Los mosquitos invaden el Parque General Paz

Este importante pulmón de Buenos Aires presenta un estado lamentable desde hace varias décadas. El lecho de lo que alguna vez fue un espejo de agua hoy está seco y en los charcos de lluvia se reproducen, en cantidades, las larvas de este molesto insecto. No obstante, desde el Gobierno de la Ciudad aseguran que en los grandes espacios verdes sólo conviven variedades silvestres que no transmiten el virus del dengue.

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(Edición del Mes: 1 Año: 2010 )

Este importante pulmón de Buenos Aires presenta un estado lamentable desde hace varias décadas. El lecho de lo que alguna vez fue un espejo de agua hoy está seco y en los charcos de lluvia se reproducen, en cantidades, las larvas de este molesto insecto. No obstante, desde el Gobierno de la Ciudad aseguran que en los grandes espacios verdes sólo conviven variedades silvestres que no transmiten el virus del dengue.

Pastos crecidos. Bancos rotos. Ramas y árboles caídos desde hace meses. El lecho de lo que alguna vez fue un lujoso lago ahora es un basural o, en el mejor de los casos, una pista de skate o bicicleta. En este estado de descuido se encuentra el Parque General Paz, ubicado en Crisólogo Larralde y Aizpurúa, barrio de Saavedra. Dentro del espacio verde funciona el Museo Histórico de Buenos Aires “Brigadier General Cornelio de Saavedra”, que en conjunto fue durante muchos años un referente de esparcimiento y cultura. Pero hace varias décadas perdió ese esplendor que lo caracterizaba hasta caer en el abandono que le dedicaron las sucesivas administraciones comunales.

El Lic. Alberto Piñeiro, a punto de cumplir de cumplir 20 años como director del museo, se muestra preocupado por el estado del parque y denuncia que el lecho en donde alguna vez estuvo el lago constituye, especialmente luego de las lluvias, “el criadero de mosquitos más importante de la zona norte”. Piñeiro explica que luego de la expropiación de las tierras a los descendientes de la familia Saavedra Zelaya, en 1941 la Municipalidad decidió trasladar el Museo Histórico de la Ciudad, que funcionaba en el centro porteño, a este predio. “Junto al museo se inauguró el parque con el lago, que pertenecía a la chacra original. El conjunto era sumamente atractivo, pero desde hace 30 años entró en un pronunciado proceso de deterioro”.

-¿Cuándo comenzó la decadencia del lago?

-En la misma época en que se abandonó la calesita, a fines de los años 70. Cuando era pibe venía a jugar a la pelota y el lago tenía agua. Pero que esté vacío ahora no significa que no se junte agua. Cuando llueve se forman charcos que, al quedar estancados, dan como resultado el mayor criadero de mosquitos de la zona norte de Buenos Aires.

-¿Por qué el lago dejó de funcionar como tal?

-En un primer momento se lo vació porque en verano se lo usaba como una pileta de natación y nadie podía garantizar que no hubiese vidrios rotos o elementos cortantes. Pero esto ocurrió hace 30 años…

Barrios de primera

A la hora de explicar las razones de esta decadencia, Piñeiro cree que simplemente se debe a que hay barrios de primera y otros de segunda. “Aquello que se ve más recibe mejor atención. El Parque General Paz está en la periferia de la ciudad y por eso no se le da tanta importancia. Tal vez sea un caso de chauvinismo mal entendido; al ser utilizado mayormente por vecinos de la provincia no lo valorizamos”, afirma el director del Museo Saavedra.

Por supuesto que cuando se deja de cuidar el parque surgen los inconvenientes que este abandono produce. “Es un criadero de mosquitos, algo preocupante en tiempos del dengue. La solución es sencilla: este lago debe tener agua y peces, sencillamente porque los peces se comen las larvas de los mosquitos. Además el lugar adquiriría un importante criterio estético. Pregunto, ¿cuál es el atractivo de los bosques de Palermo? En un artículo periodístico escribí que este parque era el Palermo del norte, aunque mucho más modesto”, compara Piñeiro.

-¿El lago abandonado es un lugar seguro?

-En realidad los chicos lo usan para andar en bicicleta y como pista de patineta. Desde luego, se junta mucha basura. Es una pena. La chacra original tenía patos y nosotros últimamente conseguimos unos cuantos que en su mayoría los dejaban los vecinos, pero nos atacaron dos jaurías que mataron a varios de ellos. A los que sobrevivieron los enviamos a Agronomía. Creo que un parque bien cuidado va a ser más seguro.

Las fotografías antiguas que ilustran las páginas 6 y 7 muestran un delicado equilibrio entre la vegetación y el lago, lo que otorga a la escena una sensación de placidez única. En la actualidad, el desordenado crecimiento de especies arbóreas -en muchos casos plantadas por los propios vecinos, sumado al penoso estado de abandono del sector donde estaba el lago- empalidece uno de los sitios más hermosos del barrio. “Si observamos las fotos de los años 50 descubrimos que en el entorno había una vegetación hermosísima que prácticamente ha desaparecido -explica Piñeiro con cierta desazón-. Recuperarlo no es muy costoso. Si este lago funcionó y embelleció la zona durante 60 años, ¿por qué no puede hacerlo ahora? Es lo mismo que le pasó a la calesita. Algunos cráneos propusieron rellenar el lecho del lago con tierra. Pero es más sencillo llenarlo de agua”.

El abandono de la zona provoca como consecuencia directa la disminución de gente paseando por el parque, lo que acarrea también una merma en la concurrencia al Museo Saavedra. “Un entorno agradable, disfrutable, facilita la llegada de público al Mueso, que depende mucho del parque”, sostiene Piñeiro. Para ejemplificar esta situación cuenta que en noviembre se cayó un ejemplar de eucalipto y todavía ningún operario del Gobierno de la Ciudad lo retiró. Además advierte del peligro que significan estas especies, “que se vienen abajo con facilidad”. El director del Museo Saavedra considera que no se necesita demasiado dinero para recuperar el parque: “Hace falta un poco más de jardinería, reponer especies que se han secado y organizar la intervención vecinal, que si bien es bienintencionada carece de criterio paisajístico. No es cuestión de plantar árboles; los parques tienen un trabajo profesional”.

-¿Cuánto hace que viene reclamando al Gobierno de la Ciudad la solución de estos problemas?

-Este es un tema de largo aliento. Los primeros reclamos los hicimos cuando Jorge Domínguez era intendente (N. de la R: 1994-1996). En esa época enviamos la primera nota. Varias veces estuvieron a punto de concretarse los ansiados arreglos, pero por nuestra historia económica siempre quedaron para otra oportunidad. A pesar de todo, hay promesas. Esperemos que cuando se normalice la situación le toque el turno a este parque. Yo soy optimista, pero mientras tanto hay que calmar la ansiedad.

Desde el Gobierno

Las lluvias y el calor de los últimos días favorecieron que la ciudad se llenara de mosquitos. Desde la Dirección General de Espacios Verdes admiten que se “observa un crecimiento de la población de los mosquitos silvestres por las condiciones climáticas, de lluvia y sol”. El mapa de riesgo de dengue identificó 5.277 manzanas de Buenos Aires con probabilidad de tener al mosquito transmisor de esa enfermedad, de las cuales 545 son las que tienen las mayores probabilidades. Ante esta situación, Daniel Sbora, director de Operaciones de Inspección de Higiene Urbana, dependiente del Ministerio de Ambiente y Espacio Público del Gobierno de la Ciudad, le confirmó a El Barrio que la comuna realiza en forma permanente trabajos de fumigación en plazas y parques.

“Pero hay que tener en cuenta que estos trabajos sirven para los mosquitos silvestres. El portador del virus del dengue, el Aedes aegypti, es un mosquito domiciliario que no vuela más de 150 metros. Por eso es muy importante la prevención y la colaboración de todos los vecinos. Nosotros podemos fumigar en las plazas, pero esta acción no elimina al mosquito transmisor del dengue. No porque no sea efectiva sino porque lo tenemos en nuestras propias casas. Por eso tenemos que tomar conciencia y mantener limpios objetos que acumulen agua como latas, neumáticos, macetas rotas y juguetes. Es importante renovar diariamente bebederos de animales y el agua de los floreros”, explica el funcionario.

En tanto, desde el Hospital Pirovano, la Dra. Cristina Piwen, jefa de Promoción y Protección de la Salud, confirma que hasta ahora no se han detectado casos de dengue en la Ciudad de Buenos Aires.

Los tiempos de Luis María

La Ciudad de Buenos Aires se caracteriza desde hace varias décadas por la falta de espacios verdes. Todos fueron cediendo lentamente ante las grandes moles de cemento, que hoy coronan a la Reina del Plata como una de las urbes más importantes de Sudamérica. Sin embargo, en la zona norte aún perduran dos grandes predios naturales que, a principios del siglo veinte, formaban parte de una chacra cuyo adinerado propietario era el sobrino de Cornelio de Saavedra. Cuando esas tierras fueron expropiadas para la construcción de la Avenida General Paz nacieron dos parques imponentes: el General Paz y el Saavedra. En el primero, además, trasladaron el Museo Histórico de Buenos Aires -al que bautizaron con el nombre del prócer de la gesta de mayo- a la casona de la estancia de su sobrino, Luis María Saavedra.

