Juan Roleri: “El arte actúa como un escape ante tanta angustia”

Es un joven pianista y vecino de Villa Pueyrredon. Apasionado por la música académica, conduce un programa en Radio Nacional Clásica y también un podcast del Ministerio de Cultura. Compartimos un texto de su autoría que reflexiona sobre el momento que estamos atravesando.

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Por Juan Roleri
@juanroleri
www.unclasico.com

Vivimos un contexto de pandemia muy difícil. Pasamos tiempo sin salir de casa, algunos con rutinas rotas, otros con burbujas pinchadas, pero en general lo que reina es la angustia. Mucha angustia. Lo que les propongo en esta nota no es una solución, más bien lo que quiero es contarles una experiencia personal para utilizar como ejemplo y así lograr un escape a tanta tristeza. Démosle un mimo al alma, hagámosle una caricia al espíritu: consumamos arte. Para eso busquemos lo que más nos apasione: puede ser ver una pintura de Miguel Ángel, escuchar música (desde una sinfonía de Beethoven hasta un buen tango), buscar en Google las esculturas de Antonio Canova, los dibujos de Da Vinci o un grabado de Durero.

Pero, antes de continuar, me presento: mi nombre es Juan Roleri, soy pianista y difusor de arte. Desde muy pequeño me dediqué a interpretar música clásica y tuve la suerte de establecer los contactos necesarios para estudiar primero en Argentina y luego en Suiza, España e Italia. Más tarde me presenté en salas de todo el mundo: desde Lietchteisten o Madagascar hasta nuestra República Argentina, donde elijo vivir y establecí mis raíces junto a mi pareja en el hermoso barrio de Villa Pueyrredón.

Formado y con experiencias en el exterior, hoy convive felizmente con su novia en Villa Pueyrredón.

En 2017, cuando tenía 28 años, una lesión en mi mano derecha me impidió tocar el piano por cuatro meses. Puede ser poco tiempo, pero para alguien que no concibe su vida sin un piano, cada hora que pasaba era una eternidad. Fue en ese momento de angustia cuando una energía interna me dijo no te quedes quieto: compré un pequeño micrófono y empecé a grabar mis primeros programas del podcast Un Clásico, en donde hablo de lo que sé: música, historia y curiosidades biográficas, en un intento de ser un nexo para aquellos interesados en aprender con la más gloriosa música jamás escrita.

Estos programas no solo fueron recomendados por el diario El Mundo, de España, sino que me permitieron conducir en la Radio Nacional Clásica (FM 96.7) de Argentina el programa En Blanco y Negro todos los lunes de 13 a 14 junto al laureado pianista Antonio Formaro y hasta me abrió las puertas del Ministerio de Cultura de la Nación para conducir junto a Clara de la Rosa En Consonancia, un podcast que grabamos en el Centro Cultural Kirchner en el marco del ciclo Sonido Cultura.

 

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La tristeza se transformó en trabajo, en algo hermoso, y ¿saben qué?: todo fue gracias al arte. El arte, que es mi motor de vida y mi escape a mundos que no son reales, pero que son más lindos que este, plagado de guerras y agresividad entre humanos que somos iguales, aunque muchas veces se nos olvida.

Ustedes, que ahora están leyendo esto: los invito a que busquen en YouTube lascia ch’io pianga y, si no se les pianta una lágrima furtiva, pueden escribirme para reprochármelo. También los invito a que buceen en Google las imágenes de una escultura llamada Hércules y Licas. Si no se quedan con los ojos abiertos por la fuerza que transmite ese pedazo de mármol, pueden unirse a la fila de los desencantados. Me hago responsable.

En un mundo que solo nos ve a los individuos como simples consumidores, ¿sabe por qué me apasiona tanto la cultura? Porque es la única arma de la que disponen quienes queremos resistir al nuevo despotismo del consumo. Esa persona que solo es un numero para el programa de TV de aire, que se preocupa por el rating más que por el contenido. Soy un ferviente creyente de que los hombres y las mujeres no somos solo consumidores. Ante todo, los humanos somos ese hermoso ser que supo escribir la Divina Comedia o Macbeth, los valses o los tangos, que esculpió La Piedad o que retrató Las Meninas. Ese animal hermoso que pintó la bóveda de la Capilla Sixtina o que logró llegar a la descomposición visual de la realidad en un lienzo, en una partitura o en una simple fotografía.

Les propongo huir -al menos por unos minutos solamente- del mundo del marketing y del espectáculo, del mundo del consumismo que nos quiere vacíos, lobotomizados, con el único fin de vender un nuevo producto. Y para esto debemos dar ese famoso salto de la teoría a la práctica: contemplar no es suficiente, debemos actuar.

Por eso cierro esta nota pidiéndoles a ustedes que llegaron hasta aquí que, para descansar del mundo del consumo masivo, para huir mentalmente de esta actualidad tan dura, para despejar pensamientos oscuros, se tomen unos minutos al día (¿5?, ¿10?, ¿60?, los que pueda) para gozar del arte. Eternas, inmortales, bellas, conmovedoras artes.

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