Los vecinos de Coghlan luchan en varios frentes

La Asociación Amigos de la Estación Coghlan pelea por conservar la identidad del barrio. Esta vocación por defender lo propio intenta garantizar un estilo de vida elegido por los habitantes. Las obras que sufrieron daños irreparables y las que se encuentran en vías de extinción si el Gobierno de la Ciudad no rezonifica el lugar.

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(Edición del Mes: 7 Año: 2007 )

La Asociación Amigos de la Estación Coghlan pelea por conservar la identidad del barrio. Esta vocación por defender lo propio intenta garantizar un estilo de vida elegido por los habitantes. Las obras que sufrieron daños irreparables y las que se encuentran en vías de extinción si el Gobierno de la Ciudad no rezonifica el lugar.

Las asociaciones vecinales y sociedades de fomento son organizaciones no gubernamentales (ONGs) que se ocupan de la problemática barrial a través de la participación del vecino. A partir de 1994, con la reforma constitucional, se ha revalorizado la función que cumplen. Generalmente existe un gran desconocimiento sobre las labores que realizan estas entidades, las cuales desde hace varios años vienen trabajando en cada barrio de la ciudad.

Muchos de nuestros vecinos ignoran que son las encargadas de defender el espíritu y las raíces del lugar donde uno ha decidido vivir. Erróneamente se cree que sólo se ocupan de temas superfluos -de maquillaje, de efemérides y aniversarios- y se desconocen de esta manera sus verdaderas funciones. Afortunadamente podemos aseverar que cada vez son mayores las actividades que estas entidades realizan. Es esencial en sus funciones involucrar y hacer partícipes a los vecinos en las cuestiones que importan al barrio. Las asociaciones vecinales se transformaron, como bien se las ha definido, en el brazo largo que prolonga “la actividad política del Gobierno de la Ciudad” con una característica especial: la inmediatez e interrelación entre el vecino y sus representantes.

La Asociación Amigos de la Estación Coghlan (AAEC), que funciona en el barrio homónimo desde hace varios años, es un verdadero ejemplo de lucha y trabajo. Junto con diferentes entidades del Gobierno de la Ciudad, como la Comisión de Planeamiento y la Dirección de Patrimonio, intenta buscar soluciones tanto a los problemas cotidianos como a aquellos asuntos de mayor complejidad, que en muchos casos los vecinos desconocen. Temas como la preservación de la memoria y el patrimonio cultural del barrio, que equivocadamente pueden ser vistos como triviales, son el punto de partida por la lucha de la identidad barrial, es decir el valor en torno al que los hombres nos relacionamos e interactuamos con la geografía y con nuestros semejantes.

Justamente la pérdida de esa identidad -el término identidad proviene del latín identitas, es decir “lo que es lo mismo” o “ser uno mismo”- y la degradación del patrimonio cultural pueden ser el puntapié inicial de la destrucción de la esencia barrial. Es bien sabido que los prejuicios que pueden causar a una comunidad la indiferencia sobre el pasado terminan siendo letales para la sociedad misma.

Patrimonio en riesgo

En el caso particular de Coghlan están bien identificados cuáles son los valores patrimoniales de mayor importancia que se destacan en el lugar. Podemos comenzar mencionando la estación ferroviaria, de regular estado edilicio, y su entorno inmediato; todo el sector fue definido como Area de Protección Histórica (APH) por ser el casco fundacional del barrio. También hay que incluir aquellos edificios, calles y elementos urbanos que se encuentren en otros sectores de Coghlan y que poseen un valor sentimental, histórico o arquitectónico por reflejar la forma de vida y las costumbres típicas de este rincón de la ciudad. La intención de la AAEC va más allá de lo estético; busca también proteger el sentido de pertenencia, conocer a nuestros vecinos, la interacción con los clubes, las escuelas y los bares.

Coghlan es un barrio de clase media. Como dice la arquitecta Dora Young, presidenta de la AAEC, “no buscamos transformarlo en un country ni en un ghetto urbano: nos gusta la diversidad, es lo que le da vida y riqueza y le permite evolucionar y crecer en el buen sentido”. Si bien desde hace ya algunos años se viene trabajado en forma enérgica con respecto a temas como el de las áreas de protección históricas (pensemos que sólo un par de décadas atrás cuestiones referentes a la preservación sólo eran tomadas en cuenta para el centro de la ciudad, pasando a ser para los barrios una entelequia) aún quedan muchos temas pendientes que deberán servir para dar respuesta a la protección de nuestro patrimonio. Tanto los espacios como los componentes urbanos protegidos poseen características especiales en las que se destaca un legado del pasado, el cual no necesariamente debe ser remoto ni de líneas pomposas. Lo importante es que aporte un valor singular que identifique al barrio.

Es triste reconocer que desde que se realizó el relevamiento arquitectónico en Coghlan hay varias obras que han sufrido daños irreparables y otras tantas se encuentran en vías de extinción. Son bien conocidos los edificios más relevantes que hoy están en riesgo: el ex palacio Roccatagliata, del cual los mismos vecinos nos han advertido acerca de su posible desaparición; el bar La Armonía, ubicado en la esquina de Monroe y Roque Pérez, que perdió su fisonomía y arquitectura original; el Hospital Pirovano, con remodelaciones parciales en su interior que alteraron la obra original; la ex Villa Vicentina, de la calle Núñez; y la sub-usina de la Estación Coghlan, esta última en regular estado de conservación y con la incertidumbre de su destino.

Cruzada por la preservación

Ahora bien, sería muy sencillo creer que la solución pasa por catalogar la obra, maquillarla un poco, sacarle un par de fotos y listo. El tema es un poco más complejo y para ello entidades como la AAEC están haciendo una labor fundamental de concienciar sobre los problemas de protección. Justamente para poder preservar las obras la asociación inició la cruzada “Vecinos por Coghlan”. Juntaron firmas y presentaron varios pedidos al Gobierno de la Ciudad y a la Legislatura porteña para lograr la rezonificación de varias manzanas del barrio.

Un ejemplo claro de esto es lo que sucede con las casitas amarillas de la calle Washington, las cuales tienen protección patrimonial asignada por el Gobierno de la Ciudad pero no así su entorno. La falta de previsión está dañando indirectamente a este conjunto edilicio de singulares características, ya que en el predio lindero se está construyendo un edificio de más de cinco pisos que proyecta sombras y rompe con la armonía del lugar. La asociación lo ha denunciado desde un principio, pero lamentablemente no fue escuchada por nuestras autoridades. Así las cosas, los daños parecen ser irreparables.

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