Las bibliotecas barriales siguen vivas

Pese a los avatares económicos, las bibliotecas populares siguen luchando por modernizarse y ofrecer mejores servicios a los vecinos. Su tímida arquitectura, en algunos casos colonial, intenta adaptarse a los requerimientos del futuro, a fin de brindar una forma distinta de soñar y crecer. Los ejemplos de nuestros barrios.

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

(Edición del Mes: 8 Año: 2008 )

Pese a los avatares económicos, las bibliotecas populares siguen luchando por modernizarse y ofrecer mejores servicios a los vecinos. Su tímida arquitectura, en algunos casos colonial, intenta adaptarse a los requerimientos del futuro, a fin de brindar una forma distinta de soñar y crecer. Los ejemplos de nuestros barrios.

Alguna vez se dijo que la televisión mataría al cine, pero nada de eso sucedió. Años después la amenaza fue a través del videoclub, que si bien produjo algunos cambios en los hábitos de la sociedad no ha podido con el séptimo arte; éste sigue gozando de buena salud. Una situación similar atraviesan nuestras bibliotecas barriales. La llegada de Internet, los ciber y los libros digitales ha provocado distintas transformaciones, aunque estas nuevas herramientas se están incorporando a las salas de lectura.

Equívocamente hay quienes piensan que la única función de las bibliotecas del barrio es el préstamo de libros, pero también sabemos que en estos focos del saber se realizan múltiples funciones que muchos vecinos desconocen: charlas, conferencias, encuentros literarios, seminarios sobre prosa y poesía y talleres de historia. En varias de las bibliotecas se dictan además otras actividades recreativas, que van desde cursos de idioma, música y canto hasta clases de gimnasia y yoga. También interactúan con otras entidades barriales, como las juntas históricas, las asociaciones vecinales y demás organismos en pos de una mayor integración e identidad para la comunidad barrial.

De todas formas, falta mucho por hacer. Para que todo este emprendimiento no se detenga y siga creciendo, estas instituciones necesitarán de mayores aportes tanto privados como estatales. No sólo para su manutención cotidiana si no también para las adaptaciones edilicias que permitan eliminar las barreras arquitectónicas que aún hoy existen, permitiendo de esta forma la participación de todos.

El paradigma de las bibliotecas

La Biblioteca Nacional, a pesar de todas las dificultades que hoy padece, ya que no puede escapar a la realidad del país, sigue siendo arquitectónicamente el modelo ideal para cualquier otra biblioteca del país. Nació en 1810 y su primera sede estuvo en la Manzana de las Luces, más precisamente en la esquina de Moreno y Perú. Hacia finales del siglo XIX la biblioteca obtuvo su edificio propio en la calle México 564, construcción que iba a ser destinada para la Lotería Nacional. A lo largo del tiempo la edificación fue quedando apretujada para sus funciones, por lo tanto en 1960 se realizó un proyecto para la nueva sede en el predio comprendido por las calles Austria, Libertador, Agüero y Las Heras. Obra de los arquitectos Clorinda Testa, Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga, la construcción recién quedaría habilitada en 1993.

La fachada del edificio muestra su singular estilo brutalista, expresión que tiene sus orígenes en el término francés béton (hormigón crudo), auge estilístico que va desde 1950 hasta los años 70 aproximadamente. El volumen principal de la obra se apoya sobre cuatro patas de hormigón, las cuales se entierran en la ondulante barranca verde. A pesar de las adaptaciones que se realizaron al proyecto original, este sigue siendo un edificio funcional debido principalmente a la flexibilidad del diseño. Esa elasticidad proyectual le permitió a la obra un crecimiento continuo -la mayor parte construida se encuentra semienterrada, con la posibilidad de seguir creciendo- que se refleja, por ejemplo, en la plaza de lectura agregada a posteriori. Inclusive por estos días se propone anexar al sector un nuevo pabellón, que se transformaría en el museo del libro.

Las bibliotecas populares son parte de las instituciones vecinales que ayudan a enfatizar la identidad de nuestros barrios. Si bien poseen una arquitectura menos ostentosa que la ya mencionada Biblioteca Nacional, no dejan de cumplir con el fundamental aporte a la educación y la cultura de los vecinos del barrio. En el futuro, la arquitectura de estas bibliotecas deberá crecer y acercarse a los sueños de los vecinos.

De estilo colonial

La necesidad de darle identidad y cultura a los barrios fue lo que llevó a crear aquellos focos del saber. Así, por ejemplo, nació la biblioteca Pueyrredón del Sur. Ubicada en Bolivia 4801, es de arquitectura italianizante, fue realizada en 1927 y guarda el sutil lema que dice “la biblioteca se nutre del barrio y el barrio de la biblioteca”. En el mismo barrio se encuentra la Biblioteca General Pueyrredón, llamada por los vecinos “la casita de Tucumán” por su semejanza estilística -colonial- con la Casa de la Independencia. Se encuentra en Cochrane 2334 y fue construida en 1915.

Un caso singular es el de la Biblioteca Bartolomé Mitre, ubicada en la Estación Coghlan. Se inauguró en 1967 y alguna vez la mencionamos como una rareza arquitectónica, ya que fue la primera en el mundo instalada en una estación ferroviaria. En 1991, de un plumazo, el edificio fue cerrado y sus libros apilados en la vieja usina del ferrocarril. Finalmente, las gestiones llevadas a cabo por la Asociación Amigos de la Estación Coghlan lograron primero la recuperación del recinto y luego la reapertura de la biblioteca. Esta fue remodelada y cuenta ahora con más de 3.000 volúmenes.

La decisión de organizar una biblioteca para chicos, jóvenes y docentes motivó a mucha gente a ofrecer su colaboración, materiales y dinero. “A medida que la tarea crecía nos encontramos con la necesidad de obtener una mayor cantidad de recursos humanos y financieros para sostener esa iniciativa en el tiempo y elaboramos un proyecto para presentarlo en fundaciones y organizaciones relacionadas con el libro, la lectura, la educación y la cultura”, sostiene Dora Young, integrante de la asociación civil a la que pertenece la biblioteca. Como parte del sueño de los vecinos, quizá la vieja usina de Coghlan, ubicada a metros de la estación y hoy abandonada, pueda en un futuro no muy lejano formar parte de un interesante proyecto cultural.

Seguramente muchos desconozcan que en Villa Urquiza existe una de las bibliotecas populares más completas del país. La Domingo Faustino Sarmiento, de rasgos coloniales en su fachada, está ubicada en la calle Bucarelli 2583 y hoy cuenta con más de 80.000 volúmenes de los más diversos temas. Originalmente era conocida como Biblioteca Popular Del Carmen, cuando funcionaba en la actual calle Roosevelt, pero a partir de 1917 se le otorgó su actual nombre y se trasladó luego a su sede actual.

Durante los años 20 en Parque Chas, cuando el lugar era casi un descampado con calles de tierra y en donde abundaban los basurales y roedores, se creó por iniciativa de los vecinos del barrio la Biblioteca El Resplandor, más conocida como SABER, ubicada actualmente en la calle Llerena 2727. Y en Saavedra funcionan la bibliotecas Barrio Mitre (Correa 3930) y Cornelio Saavedra (Crisólogo Larralde 6293).

Como corolario, y parafraseando aquel lema difundido en Metrópolis, película expresionista realizada por Fritz Lange en 1926, “el mediador entre el cerebro y la mano ha de ser el corazón”. Este apotegma puede aplicarse a nuestras bibliotecas populares, parte del corazón de nuestros barrios.

Comentarios Facebook
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •