La vida después de Gatica

Aquella obra maestra del cine nacional, dirigida por Leonardo Favio, fue el resultado de la obstinación de un apasionado actor y vecino de Villa Urquiza. Luego de aquel papel consagratorio, la carrera de Edgardo Nieva pareció estancarse. Sin embargo, desde hace ocho años trabaja silenciosamente en un proyecto que lo desvela: interpretar en la pantalla, chica o grande, la historia de Juan Manuel de Rosas.

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(Edición del Mes: 7 Año: 2013 )

Aquella obra maestra del cine nacional, dirigida por Leonardo Favio, fue el resultado de la obstinación de un apasionado actor y vecino de Villa Urquiza. Luego de aquel papel consagratorio, la carrera de Edgardo Nieva pareció estancarse. Sin embargo, desde hace ocho años trabaja silenciosamente en un proyecto que lo desvela: interpretar en la pantalla, chica o grande, la historia de Juan Manuel de Rosas.

Desde hace dieciséis años, Edgardo Nieva es un vecino más de Villa Urquiza. Se lo puede cruzar por la calle vestido de jogging, tomando un café en Olazábal y Triunvirato o comprando alimentos en el supermercado chino de Alvarez Thomas y Blanco Encalada. Su cara se hizo conocida hace veinte años exactos, tras el estreno de Gatica, el Mono. Las película sobre el boxeador José María Gatica, vecino de Saavedra trágicamente desaparecido hace casi medio siglo, la escribió Zuhair Jury y la dirigió Leonardo Favio, pero el proyecto -hay que decirlo- le pertenece casi íntegramente a Nieva. Aquel 13 de mayo de 1993, con 42 años recién cumplidos, fue una fecha bisagra en la vida de un actor al que todo siempre le costó. Llegaron premios, fama y mujeres, pero se sabe que el éxito suele ser efímero y escaparse entre las manos como la arena.

Hoy aquel suceso cinematográfico es un amable recuerdo que Edgardo intenta dejar atrás, ocupado en nuevos y ambiciosos planes. Mientras tanto, como militante peronista que es, participa activamente en los emprendimientos culturales llevados a cabo por las 62 Organizaciones, la conocida agrupación de sindicatos. En ese contexto suele presentarse por todo el país llevando obras de teatro en las que actúa.

-Hace once años te hicimos una entrevista de tono personal. Llevabas cinco años en el barrio y recordabas tu llegada como una etapa difícil de tu vida…

-Sí, cuando me mudé en 1997 a Villa Urquiza fue como llegar al destierro. Venía de Palermo, había tenido que vender mi auto, realmente había tocado fondo. Pero me puse de pie. El otro día, mientras manejaba rumbo al Centro, pensaba qué cosa esto de caerse y levantarse todo el tiempo, fue una constante en mi vida. Por suerte ahora estoy en una etapa mejor. Esta tranquilidad económica me permitió llevar adelante el proyecto sobre Juan Manuel de Rosas, en el que estoy trabajando desde hace ocho años y que espero pronto concretar.

-Con un amigo que estudia guión hablamos permanentemente sobre la dificultad de materializar los proyectos. Yo le cité tu caso, lo que te costó lograr que Gatica, el Mono se convirtiera en película; desde la idea de tu papá en 1987, durante un asado, hasta su estreno en 1993. Esos seis años, lo contaste muchas veces, fueron de muchísimo sacrificio y angustia.

-Cuando el 5 de noviembre del año pasado falleció Leonardo Favio di como sesenta notas en todos los medios. Creo haber sido el actor que más convivió con él, gracias a Gatica. Siempre digo que vas a la a la universidad y te dan un título, pero en verdad esa es apenas la llave para entrar a la biblioteca y desarrollarte. Médicos son todos, pero Favaloros hay muy pocos. Con el actor pasa lo mismo, pero en este caso la diferencia es que el medio suele ser muy injusto. Muchos mueren sin vivir la posibilidad del protagónico. Yo tengo la teoría de que si te quedás esperando el reconocimiento estás muerto, creo mucho en la autogeneración. Pero también te margina de ese llamado salvador, porque cuando vos empezás a perseguir tus sueños los productores no te llaman: “Ese se produce sólo, sabe de números entonces no puedo llorarle la carta de que no puedo pagarle”, piensan. Esto pasa también. Decía Sandrini que el actor necesita riñones muy fuertes porque la suya es una carrera de embolsados, a los saltos. Así como para Gatica boxeé durante cuatro años, ahora hace dos que ando a caballo como loco porque Rosas era un gran jinete. Todo esto muchas veces te lo replanteás: ¿no estaré loco? Porque nadie me asegura que voy a lograrlo, sólo mi convicción.

