La estafa de San Sebastián Propiedades

Hace cinco años, la empresa constructora San Sebastián Propiedades estafó a más de 500 familias de Villa Urquiza y otros barrios mediante la venta fraudulenta de departamentos.

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(Edición del Mes: 4 Año: 1999 )

Hace cinco años, la empresa constructora San Sebastián Propiedades estafó a más de 500 familias de Villa Urquiza y otros barrios mediante la venta fraudulenta de departamentos.

Marcelo Benini

La estafa de San Sebastián Propiedades, contada por un joven matrimonio damnificado

NO TAN SANTOS

Por Marcelo Benini

Hace cinco años, la empresa constructora San Sebastián Propiedades estafó a más de 500 familias de Villa Urquiza y otros barrios mediante la venta fraudulenta de departamentos. Algunos de sus integrantes ya fueron condenados por la justicia y otros aún permanecen prófugos, pero lo cierto es que nadie indemnizó a los numerosos damnificados. Una joven pareja cuenta cómo le robaron la ilusión de la casa propia.

Finalizaba 1994 cuando una denuncia reveló la existencia de una organización delictiva dedicada a la construcción de edificios que no llegaban a ser habilitados porque violaban el Código de Planeamiento Urbano. La Justicia concluyó que el ex presidente del desaparecido Concejo Deliberante, José Manuel Pico, encabezaba la asociación ilícita a través de la empresa San Sebastián Propiedades, que perjudicó a por lo menos 534 familias de Villa Urquiza y otros barrios mediante la venta fraudulenta de departamentos. Tras la instrucción llevada adelante por el juez Raúl Irigoyen y el fiscal José María Campagnoli, el Tribunal Oral Criminal Nº 8, integrado por los jueces Rodolfo Madariaga, Alejandro Sañudo y Hugo Rocha Degreef, condenó en enero de este año -luego de 10 meses de juicio oral y público- a Antonio Nicolosi, presidente de San Sebastián Propiedades, José María Pintos y Jorge Granja, gerentes de la firma, a trece, siete y tres años de prisión respectivamente al ser hallados culpables de estafas reiteradas. A pedido del fiscal, Pico será sometido este año a juicio oral y público. En la misma causa hay otras 13 personas procesadas y 11 imputados todavía prófugos, entre ellos el ex comisario y vicepresidente de la firma constructora, Alberto Luis Pozo.

En cuatro años de trámite, el expediente acumuló nada menos que 200 cuerpos y un total de 40.000 fojas. De acuerdo con la voluminosa acusación del fiscal Campagnoli, “ha quedado plenamente acreditado que un grupo de individuos se había organizado valiéndose de una reprochable delincuencia institucional, que aprovechaba cargos públicos que fueron creados para servir a la gente y no con el fin de ser utilizados por los funcionarios designados para ocuparlos de bastardo trampolín hacia su propia prosperidad (…) Pico apareció invirtiendo en emprendimientos espurios, fijando idénticos domicilios que los empresarios, recibiendo pagos hasta meses después de iniciada la causa y cobrando cheques con su nombre y apellido registrado tras la leyenda ‘muni’ una vez descubierta esta inmensa maniobra que involucraba una inversión cercana a los 40 millones de dólares”. La Legislatura porteña aprobó hace algunos meses un pedido de verificación técnica y análisis de estructura de todos los inmuebles levantados por San Sebastián Propiedades. Los 11 edificios que en teoría debían entregarse a los damnificados aún permanecen en pie, aunque tienen un pedido de demolición del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Testimonio de una pesadilla

Por más completa que sea una crónica periodística, cuando se trata de delitos como el citado sólo es útil para señalar la magnitud de un perjuicio desde el punto de vista económico; no alcanza a transmitir la dimensión de la tragedia en términos humanos. A fin de entender los verdaderos alcances de este millonario fraude recurrimos al testimonio de una de las tantas parejas damnificadas: Guido Gabriel Rusconi (30), quien prefiere ser llamado por su segundo nombre, y Andrea Mabel Bravo (26). Ambos son empleados, él en una cerrajería de Coghlan y ella en una marroquinería de Belgrano. No es difícil inferir que sus recursos son limitados y que apenas sobreviven uniendo sus sueldos. Pese a las dificultades, en 1994 creyeron haber alcanzado el sueño de la casa propia. Durante unos meses albergaron esa ilusión y proyectaron un futuro en común al amparo del espacio que acababan de conquistar. Sin embargo, al poco tiempo descubrieron que en realidad estaban viviendo una pesadilla. De algún modo, el diálogo con EL BARRIO representó para ellos un postergado desahogo.

“A mediados de ese año pasaron dos promotoras por el negocio, ofreciéndome los planes de San Sebastián -recuerda Gabriel, mientras fuma nervioso-. Se lo comenté a mi novia, fuimos a ver los departamentos de la calle Roosevelt y nos gustaron: eran de un ambiente de 3 x 8 metros, divisible, con un balcón de 2,70 x 1,50 metros. Tras pensarlo pagamos una seña de 390 pesos. A los pocos días, no sé por qué, tuve dudas y me eché atrás, pero me advirtieron que si cancelaba la operación perdía el dinero del anticipo. Como nos estábamos por casar, decidí seguir adelante”. Meses después Gabriel y Andrea firmaron el boleto de compraventa, por valor de 1.950 pesos, y cinco documentos de 390 pesos correspondientes a la comisión de la inmobiliaria, de los cuales llegaron a saldar cuatro: 1.560 pesos en total. También pagaron las tres primeras cuotas, de 325 pesos cada una. “En diciembre pasamos por el edificio, ubicado en Mendoza 5220, y nos encontramos con la novedad de que estaba clausurado. Fuimos a pedir explicaciones a la sede de San Sebastián, en Triunvirato y Olazábal, y nos dijeron que el tema se solucionaría rápidamente. El 28 de diciembre nos enteramos de que habían clausurado a la empresa”, cuenta Andrea.

