Juan Szafrán se fue del país en busca de un nuevo sueño

Luego de desvincularse de ESPN, el periodista decidió a emigrar a España junto a su esposa. En Málaga instalará, antes de fin de año, un restaurante que le permitirá dedicarse a su otra gran pasión: la cocina.

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Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

A fines de 2016,  luego de que el equipo nacional de Copa Davis levantara la Ensaladera de Plata en Zagreb, una idea inesperada se atrincheró en la mente de Juan Szafrán y ya no hubo forma de desalojarla. En diciembre de ese año, el comentarista de tenis atendió a este periódico en su departamento de la calle Burela, donde vivió desde 1994 hasta ayer. Acaso sin saberlo, de manera elíptica, ese día habló acerca del futuro: “En Villa Urquiza encontré mi remanso. Me costaría mucho irme de acá”.

Hoy es 6 de febrero de 2020 y Szafrán ya no vive más en Argentina. Se acaba de ir del país y su partida tiene todas las características de ser definitiva. Su ausencia en el Abierto de Australia, el primer Grand Slam del año, había llamado nuestra atención. Una llamada telefónica bastó para confirmar que, después de casi 22 años de relación, se había desvinculado de ESPN. Su salida, al igual que la de su histórico compañero de ruta Javier Frana, no fue en buenos términos. En la entrevista que logramos hacerle horas antes del vuelo que lo depositará en España, Szafrán mencionará las palabras “desencanto” y “destrato” para definir los últimos años de su relación laboral.

A los 66, el periodista no vaciló en dejar atrás 46 años de profesión. Su desvinculación poco amistosa del canal internacional de deportes fue la oportunidad de concretar finalmente su otra gran pasión: la cocina. En Málaga instalará su propio restaurante, pero antes trabajará gratis durante tres meses para aprender todos los secretos del negocio gastronómico. En un café de Olazábal y Ceretti, Szafrán invitará dos rondas de cortados y compartirá con entusiasmo los detalles de su viaje.

-¿Por qué te vas del país?
-Hace dos años empecé a vivir situaciones de desencanto en mi marco laboral y lo hablé con mi mujer. Luego de que Argentina ganara la Copa Davis en Croacia, empecé a sentir destrato de ESPN. El canal había cambiado la manera de comunicarse. Hubo falta de tacto de gente joven, que quizás no tiene timing. Yo creo que el respeto lo merecen tanto el cadete que está trabajando hace un año como el máximo director.

-¿Sucedió algo que justificara ese cambio de trato?
Disney, propietaria de ESPN, compró Fox para hacer películas y tener mayores plataformas. En la fusión, por ejemplo, si vos tenés dos directores comerciales uno se va a ir. Pero en mi caso no tuvo que ver con lo económico, sino con las formas.

-¿Era un destrato hacia vos o general?
-No, no era personal. Vuelvo a las formas. Yo trabajé muchos años en Continental y cuando llegó Víctor Hugo Morales con su equipo nos fuimos todos a la calle. Pero de la manera que me lo comunicaron los dueños, les di la mano, me levanté y me fui. Gustavo Yankelevich, de quien aprendí mucho cuando estuve en Telefe, un día nos llamó a Quique Wolff, Daniel Wainstein y a mí para decirnos que se iban a reducir nuestros ingresos por el efecto Tequila, en los años 96/97. Nos reunimos, no aceptamos esa reducción y se levantó el programa. Nos pagó el sueldo durante seis meses y cuando terminó el contrato nos dimos la mano y no hubo ningún problema.

Szafrán charló con el periódico en un café de Villa Urquiza horas antes de emprender su viaje a España.

-Antes de 2016, ¿cómo era tu relación con el canal?
-Muy buena, daba gusto trabajar. A partir de entonces hubo un giro de 180 grados.

-Y empezaste a procesar un cambio en tu vida…
-Sí. Para mí era más fácil la salida de la Argentina porque mi mamá falleció en 2004, mi papá en 2010 y no tengo hermanos.

