La huerta comunitaria de Coghlan pide autorización oficial para seguir funcionando

El espacio vecinal, surgido en 2019, fue desalojado en diciembre pasado por el grupo Scout, que le cedía un sector de su predio aledaño a la estación. Ahora mudaron los cultivos al otro lado de la terminal y le solicitan a Trenes Argentinos poder permanecer allí.

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La huerta comunitaria de Coghlan es un proyecto agroecológico y educativo sin fines de lucro que se gestó en septiembre del 2019 entre vecinos del barrio, que comenzaron a cultivar la tierra en un sector cedido dentro del predio aledaño a la estación ferroviaria que pertenece a los Scouts General Belgrano.

A mediados de diciembre pasado, este último grupo “decidió de manera unilateral, rompiendo todos los acuerdos previos, desalojar el proyecto y destruir todo lo construido en más de un año de arduo trabajo”, por lo que el colectivo vecinal debió mudar los cultivos al otro lado de la estación, sentido Retiro-Mitre.

Ahora, los más de 40 miembros de la huerta le enviaron una carta a Trenes Argentinos para que les permitan de manera oficial poder permanecer y desarrollar el proyecto allí. “Creemos que la agricultura urbana es un movimiento global que responde al creciente interés ciudadano por la calidad y el origen de los alimentos de consumo diario, el cuidado del ambiente y las formas de participación en y con la comunidad”, explican en la misiva, fechada el 12 de enero.

La huerta comunitaria de Coghlan nació a fines de 2019 y es integrada por más de 40 vecinos.

El texto, todavía no respondido por el organismo nacional que conduce Martín Marinucci, destaca que la labor de la huerta “es fundamental para poder acercar a los ciudadanos los beneficios nutricionales, ecológicos, sociales y culturales de la soberanía alimentaria, que implica necesariamente conocimientos básicos sobre cultivo de plantas, cuidado de suelos, alimentación saludable y la cadena de producción y distribución de alimentos hortícolas y frutícolas”.

Cabe recordar que la cosecha de la huerta de Coghlan “es de carácter simbólico y no tiene fines comerciales”, tal como sucede en la huerta que funciona en el vecino barrio de Villa Pueyrredon. “Aprendemos cómo (re)conectarnos con la naturaleza y también cómo reforzar y construir vínculos interpersonales que nos nutren como colectivo de vecinos y por ende, como comuna”, cuenta Soledad Torres Agüero, una de sus referentes.

“La participación de las niños en este proceso de enseñanza-aprendizaje constituye uno de los pilares fundamentales de este proyecto. Las huertas en enclaves urbanos son espacios para aprender sobre la naturaleza, la agricultura y la nutrición, siendo una fuente de influencias saludables para la generación de futuros adultos responsables y comprometidos por un mundo mejor para todos”, subraya.

“La agricultura urbana es un movimiento global que responde al creciente interés ciudadano por la calidad y el origen de los alimentos”, explican.

En el contexto de emergencia sanitaria provocado por el Covid-19, la huerta se sostuvo con un grupo reducido que garantizó su mantenimiento. El espacio cuenta con un corredor de especies nativas, jardín de aloes y siembra de maíz, zapallo, lechuga, ajíes y papa. También posee una Compostera Pública, que tiene como finalidad reducir residuos, recuperar orgánicos y reciclarlos para convertirlos en tierra fértil para ser reutilizados en la huerta.

Este último proyecto quedó sin efecto hasta tener las autorizaciones pertinentes de las autoridades, que hasta el momento no llegaron. “La iniciativa que recién comienza, de sembrar en los alrededores de la estación, va a permitir la participación vecinal plena para que todos podamos plantar alimentos, plantas, flores y generar conciencia del cuidado de nuestro entorno. Queremos dejar una huella ecológica y sustentable a las generaciones que vendrán y buscamos la transformación colectiva del uso, la ocupación, la gestión y la producción de nuestra ciudad y nuestros espacios”, concluyen entusiasmados.

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