Mempo Giardinelli

El escritor Mempo Giardinelli es uno de los más conspicuos vecinos de Coghlan.

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(Edición del Mes: 8 Año: 1999 )

El escritor Mempo Giardinelli es uno de los más conspicuos vecinos de Coghlan.

Mempo Giardinelli

“COGHLAN ES MI REFUGIO PERSONAL Y LITERARIO”

Por Marcelo Benini

El escritor Mempo Giardinelli es uno de los más conspicuos vecinos de Coghlan. El autor de Santo Oficio de la Memoria, novela que le valió el Premio Internacional “Rómulo Gallegos”, habla de la entrañable relación que desde hace 16 años mantiene con el barrio y de la influencia que tuvo en su producción literaria. También hace una encendida defensa de la estación, a la que considera una “pequeña maravilla”.

-¿Desde cuándo vive en Coghlan y cómo llegó al barrio?

-Vivo frente a la estación Coghlan desde 1983, cuando volví del exilio en México. Unos amigos me ofrecieron la posibilidad de comprar un departamento y no lo dudé. Ya antes de irme a México había vivido en Vidal y Juramento y tenía claro que quería volver a estos rumbos.

-¿Qué diferencias y similitudes halla en Coghlan con respecto a su Chaco natal?

-Lo que más me gusta de este barrio es la gente, su amabilidad, la existencia de árboles y plazas y el cansino paso del tren. En general, Coghlan es uno de los pocos barrios de Buenos Aires en los que todavía hay una cierta vida provinciana. De hecho, aquí todavía las siestas son silenciosas. Puesto que yo vivo en el Chaco la mayor parte del tiempo, cuando vengo a Buenos Aires me encanta este barrio. No soportaría que mi parte de
vida porteña fuese en otro lugar.

-Por la experiencia de vivir forzosamente exiliado en México durante el Proceso, ¿qué valor le adjudica al hecho de pertenecer a un lugar?

-Pertenecer a un lugar es tener clara la identidad. De hecho, el barrio es la patria chica más chica de cada uno, casi una patria familiar. Y a mí me encanta que así sea, porque le da sentido a muchas cosas que hago. Pertenecer a una comunidad y trabajar para mejorarla es apelar a lo mejor de cada ser humano. La parte social de cada uno suele ser mejor que la parte más individualista, ¿no?

-¿Cuáles son, a su juicio, los principales atractivos de la zona donde reside? ¿Tiene algún encanto especial vivir frente a la estación?

-El principal encanto de vivir frente a la estación está en la arboleda, en el parque. Es un sitio clásico, precioso y tranquilo. No hay visitante que no se sienta maravillado de este pulmón insólito en la ciudad. Más aún, el encanto también está en la defensa que hacemos todos de esta estación. Como se sabe, no faltan los “modernizadores” que pretenden destruirla. Son los mismos que cortan árboles, que pavimentan adoquinados, que queman reservas ecólogicas, que quieren currar con el Aeroparque y tanto más… Es tarea nuestra no permitirles que sigan destruyendo una ciudad tan personal y bella como es Buenos Aires. Y, dentro de ella, esta estación es una pequeña maravilla. Nuestro orgullo también ayuda a preservarla.

-Durante varios años editó una revista literaria, Puro Cuento, que tenía su redacción y administración en Manuel Ugarte y Estomba. ¿Cómo valora esa experiencia, más allá de su fracaso comercial?

-Mi revista Puro Cuento fue, en cierto modo, un sinónimo de Coghlan y yo siempre me sentí muy orgulloso de ello. La gente, los lectores, sabían que no estábamos en cualquier lado y eso me resultaba muy grato. Claro, fueron circunstancias económicas desdichadas las que me forzaron al cierre y eso es harina de otro costal. Es la cuenta que me deben Erman González, Cavallo y el maldito “modelo” que adora el presidente Menem y que viene destruyendo a la Argentina.

-¿Influyó de alguna manera el barrio -con sus olores, sonidos, paisajes y personajes- en su producción literaria o la vena creativa de un escritor surge de una cantera mucho más profunda? ¿Cuáles de sus obras más conocidas se gestaron en Coghlan?

-El barrio influyo en mi obra, por supuesto, aunque más lo hizo el Chaco, que es el ámbito natural de mi producción literaria. Coghlan es escenario de no pocas de mis narraciones y de hecho varios de mis cuentos y novelas están fechados expresamente en este barrio. Particularmente, creo que el barrio “se ve” en varios pasajes de mi novela Santo Oficio de la Memoria.

-A la hora de salir a comer, pasear o hacer compras, ¿qué lugares prefiere?

-Debo confesar que para mi Coghlan es más bien un refugio, personal y literario. Voy desde hace años al mismo mercadito de la esquina de Naón y Ugarte, a la misma farmacia, al mismo restaurante de la esquina, al mismo precioso bar de Congreso y Estomba. Y me encanta sentarme a leer el diario en la estación y caminar por el parquecito que tenemos, bajo ceibos y plátanos.

-¿Por qué decidió volver a Chaco y vivir alternadamente entre sus pagos y Coghlan?

-Porque amo al Chaco y a Coghlan, que son mis dos lugares en el mundo.

BREVE PERFIL DE UN ESCRITOR

Mempo Giardinelli reside en un departamento del barrio de Coghlan desde hace 16 años. Nacido en Resistencia, Chaco, en 1947, debió exiliarse en México durante la dictadura y allí se formó como escritor. Fue periodista y amigo de Osvaldo Soriano. Publicó, entre otros libros, La revolución en bicicleta (1980), Luna caliente (1983), Santo Oficio de la Memoria (1993), El país de las maravillas (ensayo, 1998), Cuentos completos (1999) y El décimo infierno (1999). Entre los años 1986 y 1992 editó Puro Cuento, una revista bimestral desde la que difundió las obras más representativas del género. En 1983 recibió el Premio Nacional de Novela en México y una década más tarde el VIII Premio Internacional “Rómulo Gallegos”, valiosísima distinción que en su oportunidad recibieron escritores de la talla de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Arturo Uslar Pietri. En 1990 volvió a vivir en el Chaco, aunque alterna esa residencia con la de Coghlan.

ANTE TODO, UNA GRAN PERSONA

Siendo un adolescente con ínfulas literarias, este redactor encontró en la revista Puro Cuento el estímulo de quienes la hacían para pulir el estilo e intervenir en concursos. Ya periodista tendría la suerte de conocer a su editor y mantener varias charlas con él. Esa circunstancia le permite afirmar que es uno de los más atentos protagonistas que ofrece el escenario cultural. Lejos de la distancia, las respuestas mecánicas y la impostura que suele generar el renombre, Mempo se muestra como un verdadero caballero cada vez que es requerido por la prensa. Incluso -como en este caso- cuando se halla escaso de tiempo ante los múltiples compromisos que debe atender, ya que su vida actual transcurre entre el Chaco y Buenos Aires. Cortés y respetuoso del tiempo ajeno, al punto de devolver todos los llamados que recibe en su contestador telefónico, desde el anonimato muestra su nobleza ante las peticiones de los semejantes; por ejemplo donando libros de su autoría para ser entregados como premios en un concurso literario. Sin duda, se trata de un gran escritor. Pero, ante todo, de una gran persona.

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