Los ladrones del espacio público

Las
avivadas típicas del porteño llegan a límites impensados que atentan contra la
convivencia pacífica en la ciudad. El espacio que es “de todos” abarca tanto
veredas, como avenidas, autopistas y parques. Lamentablemente, muchos avasallan
la libertad de los demás y colocan objetos en la calle para reservarse un lugar
de estacionamiento.

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Las avivadas típicas del porteño llegan a límites impensados que atentan contra la convivencia pacífica en la ciudad. El espacio que es “de todos” abarca tanto veredas, como avenidas, autopistas y parques. Lamentablemente, muchos avasallan la libertad de los demás y colocan objetos en la calle para reservarse un lugar de estacionamiento.

Falta de sentido común

Un comercio “X” se apropia ad hoc del lugar para estacionar justo en la puerta de su local -cuando a su alrededor también hay muchos otros vecinos, comercios y particulares que pueden hacer uso libremente de ese tan codiciado lugar- y coloca desde muy temprano, y a lo largo de todo el día, sillas viejas, cajones de fruta, caballetes, tablones de madera, baldes con escombros o conos, entre otros objetos. Lo hace a la espera del transporte que tiene que descargar su mercadería y quedar luego estacionado ahí todo el día, o bien para aparcar vehículos varios -suyos o de sus clientes- con los que realiza su actividad comercial. Ni hablar cuando directamente los suben sobre la vereda.

Se trata de un lugar público pero que está “reservado” para sí por un particular, que no tiene ni ha gestionado previamente ningún tipo de permiso municipal especial. Por lo tanto, se transforma en una playa de estacionamiento para unos pocos privilegiados.

Los apropiadores del espacio público tienen que sufrir y soportar el estacionamiento como lo padece cualquier hijo de vecino que tiene que estar largos minutos buscando un lugar donde dejar su vehículo. Estas personas colocan sillas y conos y nadie con la debida potestad municipal les reclama ni reprocha por su actitud. Las únicas personas que tienen este derecho son aquellas con alguna discapacidad que han gestionado su permiso correspondiente para estacionar, al igual que las instituciones educativas o los centros médicos.

Los vecinos y conductores que se atreven a decirles algo a estos ladrones del espacio público -o que deciden quitarles sus elementos- muchas veces padecen situaciones de violencia y maltratos injustificados. Existen casos en lo que estas valientes personas, al regresar a su vehículo, lo encuentran dañado como consecuencia de una venganza.

Ocupación de veredas

Las veredas son, como todos sabemos, lugares públicos y de paso permanente de personas, sillas de ruedas, carritos de bebé, mercancías y mascotas. Es por ese motivo que deberían estar en estado óptimo para poder ser transitadas (N. de la R.: Este tema será tratado específicamente en los próximos números, ya que es una cuestión muy relevante para los porteños y pareciera que nunca va a tener una solución definitiva, sea cual fuere el gobierno de turno).

Las veredas tienen que estar liberadas, accesibles y sin ningún tipo de obstáculos. De esta manera se previenen accidentes, algunos de ellos potencialmente luctuosos. Desde hace muchos años, el Gobierno de la Ciudad -cuyas autoridades insisten en defender el tan escaso espacio público través de infinidad de campañas publicitarias- también lo invade en vez de encontrar soluciones prácticas.

Hay infinidad de casos puntuales y a la vista de todo el mundo. Por ejemplo, cuando apuntalan las veredas de viejas propiedades que tienen en su frente rajaduras muy peligrosas y severas de forma horizontal. Estas obras se realizan para sostener las pesadas paredes que están en riesgo de derrumbe y que conforman el frente de añosas casas y conjuntos de PH en nuestros barrios, pero dejan las veredas con poco espacio para circular y muy erosionadas.

El agrietamiento de las paredes se puede producir por las raíces de los árboles que se levantaron y rompieron los cimientos, por pérdidas de desagües de red y agua de lluvia o vibraciones de tránsito, sumado al paso de camiones y colectivos de gran porte. En otros casos, se dañan simplemente porque fueron construidas en su momento con ladrillos y mezclas de materiales que se transformaron en polvo por el paso de los años y que ya no resisten más su original función, al no tener la suficiente base de apoyo.

