José Ignacio García Hamilton

En coincidencia con la conmemoración del Día del Maestro, dialogamos con el autor de Cuyano alborotador, un libro sobre Domingo Faustino Sarmiento.

(Edición del Mes: 9 Año: 1999 )

En coincidencia con la conmemoración del Día del Maestro, dialogamos con el autor de Cuyano alborotador, un libro sobre Domingo Faustino Sarmiento.

José Ignacio García Hamilton

“SARMIENTO SIEMPRE ESTABA TRAYENDO IDEAS NUEVAS”

En coincidencia con la conmemoración del Día del Maestro, dialogamos con el autor de Cuyano alborotador, un libro sobre Domingo Faustino Sarmiento. José Ignacio García Hamilton define al biografiado como un innovador que luchó contra el autoritarismo. También recuerda a su Tucumán natal, a la que define como un paraíso.

Por Daniel Artola

-¿Cómo fueron sus orígenes?

-Mi padre era el director y unos de los propietarios de La Gaceta de Tucumán, así que yo prácticamente nací en un diario. Para mi no había nada más grato de chico que ir a buscar a mi padre a la redacción. Mientras cursaba la escuela primaria logré trabajar en el diario. El jefe de la sección publicidad me pagaba de su bolsillo veinte pesos para que corrigiera los avisos. Mi vida está ligada a la noticia, me corre por las venas. El otro día, cuando entré a la Casa de la Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde funcionara La Prensa, sentí el olor a tinta y hubo algo en mí que renació. En los años duros de la dictadura suplí la imposibilidad del periodismo con la docencia en la Universidad de Buenos Aires. Y allí surgió mi vocación de escribir libros.

-Además, usted es abogado.

Mi padre no quería que yo entrara al diario porque decía que la actividad es muy absorbente. El tenía su aspiración de tener el hijo doctor, como todo argentino de aquella época. Le di el gusto y me recibí de abogado, pero mi verdadera vocación era el periodismo. Hasta que en 1975 me tuve que venir de Tucumán por las circunstancias difíciles que se vivían.

-¿Cómo llega la historia a su vida?

-Hice un doctorado en Historia del Derecho. Hablar del pasado es hablar del presente. La historia permite expresar ideas. Tengo un ensayo sociológico, El autoritarismo latinoamericano y la improductividad, que es una explicación sobre lo que ocurrió en nuestro país -la guerrilla y el terrorismo de Estado- durante la década del ’70. En la escuela me habían enseñado que nuestro país había nacido a la luz de las ideas republicanas de Montesquieu, de Rousseau, de la revolución norteamericana. Entonces me pregunté de donde salió esta violencia que nos envolvió a todos. Concluí que había que buscar en la etapa colonial. Creo que allí se elaboró una etapa de absolutismo político e incumplimiento de la ley, de intolerancia religiosa con privilegios. Que formó una base cultural que la generación de 1810, la del ’37 y la del ’80 intentaron superar con ideas republicanas. A mi juicio, esa vieja cultura resurgió en este siglo.

-La idea de Sarmiento de civilización o barbarie, que algunos sectores rechazan, ¿sigue vigente?

-Esta dicotomía existe aún después del regreso a la democracia. Existe en el interior de cada uno de nosotros. Porque el autoritarismo es algo muy arraigado. Nadie puede decir este partido es autoritario y este no. O que los militares son autoritarios y los civiles democráticos. Eso no es así. La historia de Latinoamérica es la construcción de una sociedad democrática. Sarmiento y Alberdi fueron los grandes ejemplos de quienes más hicieron para destruir esa cultura colonial. Tuvieron la fuerza de criticar y modificar la sociedad de sus padres. Lograron pasar a una sociedad con división de poderes, de una sociedad con odio racial, a recibir extranjeros. Del estatismo económico se pasó a un sistema de libertad de comercio y de cultos.

-¿Cuáles fueron los motivos del enfrentamiento entre Sarmiento y Alberdi, si coincidían políticamente?

-Yo creo que Sarmiento tuvo celos de Alberdi porque no pudo tener acceso al colegio de Ciencias Morales y a la Universidad. Esto le generaba a él un gran encono contra los doctorcitos de Buenos Aires. También Alberdi era un seductor con las mujeres y Sarmiento no. Recién de adulto tuvo historias amorosas.

-¿Para Sarmiento el autoritarismo estaba representado en los españoles y en el gaucho?

-Lo expresaba sobre el español. El rechazaba más que al gaucho al caudillismo. Esto de seguir a un hombre y no a las ideas. El veía la barbarie en Facundo Quiroga o en Juan Manuel de Rosas, por ejemplo. El caudillismo permitía el bandidaje, el pillaje, la mazorca que ejercía el terrorismo de Estado. La Junta militar de Videla tiene su antecedente en los mazorqueros. Su lema era Viva la Santa Federación, Mueran los Salvajes e Inmundos Unitarios. Después de 1853 comenzó a funcionar la Constitución que, con imperfecciones, puso al país en un esquema de respeto a la ley. Sarmiento quería que el gaucho recibiera educación. Es mentira que lo despreciaba.

-¿Sarmiento era un provocador profesional?

-En Chile le dicen cuyano alborotador. Porque donde él estaba había polémica en todos los ámbitos: en el lingüístico, en el político y en el literario. Siempre estaba trayendo ideas nuevas.

-¿Es difícil encontrar documentos históricos?

-No es fácil, pero sin embargo los hay. Para mi libro sobre Alberdi encontré material en la Estancia Los Talas, que se encuentra cerca de Luján y Navarro. Allí se guardan 7.800 cartas de Alberdi. En el caso de Sarmiento hay cartas en el Museo Sarmiento. Y en el archivo Mitre hay cartas que hablan de sus desavenencias conyugales. Yo uso mucho la correspondencia porque ahí está la sangre del individuo.

-¿Cómo era la personalidad de Sarmiento?

Era un hombre impetuoso, irascible, con salidas geniales y una gran capacidad de expresión.

-¿Alguna vez le perdonó algo a un protagonista de sus obras?

-No, en ese sentido no quiero hacer una historia mítica. Al contrario, trato de humanizar al biografiado. Cuando hay miserias las pongo.

-¿Como sociedad aprendemos del pasado?

-A veces pienso que deberíamos mirar más para atrás. Cuando se permitió a Menem que reformase la Constitución fue un retorno al absolutismo político.

RECUERDOS DE PROVINCIA

-¿Siempre vivió en Florida?

-Llegamos a Buenos Aires en el año ’75 de Tucumán, después de haber estado preso. Porque fundé un diario que se llamaba El Pueblo; para la guerrilla yo era un oligarca y para el terrorismo de Estado que empezaba en ese tiempo con Isabel era un pro-guerrillero. Vivimos en Palermo en la etapa de exilio interno, que recuerdo como un infierno por las persecuciones políticas, la mala situación económica y la dictadura. En el ’80 vinimos a esta casa, donde recuperamos la vida de provincia. Hay un poeta que hizo un verso se llama “A una casa de tucumanos en Buenos Aires”. De alguna manera recreamos ese espíritu. Pero aclaro que el sol tucumano y el aire no son reproducibles.

-¿Y algún sabor de su tierra?

-Las empanadas, los tamales y el queso de Tafí del Valle hay que probarlos allá. Aquí tienen otro gusto.

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