-¿Influyó que tu único hijo esté en Europa también?
-No, no fue por acercarme a él. Lucas tiene 23 años y está jugando al fútbol en Italia, en lo que sería la Primera C de Argentina, en un club que se llama Breno. Es una filial del Atalanta y, luego de 27 años, en 2019 logró el ascenso. Él tuvo la fortuna de hacer los goles de la final. Se fue hace poco más de un año y medio. De prenovena a cuarta había jugado en Argentinos Juniors, después fue un año a San Martín de San Juan -donde jugó todo el campeonato de Reserva- y luego recaló en Belgrano de Córdoba, donde firmó su primer contrato de AFA pero no llegó a jugar en Primera. Recibió una oferta para jugar en Gimnasia y Esgrima de Jujuy pero no quiso ir y un día vino a casa y me dijo me voy a Italia. Hoy vive del fútbol y hasta puede ahorrar mensualmente.

-Fuiste padre de grande…
-Sí, a los 42 años, la misma edad a la que me tuvo mi papá. Y yo también soy hijo único. Las cosas del destino…

La red y la pelota
“La gente tiene miedo de reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuantas cosas se escapan a nuestro control. En un partido (de tenis) hay momentos en que la pelota golpea el borde la red y durante una fracción de segundo puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue adelante y ganas… o no lo hace y pierdes”. En el comienzo de Match point, una de sus mejores películas, Woody Allen le asigna al destino un valor superior al del propio mérito.

Juan Szafrán puede hablar bastante del asunto, ya que él mismo podría no haber existido. Su padre Tomás, un ucraniano nacido en Kiev, estaba enrolado en el ejército polaco y combatió contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Fue parte de las célebres batallas de Montecassino, que tuvieron lugar entre enero y mayo de 1944. Los aliados lucharon con la intención de atravesar la Línea Gustav, una serie de fortificaciones creadas por los nazis en Italia para evitar el avance enemigo hacia Roma. Allí el mariscal Albert Kesselring, encargado de la defensa germánica, consiguió retrasarlos. Sin embargo, el 18 de mayo los aliados lograron tomar Montecassino. El costo de esa conquista fue altísimo: se perdieron miles de vidas humanas y quedó destruida la famosa abadía fundada por San Benito alrededor del año 524. Sin embargo, Tomás Szafrán sobrevivió milagrosamente a esos combates. Su pelota pegó en la red y cayó del otro lado de la cancha.

Javier Frana fue su compañero de transmisiones en ESPN durante más de 20 años. Foto: Gentileza de Juan Szafrán.

Ya en Roma, el soldado victorioso conoció a Tudina Pannone. Se enamoraron. Al finalizar la guerra, primero él y más tarde ella recalaron en la Argentina. Tomás se ganó el mango colocando durmientes ferroviarios en Cañada de Gómez, Santa Fe, lo que le permitió ahorrar el dinero para traer a su esposa en barco. A comienzos de los años 50 vivieron en Dock Sud y luego se mudaron a La Boca, donde pudieron comprar con esfuerzo una casa. Tuddina era esterilizadora del Hospital Argerich, mientras Tomás alternaba como chofer de colectivos y empleado en Subterráneos de Buenos Aires.

En 1953, en el Hospital Argerich, nació Juan Domingo Szafrán. De haber sido mujer se hubiese llamado María Eva, aunque no terminaría de abrazar al peronismo con el mismo fervor que su padre. Tomás tuvo larga vida: falleció a los 98 años, en 2010, seis años después que Tudina. Antes de morir, el veterano de guerra alcanzó a legarle a su nieto Lucas todas las medallas recibidas por haber combatido contra los alemanes, incluyendo la condecoración otorgada por la Reina de Inglaterra.

El periodismo es historia
El primer trabajo de Szafrán fue en el área de prensa de la actual Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Fue un 25 de mayo de 1973, con 20 años. Al año ingresó a la sección Deportes de Télam. De ahí pasó a Diario Popular, luego a Noticias Argentinas y después a Continental, su primera radio. A los pocos años, en Cablevisión, que había comprado Eurnekian, debutó en la televisión. Con Quique Wolff y Pato Speraggi hicieron el programa Más seis en el deporte y él conducía Tenis para exigentes. En América TV, también con Wolff, condujo Deportes al toque. En Telefé, La banda dominguera. Y en 1998 llegó a ESPN, su última estación en el periodismo.