Como muchas veces las autoridades no se hacen cargo de este tema, los particulares deciden proceder a su eliminación o reparación con el riesgo que esto implica, tanto para ellos como para los transeúntes que circulan por el lugar. De más está mencionar los peligros de derrumbes que tienen estas obras.

Ejemplos

En el barrio de Villa Urquiza hay muchos casos puntuales de estas situaciones y las fotos demuestran la gravedad de las mismas. Las grandes estacas colocadas por la Guardia de Auxilio para reparar estas propiedades reducen muchas veces hasta el 50 por ciento de la superficie utilizable de las veredas. Además, afean el entorno barrial y muchas veces quedan en ese lugar sin ser retiradas por el Gobierno de la Ciudad ni por los propietarios responsables del inmueble. Simplemente yacen ahí, como mudos testigos de la decadencia con la degradación de los materiales y las propiedades.

En primer lugar, lo que habría que hacer es colocar las debidas estacas para prevenir accidentes en los frentes de los hogares. Luego, intimar al propietario a la remoción de la pared rajada dentro de un plazo prudencial. En caso de que los propietarios del inmueble no procedieran a realizar la obra correspondiente, o demoler el frente para reemplazarlo por otro, el Gobierno de la Ciudad debería actuar de oficio.

 

BUZÓN DE QUEJAS

Si tiene algún reclamo o denuncia escríbale a “El fiscal de las calles”. Puede hacerlo por carta a Av. Alvarez Thomas 3035 2º C, por fax al 4543-5728 o por e-mail a fiscal@periodicoelbarrio.com.ar. Su queja será publicada en esta sección.

Se solicita semáforo

A fines del año pasado envié un mail al Gobierno de la Ciudad para pedir que coloquen un semáforo en la Av. De Los Constituyentes y Quesada. Desde que se abrió el túnel, el tráfico se multiplicó de manera notoria y ya he visto varios accidentes: el 21 de diciembre a las 18 tuvo que intervenir el SAME en un hecho y con mi auto nuevo tuve un choque el 20 de noviembre, entre otros casos. El colectivo 140, además, pasa por Quesada para evitar el semáforo de la Av. Congreso, un verdadero desastre.

Desde el Gobierno de la Ciudad me respondieron que le daban curso a mi pedido, por el cual reclamé telefónicamente en muchas oportunidades. Finalmente me dirigí a la Dirección de Tránsito en Maipú 255, planta baja. Me derivaron al piso 12 y luego al 15 a ver al Sr. Osvaldo. Él me dijo que me traslade a Carlos Pellegrini 271, donde se encontraba el expediente sobre este tema, para ver al Sr. Nelson. Este señor me derivó con Graciela, quien conocía el pedido. Me dijo que esperara un rato para darme una respuesta. Al término de unos 15 minutos, finalmente me indicó que mi pedido no era prioritario. Le enumeré los siniestros ocurridos en ese lugar y le pregunté cuántos más tendrían que suceder para que se determinara que es prioritario.

En todo estas vos, pero no yo.

Carlos Dionisi
cardionisi@gmail.com

 

Baldosas del siglo XXI

Un camión recolector rompió las baldosas de mi vereda, por lo tanto lo mínimo que espero es que la reparen y coloquen baldosas. Sin embargo, pusieron un “parche” de cemento en la acera el 25 de febrero.

Según le dijo el responsable del trabajo a mi padre, no tenían más baldosas vainilla y por eso pusieron esa mezcla. Sin ir muy lejos, a cinco cuadras de mi domicilio, en el corralón de materiales de la calle Congreso entre Valdenegro y Miller, tienen esas baldosas a la venta. Entonces, ¿cómo una empresa contratada no las puede tener para hacer este tipo de arreglos? No es de exquisito: deben reponer lo que rompieron. Espero que mediante la gestión de la Comuna 12 se haga lo que corresponde hacer.

Claudio Fernández
canfac@hotmail.com

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