-El 13 de mayo último se cumplieron veinte años del estreno de Gatica, el Mono ¿Qué significó para vos esa película?

-Es increíble, cada vez más gente ve Gatica y cada día gusta más. Es un trabajo que me ha marcado para toda la vida. Espero que Juan Manuel de Rosas me saque de ese lugar. Hice siete películas, todas en registros diferentes.

-Pero no volviste a tener el suceso que alcanzaste con Gatica. ¿Por qué?

-Se debe a la mediocridad del medio. Los productores me recuerdan con la cara ensangrentada y no me imaginan en otros papeles. De Niro hizo a Jack LaMotta, pero le permitieron hacer otras cosas.

-¿Subiste mucho la vara o te llegaron menos ofertas de las esperadas? Me cuesta creer que después de tantos años por ejemplo Adrián Suar no te haya incluido en alguna de las tantas tiras que produjo…

-Es una mezcla de cosas. No creo que haya nada especial contra mí, Suar se cruza conmigo y me dice maestro. Pero después no me llama.

-¿No tendrás pruritos?

-No, yo estuve a punto de trabajar en El puntero pero me llamaron cuando estaba en Neuquén firmando mi participación en una película. Pienso que la oportunidad se puede dar en cualquier momento. Admito que a veces quiero y a veces no; no quiero estar encerrado diez horas por día grabando de lunes a viernes.

-Quizá por la rudeza del papel que interpretaste en Gatica o por tus seis matrimonios, muchos pueden suponer que sos una persona difícil. ¿Es así o sos mucho más sensible de lo que aparentás?

-Yo tengo muy buen humor y no soy nada difícil desde lo cotidiano, pero sí debo tener una admiración por la mujer que tengo al lado. Y esa admiración no pasa por que esté en la tapa de una revista sino por el hecho de que sea medianamente inteligente, que tenga un grado de sensibilidad importante, que tenga sueños y disfrute la vida como yo. Desde ese lugar puede que yo no sea un tipo tan fácil.

-Obviamente la frivolidad no es para vos un rasgo afrodisíaco…

-Yo he andado mucho y con caritas famosas he salido bastante a lo largo de mi vida. Salvo excepciones, no me han dejado grandes cosas. Ya entrado en años y con una cierta madurez, busco otros valores. No me quedan materias pendientes en este nivel, he vivido casi todo. Me río con los estudiantes de cine y de teatro, siempre les digo que hay que ser hombres de acción. “Una vez que a una chica le dijeron veinte palabras tóquenla, agárrenla de la mano. Yo lo he hecho toda la vida”, es mi consejo. Estoy atravesando la mejor etapa de mi vida. Siempre digo que la vida se compone de cuatro cuartas partes y yo estoy en la última, que creo será de una gran felicidad. Soy muy amigo de Duilio Marzio, tiene 88 años y cuando viene a comer a casa siempre hablamos del tema. El es un hombre de gran plenitud.

-¿Los vecinos de Villa Urquiza se procupan por tu presente laboral?

-Permanentemente me paran por la calle y me preguntan cómo no estoy en televisión. Espero tener un pequeño tráiler en unos días, porque se filmaron unas escenas no de rodaje sino de presentación del proyecto. El director será nada menos que Miguel Pereira, el responsable de La deuda interna.

Rosas en mi mente

Esta pequeña crónica, publicada en abril de 2005 en este medio, debe ser la primera alusión periodística al proyecto que por estos días desvela a nuestro entrevistado. Decíamos por entonces, casi a modo de chimento: “Hace algunas semanas un periodista de El Barrio se encontró con Edgardo Nieva en el subte. Ambos bajaron en la Estación Los Incas y compartieron un taxi hasta Villa Urquiza. El conocido actor llevaba apuro, ya que en horas más debía partir a Mar del Plata para dar unas charlas en el Festival de Cine. Además tenía pactadas varias entrevistas con importantes productores internacionales, a quienes iba a entregarles a modo de antecedente copias en DVD de su película Gatica y presentarles su nuevo proyecto cinematográfico, basado en la figura del caudillo bonaerense Juan Manuel de Rosas. Durante el breve viaje Nieva nos brindó detalles de su ambicioso proyecto y se lo notó muy entusiasmado con la posibilidad de concretarlo. El guión está casi listo, esperemos ahora que lleguen los capitales”.

