Nostalgias de Bramanti, a siete años de su cierre

La tradicional librería de Saavedra bajó sus persianas en 2013, ocho décadas después de su inauguración. El mismo año corrieron idéntica suerte en Villa Urquiza “La Dorita” y “Bautista”.

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El 2013 fue un año fatal para las librerías más tradicionales de la Comuna 12. A los cierres de La Dorita y Bautista en Villa Urquiza se agregó el final de Bramanti, ubicada en Av. Ricardo Balbín y Plaza.

El local de Saavedra bajó definitivamente las persianas el 30 de marzo de 2013, después de 80 años de trayectoria. La familia propietaria, de apellido homónimo, decidió desprenderse del comercio debido a la realidad de los números. Sin embargo, ante cada comienzo de clases Bramanti reaparece en forma de recuerdos.

Situada a pasos de la estación Saavedra, era uno de los negocios más antiguos del barrio. Su extensa trayectoria se remonta a 1933, cuando Pedro Pablo Bramanti, “Pierino”, un inmigrante europeo nacido en el pueblo italiano de Canedo, fundó el comercio en la entonces Avenida del Tejar 4014, sitio del que nunca se movió. Hacia 1940 ya se había consolidado como comercio dedicado a libros y cigarrillos. En una época también se vendían billetes de lotería.

“Si no está en Bramanti, no está en ningún lado”, era un dicho que circuló en décadas pasadas para elogiar el surtido del local.

Con el paso del tiempo, la dimensión del establecimiento creció. A sus rubros específicos incluyeron el de librería artística y librería comercial. En tiempos prósperos acudían en tropel las madres de los niños que asistían a los colegios de la zona. También llegaban compradores de los barrios cercanos, porque allí se conseguían aquellos títulos y elementos de dibujo que se habían buscado sin resultados en otras tiendas. “Si no está en Bramanti, no está en ningún lado”, era un dicho que circuló en décadas pasadas.

Pedro Pablo Bramanti, “Pierino”, un inmigrante europeo nacido en el pueblo italiano de Canedo, fundó el comercio en la entonces Avenida del Tejar 4014

La librería atesora una parte del invalorable patrimonio espiritual del barrio. Por el colorido salón han desfilado personalidades de la talla de José María Gatica o Roberto Goyeneche, quienes se acercaban a comprar cigarrillos antes de entrar en alguno de los bares aledaños que estas figuras acostumbraban frecuentar.

Desde su cierre, hace ya siete años, el local permanece con la persiana baja. Aunque su nombre y el año de fundación, milagrosamente, resistieron el paso del tiempo. Como si nunca se hubiera ido de Saavedra.

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