-¿Ya no hay nada entonces que te ate al país?
-Las condiciones laborales en Argentina terminan siendo demasiado extremas y no te ayudan a poner un boliche, además de los vaivenes de la economía. Lo hablé con Marcela, mi mujer, que es Licenciada en Computación Científica y trabajó 36 años en la Esso/Exxon Móvil. Ella tiene a su papá, tiene hermanos, sobrinos, un ahijado… Para ella era más difícil tomar la decisión y yo respetaba sus afectos, que también son los míos. Para que tengas una idea, somos pareja desde que ella tiene 14 y yo 15.

-¿En qué momento concebiste la idea de irte?
-Cuando Lucas se fue a Italia lo fuimos a visitar y después hicimos un recorrido por Cádiz, Marbella y Málaga, en España. Marbella no me gustó y Cádiz y Málaga me encantaron. Cuando regresamos a la Argentina Marcela me dijo vámonos. Fue una decisión personal. En Europa también te puede pasar algo, pero no te van a matar por un par de zapatillas.

-¿Con qué expectativa viajás?
-Mi segunda pasión es la cocina y decidimos poner un restaurante. Tener motivaciones e ir detrás de un sueño a los 66 años es para pocos, pero allá vamos.

Con su mujer Marcela abrirá un restaurant en Málaga y despuntará su pasión por la gastronomía. Foto: Gentileza de Juan Szafrán

-¿Por qué eligieron Málaga, la costa sur de España?
-Por un sentido comercial. Durante siete u ocho meses se nutre de una alta receptividad turística, inversamente a lo que ocurre con la costa argentina. Por ejemplo ahora, en pleno invierno europeo, hacen 21 grados.

-¿Qué tipo de restaurante imaginan?
-Hay dos posibilidades: una parrilla argentina de muy buen nivel o el tapeo andaluz.

-Vos no serías el chef, ¿o sí?
-No, pero me voy a meter en la cocina. Creo tener un buen paladar por mi mamá italiana, que cocinaba extraordinario. Mis amigos venían siempre a comer a casa porque podías llegar con apetito a las tres de la mañana y ella se levantaba, agarraba una bolsita de harina y al toque hacía ñoquis con salsa preparada en el momento. En casa se comía bien, tanto la comida ucraniana de papá como la italiana de mamá.

-¿En tu casa cocinás vos?
-A veces sí, especialmente cuando recibimos amigos, o también en Nochebuena y Año Nuevo. Ahí me pongo al frente de la cocina.

-¿Cómo va a ser el proceso de instalar el restaurante?
-Hablé con gente de allá, que conozco, y tengo asegurados tres meses de trabajo gratuito, por la noche, para aprender la mecánica de un restaurante. En uno voy a hacer de mozo, en otro de adicionista y en el último de maître. También me van a ayudar en las compras y cómo calcular la mercadería.

-¿Ya tenés local?
-Sí, está en el centro histórico, muy cerca del puerto. También tenía visto un departamento, pero el dueño dio marcha atrás y por el momento nos vamos a quedar en la casa de unos amigos. Siento que estamos invadiendo y molestando, por eso cuanto antes consigamos un lugar nos vamos a mudar. Por una cuestión de edad no puedo comprar un departamento a crédito, pero hablé con Lucas y si él figura como socio podemos sacar un préstamo hipotecario a 30 años y con una tasa del 1,8 % anual.

-¿Cuándo sería la inauguración?
-En ocho meses estaría funcionando. Todavía no tengo el nombre, pero no me preocupa. Eso lo aprendí en la radio y en la tele: el producto es lo principal.

“Ir detrás de un sueño a los 66 años es para pocos, pero allá vamos”, dice entusiasmado. Foto: Gentileza de Juan Szafrán

-¿Llegaste a diciembre de 2019 sabiendo, internamente, que no seguirías en ESPN?
-No, pensaba irme a mediados o fines de este año. Pero sucedió algo con mi compañero de ruta, Javier Frana, y se aceleró la decisión. Primero por lo que sentía personalmente y después porque me pareció muy injusto lo que pasó con él.