-¿Cómo surgió el proyecto?

-A fines de 2004 tuve la inquietud. Se escribió un primer guión, pero no me gustó y tuve que empezar de nuevo. Busqué otro guionista, Omar Quiroga, quien es conocido por hacer dúo con Pedro Saborido. Cuando hubo que buscar un director surgió el nombre de Miguel Pereira, que vive en Jujuy y está medio retirado del cine grande. Lo llamé por teléfono en mayo del año pasado, se enganchó y hoy está consustanciado con el proyecto. Espero que se concrete porque hay una corriente de revisionismo histórico que este gobierno apoya. Se vienen una película sobre las invasiones inglesas y otra sobre Manuel Dorrego. En buena hora el cine argentino se ocupará de los grandes hombres de nuestra historia. Me parece maravilloso.

-¿Rosas tendrá la intensidad con la que dotaste a Gatica?

-Totalmente, él era un gran apasionado. Te voy a contar un comienzo posible de la miniserie. Comienza en Southampton. Vas a verlo de espaldas, a los 80 años, mientras dos criadas dialogan entre sí, en inglés. Una le dice a la otra: “Este es el hombre del que te hablé, al que vas a tener que atender”. “¿De verdad era tan importante?”, le pregunta la más joven, incrédula. “Fue muy importante, un gran americano. Llegó a tener 300.000 cabezas de ganado y lo dejó todo por su país”, responde la de mayor experiencia. La lleva entonces a un pasillo, corre una cortina y aparece un cuadro de Rosas. “Mirá lo que era este hombre”, agrega con admiración. La chica se acerca por primera vez al anciano sentado, la cámara se acerca a sus ojos celestes, funde ahí y cuando se aleja el protagonista tiene 45 años. Es el comienzo de la miniserie. Está en la costa del Río de la Plata mirando hacia Uruguay. Tiene las riendas del caballo en la mano. Gira, pega un salto, sube al caballo, entra a galopar y comienzan los títulos, con la música bien arriba (N. de la R. Edgardo está tan mimetizado en el papel que la excitación lo lleva a dejar el café e incorporarse de la mesa para actuar la escena, fusta imaginaria en mano). El cine y la televisión deben ser acción e imagen. Más que nunca lo tengo presente a Favio. Antes de morir me dijo que el papel de Rosas era justo para mí.

-Sos una persona audaz, que lo arriesga todo en cada proyecto. Hace diez años me decías que estabas por vender el auto para hacer una película sobre Discepolín…

-Todavía lo puedo llegar a realizar, buscá en YouTube el monólogo de Mordisquito actualizado al hoy. “A mí no me la vas a contar. A Néstor y a Cristina no los inventé yo Mordisquito: los trajo el hambre y la desigualdad”. El Padre Mujica, que era otro sueño que tuve, seguramente va a ser el primer largo dirigido por mí, porque se me pasó la edad para interpretarlo. Siempre digo que debo tener cuidado con lo que deseo, porque cinco años antes o después lo termino cumpliendo. Esto es real. Yo decía que había nacido en el nivel menos veinte y me llevó veinte años alcanzar el nivel cero, desde el que todos empiezan. En el momento en que vaya a filmar la primera toma de Rosas sólo yo sabré por todo lo que tuve que pasar: las horas de espera para que me atiendan los funcionarios, persuadir a un director o a un guionista. ¿Sabés cuántos me dijeron no Edgardo, bosta, caballos, sangre, degüellos, época, es una locura. No soy un loco, pero para soñar hay que soñar a lo grande. El mes pasado hablaba justamente con un colega tuyo sobre tu periódico. Me dijo textualmente: “Son esos milagros que cada tanto se dan porque hay un loco atrás”.

-Es cierto, hay que estar un poco loco para enfrentar sueños en los que nadie cree. Un poco lo que te sucedió a vos con Gatica. Al principio, ni Leonardo Favio creía en vos. Sólo los años ponen la cosa en su lugar.

-Suelo decirle a mi pareja “vos sos la medida exacta de mi locura”. Por eso tu mujer es tu compañera. El primero en usar esta palabra en la historia fue Manuel Belgrano cuando hizo jurar la bandera. Compañeros significa compartir el pan.

