Mientras dure el aislamiento, en Villa Urquiza Cantina Bruno cocina para vos

El típico bodegón de barrio ofrece, bajo la modalidad de delivery, un menú con sabores exclusivos que te transportarán al Mediterráneo.

Desde el 20 de marzo, cuando entró en vigencia el Decreto 297/2020, rige en el país un estricto aislamiento social, preventivo y obligatorio para hacer frente a la pandemia de Coronavirus. La medida se extenderá al menos hasta el 13 de abril y por tal motivo la mayoría de los comercios, salvo supermercados y farmacias, permanecerán cerrados.

En ese contexto, los locales gastronómicos sólo están autorizados para realizar delivery de comidas. Uno de los tantos que debió adaptarse a esta emergencia sanitaria, acaso el más tradicional de Villa Urquiza, es Cantina Bruno, ubicado en Pedro Ignacio Rivera y Cullen. Si a esta altura de la cuarentena estás aburrido de comer pizza y empanadas, el clásico bodegón de barrio es la solución. Con más de 60 años de trayectoria atendiendo a los paladares más exigentes, ofrece -bajo la modalidad de delivery- un menú con sabores exclusivos que te transportarán al Mediterráneo.

La especialidad de la casa son las pastas y los frutos de mar. Cintas negras con gambas; penne, fetuccia o agnelottis rellenos con pulpo y langostino, que pueden ir acompañados con salsa de gamba, crema de salmón, langostinos al champaña o mariscos; abadejo Dolce Victoria a la crema de malbec con navajuela y mejillones; y la pesca del día, un filet de pescado a la portuguesa con langostinos, aceitunas y papas españolas, sobresalen dentro de una carta típicamente italiana. Algunos de estos platos son ideales para compartir. Para el postre Cantina Bruno te recomienda el Tiramisú, una delicia a base de biscoti, mascarpone y café, con maridaje de Saint Felicien Semillón Doux.

 

Acerca de la Cantina
En una época en donde las calles eran de tierra y Villa Urquiza se asemejaba a un descampado, un inmigrante italiano tuvo la idea de crear un bar de paso para alimentar a los trabajadores de las fábricas de la zona. Ese hombre fue Pedro Pablo Bruno, quien el 6 de julio de 1957 compró un local en Ceretti y Cullen -considerado la primera pulpería del barrio- e instaló la Cantina Bruno (“bodega negra u oscura”, en italiano). El restaurante diariamente convocaba a los empleados de la cigarrería Avanti, Simplex, Algodonera Urquiza y algunas industrias de San Martín, que contribuyeron decisivamente en la expansión y desarrollo de la zona.

En 2017 Diego Pérez, que conducía el ciclo gastronómico “Pantagruélico”, invitó a su colega Alejandro “Huevo” Müller a comer al tradicional bodegón de Pedro Ignacio Rivera y Bucarelli.

Años después, la cantina se mudó a su ubicación actual, la esquina de Rivera y Bucarelli, siempre conservando la impronta que marcaron Pedro Bruno y su esposa, Ángela Guerra. Ranas, caracoles, rabas, calamaretis y cintas negras amasadas con tinta de calamar son algunos de los platos que engalanan una carta típicamente tana. “Cantina Bruno nació dándole de comer a la clase obrera y fue aggiornándose a medida que el barrio se desarrolló”, cuenta Pablo Bruno, administrador del local y nieto del fundador. Criado en Ceretti y Pedro Ignacio Rivera, donde vivía su abuelo, comenzó a trabajar en el local gastronómico pasados los 20 años. Hoy lo acompañan su madre Rosa, su hermosa familia y los colaboradores de siempre. También está el recuerdo imborrable de su papá, Juan.

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