El ex tenista informó con dolor las razones de su alejamiento, luego de que los televidentes manifestaran sorpresa ante su ausencia en las transmisiones del Abierto de Australia: “El canal decidió modificar las condiciones al punto tal que me resultaron inaceptables”, explicó Frana desde sus redes sociales.

-La salida de Frana fue la gota que rebalsó el vaso…
-Claro, venía llenándose desde 2016. Ahora me voy detrás de un nuevo sueño y estoy feliz por ello.

-En 1998 llegaste a ESPN. Grabaste en el estudio de Villa Urquiza, ¿no?
-Sí, por supuesto, en la calle Juramento. El edificio todavía está. Ahí se hizo la primera emisión de SportsCenter, del cual fui uno de los primeros integrantes como columnista. Era una época de bohemia, en la que se trabajaba muy bien.

-¿Se perdió ese estilo que hacía distinto a ESPN?
-Cambió el periodismo. Antes sabías quiénes eran los dueños de los medios, había una identidad, una forma de trabajar. Ahora son números y empresas.

En los últimos años hizo dupla con Daniel Orsanic, capitán campeón de la Copa Davis. Foto: Gentileza de Juan Szafrán.

-¿Te hicieron una despedida?
-No, tuve muchas reuniones. Con Quique Wolff y otro amigo más fuimos a comer la semana pasada con nuestras respectivas mujeres. Con otros amigos cenamos en Magritte, en Olazábal y Burela, lugar que amo y donde iba unas cuatro veces al mes.

-¿Desde qué año estás en Villa Urquiza?
-Desde 1994.

¿Te pusiste a pensar qué cosas vas a extrañar del barrio?
-Me voy a llevar los aromas de Villa Urquiza, eso lo tengo claro. La he recorrido mucho: la avenida Olazábal, el bulevar Mendoza… Para ir a la farmacia hago 16 cuadras, me gusta mucho caminar por el barrio. Tengo muchos recuerdos, porque acá nacieron mi hijo y también mi mujer, antes de mudarse a los 12 años a La Boca. Lucas empezó a jugar al fútbol en Agronomía Central y gran parte de su mundo en el tenis lo hizo en Arquitectura.

-Muchos se van a sorprender con esta noticia…
-De mis amigos y conocidos, la mayoría lo sabe.

-¿Y los colegas?
-Me mandan mensajes y me llaman todos los días. Tuve que descartar algunas cenas porque no tuve tiempo.

Recuerdos con Björn Borg y José Luis Clerc, dos glorias del tenis. Foto: Gentileza de Juan Szafrán.

-¿Cómo se viven las horas previas?
-Estoy soñando despierto y eso es muy lindo. Estoy feliz de la decisión, entonces no lo siento como un momento estresante.

-Por último, ¿se trata de un adiós al periodismo o un hasta luego?
-Yo había dicho que colgaba el micrófono, pero alguien me dijo que nunca se deja de ser periodista. Antes de viajar, Marcela me preguntó: ¿No vas a hacer nada allá? Yo le contesté que al menos por un año no, porque mi concentración va a estar en el restaurante. Pero no descarto hacer, yo desde una FM de Málaga y él acá, algún programa musical con Sergio Minino Cirigiliano, uno de los mejores musicalizadores de Argentina. Yo creo que en abril o mayo próximo estaré de vuelta en Argentina para ordenar un par de cosas y quedé en hablar con él para armar un guión. Cuando descubra cuál es la mejor FM de Málaga, presento el proyecto. Ya hice un progama musical en la FM que tenemos en Cariló con Quique Wolff.

-¿Al tenis lo vas a extrañar?
-No, fue una gran etapa de mi vida. Tuve el privilegio de estar entre los diez periodistas que son firma en Argentina y estoy muy agradecido por ello. Lo mejor que me llevo es haber sido muy respetado, tanto por los jugadores como por los colegas. Fue una etapa fantástica que me permitió conocer el mundo y absorber lo mejor de cada lugar en el que estuve. Por ejemplo pude visitar, en el año 82, la casa en la que se conocieron mis padres en Roma, el punto de partida de mi historia. Descubrí el orden, el respeto. Viajar me educó, porque no iba sólo detrás de la raqueta y la pelota, sino que miraba otras cosas. Me hizo crecer muchísimo.

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