-Hablando de compartir el pan, vos naciste en un escenario de pobreza…

-Sí, yo nací en la pensión de Pedro Maffia, el director de orquesta y compositor, que estaba en Callao y Corrientes. Mi padre era gastronómico y relojero. Me costó asomar la cabeza. Yo no hago las cosas por el dinero, sino porque nacen de mí. La de Juan Manuel de Rosas es una película o un miniserie que nos debemos. A muchos vecinos no les gusta que le pongan su nombre a la estación de subtes, pero no saben quién es. Tienen prejuicios que vienen de lo que aprendieron en el colegio, una historia absolutamente dirigida. Es interesante que la gente sepa de qué se trata.

-¿Considerás posible actuar en el Complejo Cultural 25 de Mayo? Es la sala teatral de tu barrio…

-Mirá, en cualquier momento se me pueda dar trabajar en el Teatro San Martín y por ende llegar al 25 de Mayo. Lo quiero hacer, sería un placer infinito.

-Sos un vecino bastante activo en el barrio, de hecho te cruzo seguido en el supermercado. ¿Cómo ves a Villa Urquiza?

-No me gusta que se parezca cada vez más a Belgrano, pero culturalmente se está moviendo mucho. Los chicos que trabajan políticamente en la zona, entre ellos Pablo Ortiz Maldonado, uno de los comuneros, que es integrante de La Cámpora, lo hacen muy bien. Me gustaría que se les diera un poco más de manija a los clubes de barrio, que pueden ser los grandes contenedores de la juventud.

-¿Qué pensás de la demorada llegada del subte y del tironeo que hubo entre la Nación y la Ciudad por este tema?

-Las estaciones están hechas desde hace años, Macri no tiene perdón por haber demorado su inauguración. Yo analicé el presupuesto aprobado por el Gobierno de la Ciudad y allí planteaba vender el Mercado del Plata para financiar obras en Barracas, cuando no es necesario. Tampoco necesita sacar un crédito para ampliar el subte, sobre todo cuando hay enormes partidas de dinero que no se ejecutan durante el año.

-¿Hay alguna cuestión social que te preocupe? Por ejemplo, ¿creés que la seguridad es un problema real o una sensación?

-La mejor manera de combatir la inseguridad es con educación y cultura. Si el chico en vez de estar tomando cerveza en un zaguán está leyendo o practicando deporte en un club la cosa empieza a cambiar. Sí podés tomar medidas preventivas, como mayor presencia policial, pero hay que solidificar los valores que mantienen a la sociedad. ¿Qué es ser un hombre? ¿Un tarado vestido de negro con tres teléfonos en la mano no conectándose con el mundo que te rodea? Ser un hombre implica otra cosa: armar una familia, tener un proyecto de vida, realizar tu vocación. Se transmite la imagen del triunfador, del tipo al que miden por el auto que se compró o la modelo que tiene al lado. Yo siempre digo que el verdadero éxito se mide de la puerta de tu casa para adentro. Lo de afuera es circunstancial.

-¿Si Rosas viviera sería kirchnerista o peronista ortodoxo?

-Sería un peronista que apoyaría el proyecto nacional. Lo que pasa es que el peronismo es tan abarcador que adentro puede haber gorilas y reaccionarios como grandes progresistas. Pero el verdadero peronismo tiene que apoyar este proyecto.

-¿Tu postura ante el modelo es de fervoroso apoyo o tenés algún reparo?

-Yo lo apoyo integralmente, las críticas las hago para el adentro. Cualquier argumento que le das a la oposición es agrandado. Fijate lo que pasó con Ricardo Darín.

 

“Laudonio creyó en mí”

Para que Edgardo Nieva pudiera convertirse en José María Gatica fue necesario primero conocer a Abel Laudonio, otro vecino de Villa Urquiza. “El entrenó a mi amigo Adrián Ghío cuando hizo El pibe de oro, una obra en el Teatro San Martín. Al enterarse de mi interés en componer a Gatica, Adrián me sugirió que fuera a ver a Abel en su gimnasio de Agronomía. Fue el primero en marcarme el ABC del boxeo, entre los años 1987 y 1988. Me explicó lo que significaba ser boxeador”, recuerda Nieva, quien define a Laudonio como un tipo de familia, puro corazón. “A mí no me cobraba nada por enseñarme y eso que yo era un loco que decía que iba a actuar de Gatica sin siquiera haber hablado con Leonardo Favio. Abel fue uno de los primeros que creyó en mí”.

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