Los títulos de propiedad, que también se conservan en el Museo Saavedra, permiten conocer el proceso de adquisición por parte de Luis María Saavedra de los extensos terrenos en los que estableció su chacra. Los antecedentes del primer título de propiedad se remontan al 12 de noviembre de 1831, cuando Ezequiel Maderna vendió a don Christen Albertsen de Aroe, originario la isla de Aroe, Dinamarca, “una población de chacra con casa, corrales, hornos de ladrillo y sangeado que tiene y posee en unos terrenos situados en la Costa de San Isidro”, según describe textualmente el título de propiedad. Christen Albertsen de Aroe moriría asesinado en extrañas circunstancias. Tiempo después, su viuda Kirsten Albertsen y sus hijos otorgaron un poder a Gabriel Manuel Bilbergh, cónsul de Suecia y Noruega en Buenos Aires, con la cláusula de otorgar escritura de venta de los bienes.

El 23 de abril de 1863 Bilbergh transfirió todo el poder al vicecónsul de Suecia y Noruega, Pedro Ebbeke. Concluido este asunto, se resolvió un litigio entre el apoderado sustituto y Luis María Saavedra, a quien el Gobierno había concedido en arrendamiento la chacra de Albertsen de Aroe por creerse que el danés no tenía herederos. Dicho litigio finalizó con un arreglo entre las partes firmado el 17 de diciembre de 1863. Recién al año siguiente Luis María Saavedra adquirió la chacra “con su población y todo lo que a esta testamentaría pertenezca situado en esta Provincia en el Partido de San Isidro, hoy de Belgrano”. Los terrenos mencionados conformaban un rectángulo comprendido entre las actuales Avenida de los Constituyentes, Crisólogo Larralde, lo que hoy son las vías del ferrocarril (ramal a Bartolomé Mitre) y el arroyo Medrano, que corría en forma casi paralela a la ex calle Republiquetas hacia el norte.

El proceso de adquisición de la chacra culminó, luego de engorrosas sucesiones, el 13 de marzo de 1880. A fines del siglo diecinueve se construyó el casco de la estancia -en donde ahora se ubica el Museo Saavedra, con un diseño totalmente diferente del que tiene hoy en día- y el lago artificial con un puente, obra de Ventura Corbelle, un constructor de parques y jardines y especialista en trabajos rústicos de cemento armado. Para Alberto Piñeiro, el puente sufrió modificaciones porque en las fotografías más antiguas se observa claramente que no es el mismo. “Antes era de cemento armado y muy decorativo, pero como se debe haber deteriorado se puso uno de metal. Es una pena porque el original era lindísimo”.

De la chacra al parque

Al fallecer Luis María Saavedra, el 7 de enero de 1900, comenzó a declinar la actividad de la chacra. Se arrendaron varias hectáreas para ser explotadas como quintas de verdura y para remate de hacienda y reproductores. El resto de las tierras se dedicaban al pastoreo, favorecido por la existencia de buenas aguadas provenientes de importantes molinos; los restos de uno de ellos aún se conservan en el Parque General Paz.

Pocos años después de la muerte de Dámasa Zelaya, la viuda de Saavedra, el Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso con las firmas de Agustín P. Justo y Leopoldo Melo el proyecto de declaración de utilidad pública y de expropiación “de una superficie aproximada de 69 hectáreas de tierra, conocida como de Saavedra”, donde se señalaba que la Municipalidad ya tenía celebrado con los propietarios un convenio de compra. El proyecto se encaminaba a definir una orientación urbanística de previsión y reserva de tierra para necesidad del porvenir, mencionándose la imprevisión con la que se había actuado en ese sentido. El objetivo era impedir la parcelación y su inmediata edificación y su reserva para futuros parques y jardines.

El Lic. Piñeiro dice que la apertura de la Avenida General Paz fue el verdadero motivo de la expropiación, mientras que el resto de la ex chacra se iba a destinar para espacios verdes. “Pero con el paso de los años aparecieron la Embajada China, el CEMIC, el Parque Sarmiento y el Barrio General San Martín, por lo que el espacio verde original se redujo bastante”, observa.

-¿Qué utilidad tenía la chacra Saavedra Zelaya?

-Luis María Saavedra vivía en el centro y la utilizaba como casa de veraneo, pero también destinaba sectores para la siembra. Así que no era totalmente una quinta de fin de semana. Si vemos fotos de fines del siglo diecinueve se aprecia que es un lugar reconocible. Están la casa y el lago y el parque mantiene una estructura. Creemos que es fácilmente recuperable, lo único que pedimos es incorporar al lago al sector resguardado con rejas, para así recuperar el entorno. Reitero, no es muy difícil de conseguir. Si lo comparamos con el Parque Centenario, que en estos años tuvo dos o tres remodelaciones, el Parque General Paz hoy se encuentra abandonado.

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