermera de la clínica, Beatriz Bustos, de 34 años, se arrojaba por una ventana del tercer piso para escapar de las llamas. Iba envuelta en un colchón. La joven encontró la muerte por el impacto de la caída. También los internos pretendían huir arrojándose desde las alturas. Un gran número de bomberos, con las mangueras de alta presión, escaleras mecánicas y un hidroelevador, luchó por controlar el fuego. A la medianoche hicieron el primer intento de ingresar al lugar, pero aún las llamas dominaban el interior. Cuando dos horas más tarde pudieron realizarse los rescates, los bomberos se encontraron con un panorama tétrico: cuerpos calcinados, un edificio consumido y habitaciones cerradas con trabas y barrotes. Algunos de los rescatados intentaban escapar de las manos de sus salvadores para internarse nuevamente en el infierno, creyendo que en sus habitaciones estarían más seguros.

El propio superintendente de bomberos de la Policía Federal, el comisario general Luis Manuel López, manifestó que una de las grandes dificultades que tuvieron que enfrentar para el rescate fue justamente el tipo de pacientes que alojaba la Clínica Saint Emilien. Durante el salvataje, y debido a la gran confusión reinante, se perdió el contacto con muchos internos, los que habían huido o se habían refugiado en casas particulares. La policía instó, más tarde, a declarar la situación de las personas para poder confeccionar una lista de víctimas. Tras el vallado se oían gritos de dolor y de euforia, estos últimos cada vez que se leía el nombre de algún paciente que se hallaba internado en un hospital y fuera de peligro. Al mismo tiempo, la desesperación de los que no oían el nombre de sus seres queridos iba creciendo rápidamente. Uno de los bomberos, que actualmente trabaja como plomero, declaró que jamás olvidará el momento en que ingresó a la clínica. Con una lámpara en la mano, encontró a personas calcinadas atadas con cadenas a sus camas. Recuerda que al salir tenía la ropa mojada, supuestamente con agua; sin embargo, cuando llegó a su casa se persuadió de que era suero y sangre lo que empapaba sus prendas.

Muy pronto, tanto las dotaciones de bomberos como los hospitales entraron en estado de alerta ante la crítica situación. Los primeros evacuados encontraron asilo en la Parroquia Santa María de los Ángeles. Finalmente, los heridos fueron trasladados y distribuidos en el Instituto del Quemado, en los hospitales Pirovano, Alvear, Borda, Piñero, Fernández, Pena y Ferroviario, en las clínicas Lanús, Morón, San Martín y San Cristóbal y en el Sanatorio Norte. A las cinco de la madrugada del sábado 27 de abril los bomberos comenzaron a retirar los cadáveres de las víctimas, la mayoría de ellos carbonizados. Los cuerpos fueron trasladados en un móvil de la Dirección General de Asuntos Judiciales de la Policía Federal hacia la morgue, ubicada en la avenida Córdoba y Junín. La tarea fue supervisada por el juez de primera instancia en lo criminal, Dr. Víctor Petiggiani, quien tomó a su cargo el sumario del hecho. Por disposición del Dr. Raúl Alfonsín, entonces presidente de la Nación, el ministro de Salud y Acción Social, Dr. Aldo Neri, y el secretario de Salud Pública y Medio Ambiente de la Comuna, Teodoro Puga, recorrieron ese mismo sábado todos los hospitales y clínicas a donde se habían derivado a los pacientes.

Sospechosos y culpables

La primer acusación respecto del posible causante de la tragedia la realizó, en esos mismos días, un empleado de la clínica que se mantuvo en el anonimato. Según él, Carlos Enrique Braga, un paciente de 19 años apodado Chapita, habría sido el que comenzó el fuego. Relató que el individuo ya había protagonizado un hecho de las mismas características ocho meses atrás, cuando intentó quemar la sala de terapia intensiva y provocó heridas a cincuenta personas. Emiliana Braga, la madre del joven oligofrénico, había soñado la noche anterior con la muerte de su hijo. Lo contó a su marido y este la calmó. “Dos veces intentó quemar la clínica”, explicó a “La Nación” la señora Braga, aunque aclaró: “Pero él no fue el causante de la tragedia; al parecer, Carlos estaba tomando mate con otros pacientes cuando se declaró el incendio y, en medio de la batahola infernal, rescató a una mujer que se llama Gloria".