“Se nos vino el mundo abajo”

Para pagar el boleto Gabriel debió vender su querida coupé Torino y ajustarse en los gastos hasta para tomar un simple café. De los 1.200 pesos que ganaba la pareja, más de la mitad lo invertían en las cuotas del departamento y de los muebles. “Incluso empecé a trabajar en una pizzería por la noche, haciendo entregas a domicilio, para poder juntar más dinero -ilustra Gabriel-. Cuando nos enteramos de la estafa se nos vino el mundo abajo. Después supimos que sobre el terreno donde se asienta el edificio pesaban dos hipotecas por 120.000 dólares”. Pero eso no fue todo: según los planos del departamento que habían comprado, el baño quedaba adentro del hueco del ascensor. Además, el edificio no tenía pozos de aire, no respetaba las medianeras vecinas y algunos departamentos estaban vendidos a más de una persona. “Mi abuelo, que era maestro mayor de obras, con sólo mirar la estructura me dijo: ‘Esto se cae’. Tiempo después se hizo una prueba de carga y, efectivamente, se determinó que el edificio no podía resistir el peso que hubiera significado amueblarlo”, agrega Gabriel. Queda explicado por qué nunca llegaron a habitarse los edificios construidos por San Sebastián Propiedades, al margen de que muchos de ellos hoy estén tomados ilegalmente.

Tras comprender que habían sido estafados, Gabriel y Andrea declararon en la Fiscalía Nº 33 y dejaron copia de toda la documentación pero, abrumados por la decepción, desistieron de iniciar acciones legales. “Eran muchos los damnificados y no veíamos que hubiera una solución a la vista. Nosotros perdimos 5.000 pesos, pero hubo gente que pagó íntegro el departamento”, explica Andrea. Un caso dramático es el de una persona que hipotecó su casa porque las cuotas eran más baratas que las exigidas por San Sebastián y compró el departamento al contado. “Este tema me agotó. Lo que más me duele no es haber perdido el dinero, sino que me robaran la ilusión”, argumenta Gabriel con amargura. “Quisiera que el verdadero responsable de esto pague -exige Andrea-. Hay mucho poder y política de por medio desde el momento en que se aprobaron planos irregulares”. Lo sugestivo es que más de diez edificios de departamentos hayan podido ser construidos ilegalmente en la ciudad de Buenos Aires sin que la por entonces Municipalidad lo advirtiera.

La vida continúa

Luego de dos años y medio de novios, Gabriel y Andrea se casaron el 23 de setiembre de 1995 y alquilaron durante dos años una vivienda en Villa Urquiza, a tres cuadras del departamento que creyeron sería suyo. Cuando Andrea quedó embarazada se les hizo imposible seguir pagando y debieron mudarse a la casa paterna de ella, en la localidad de Villa Madero, que irónicamente debieron hipotecar para pagar una deuda familiar. Otra desgracia reciente fue el fallecimiento del abuelo de Gabriel, quien no logró salir de la depresión que le produjo la estafa. “Pensar que si te atrasabas dos meses en los pagos perdías todo, así te faltara una cuota para saldar el departamento. A las promotoras tampoco les pagaban e incluso a una de ellas le vendieron un departamento”, reflexiona con indignación Gabriel. El matrimonio Rusconi debe viajar una hora y media todos los días para ir a sus respectivos trabajos y regresa al hogar bien entrada la noche. El poco tiempo que les queda se lo dedican a la pequeña Lorena Natalia, de apenas 18 meses, en quien depositan una esperanza: que la sociedad le brinde mañana las oportunidades que a ellos les negó.

QUIEN FUE SAN SEBASTIAN

Según cuenta la tradición, Sebastián fue un capitán cristiano de la guardia pretoriana que logró en secreto muchas conversiones; por entonces la divinidad se asociaba al emperador romano, Cayo Aurelio Valerio Diocleciano, quien manejó el imperio al estilo de las monarquías orientales, donde el rey era absoluto. Al conocer Diocleciano la fe de Sebastián, ordenó que lo mataran a flechazos. Sin embargo, no murió y una viuda cristiana llamada Irene lo recogió y curó sus heridas. Una vez recuperado, Sebastián volvió ante el emperador y lo denunció por su crueldad. Entonces Diocleciano mandó que lo matasen a golpes, lo que ocurrió en el año 288. El primer martirio de San Sebastián fue uno de los temas favoritos del arte renacentista; con frecuencia aparece en los cuadros con el pecho asaeteado y sangrante. Andrea Mantegna (1431-1506), uno de los pintores más importantes del siglo XV en el norte de Italia, es el autor de la imagen que se reproduce en la tapa del periódico.

Diecisiete siglos después de su muerte, el nombre del santo fue adoptado por una empresa inmobiliaria que hizo un gran negocio estafando a la gente humilde. Una humillación más a San Sebastián, esta vez a su memoria.

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