Por Luis Alposta
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Corría el año 35. Fue en un viejo club del barrio de Saavedra, en un festival en el que actuaban cantores y guitarreros de la zona. A Edmundo Rivero le tocó, entonces, acompañar a un zorzal con berretín de cantor que, previamente, le pidió ensayar el tango Margarita Gautier. Lo hicieron y, al llegar a la parte que dice “he traído el ramillete de camelias ya marchitas”, el cantor, en lugar de decir camelias, dijo “cameyas”. Rivero le hizo notar el error, pero el hombre, ofendido en su hombría, se limitó a responder que solamente un cantor maricón diría camelias en lugar de cameyas.

Álvaro Yunque me invitó más de una vez a comer “tallarines a la lunfarda”, que él mismo cocinaba. Cuando le pedí la receta, se limitó a decirme que el secreto consistía en recitar determinados versos “rantifusos” durante la preparación de la salsa. Lo creí entonces y aún hoy lo sigo creyendo.

El Maestro Osvaldo Pugliese, como premio a su trayectoria, fue invitado a tocar con su orquesta en el Teatro Colón el 24 de diciembre de 1980. Cuentan que en medio de la función, entre un tema y otro, una persona del público le pidió a viva voz uno de los tangos infaltable en su repertorio, diciendo:

-Maestro… ¡¡La Mariposa!! ¡¡Si lo tocás… me afilio!!

En una entrevista, en Roma, un periodista trataba de poner en aprietos a Jorge Luis Borges. Como no lo lograba, probó con algo que le pareció más provocativo:

-¿En su país todavía hay caníbales?
-Ya no -contestó Borges-. Nos los comimos a todos.

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