El caso se tornó más complejo y escurridizo. Según consignan los periódicos de la fecha, por ejemplo “Clarín” del sábado 27 de abril de ese año, “el director del instituto, Dr. Omar Del Azar, confirmó que en momentos de producirse el fuego había internados 410 enfermos”. Sin embargo, frente a la investigación de la periodista de “La Nación” Laura Zommer, publicada en ese matutino en 8 de agosto de 1999, el médico negó haber sido el director médico de la clínica y pidió que su nombre no fuera mencionado. Dijo textualmente: “Lo único que le digo es que se olvide de esto. Son cosas que me hicieron bastante mal. No tengo ningún interés en hablar. Fue una tragedia”. Los demás involucrados evaden el tema o simplemente no se los encuentra.

La causa

Luis Manuel López, el superintendente de Bomberos, aclaró entonces que si el establecimiento poseía o no la habilitación pertinente en lo que hace a la seguridad de los internos “no es competencia de los bomberos sino un tema atinente a la Municipalidad”. Hasta 1980 existía una disposición que obligaba a este tipo de institutos a gestionar un permiso del Cuerpo de Bomberos, que -previo a la habilitación- debía llevar a cabo una rigurosa inspección. Pero esa norma ya no tenía vigencia para 1985, cuando sucedió el hecho. La ex Municipalidad omitió clausurar la clínica antes del incendio, tal como lo sugería un informe presentado veinte días antes. Según el fallo de la Cámara Civil y Comercial Federal, el incendio se debió a notorias deficiencias edilicias de la clínica. Había poca iluminación, sobreabundancia de camas y faltaba ventilación en el subsuelo. Se habían labrado 46 actas en seis años.

En uno de los fallos posteriores a la tregedia se afirma que el edificio se encontraba en situación irregular desde 1979. Otro de los elementos curiosos del caso es que, a pesar de haber muerto 78 personas, no más de veinte iniciaron una causa judicial; los demás arreglaron con la clínica o no hicieron el correspondiente reclamo. Entre los casos favorables se encuentra el de Susana Escasany, entonces de 57 años, paciente fallecida durante el incendio e internada por un cuadro de depresión. El 25 de junio de 1999, el juez civil y comercial Raúl Tettamanti y los camaristas Francisco De las Carreras y Jorge Pérez Delgado concluyeron que la Clínica Neuropsiquiátrica Saint Emilien y la Obra Social para el Personal de los Ministerios de Salud, Trabajo y Seguridad Social, junto con la ex Municipalidad de Buenos Aires, resultaron culpables por la muerte de Susana Escasany. La justicia estableció una suma en concepto de indemnización de 158.000 pesos para los tres hijos (60.000, 50.000 y 48.000 respectivamente).

Quince años

La repercusión de la catástrofe de la Clínica Saint Emilien se hizo notar en todo el mundo. El mismo sábado del incendio el Papa Juan Pablo II envió un telegrama al cardenal primado de la Argentina, Juan Carlos Aramburu, donde expresó: “Al recibir la noticia del trágico incendio ocurrido en una clínica psiquiátrica de esa Capital, que ha causado tan numerosas víctimas y heridos, el Santo Padre expresa los sentimientos de su más viva solidaridad y participación en el dolor de tantos familiares afectados y al mismo tiempo ofrece sufragios por el eterno descanso de los fallecidos…”.

El 26 de abril se cumplirán exactamente 15 años del peor incendio registrado en la Argentina. La causa penal se cerró sin responsables. El expediente instituido por el juez Víctor Petiggiani prescribió por el paso del tiempo. La propia Corte Suprema confirma que esto se debió a la inacción de los funcionarios judiciales.

La Clínica Saint Emilien cambió de nombre luego de la catástrofe. Funcionó hasta el 31 de agosto de 1997 como el Instituto de la Familia Monseñor Bufano. Hoy está vigilada. En su interior trabajan obreros para refaccionarla y, según la palabra de uno de ellos, muy pronto será reabierta…

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One thought on “INFIERNO EN LA TORRE

  1. Tengo presente esa noche de la terrible tragedia, debido a que un hermano se hallaba internado en la misma, luego de los momentos de angustia en la búsqueda del mismo, mi informar que no había tenido problemas y trasladado a otro centro de salud. Lamento profundamente lo ocurrido con el resto de las víctimas y heridos, Que en Paz Descanse .

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