Desde hace largo tiempo este periódico viene desarrollando un entretenido juego de carácter cultural, que es una forma de descubrir los barrios de la Comuna 12 y sirve para valorar nuestro patrimonio. Aprovechamos para conocer construcciones porteñas que pasan desapercibidas a nuestros ojos y tienen diferentes escuelas y diseños.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Desde hace más de una década nuestro periódico viene realizando un entretenido concurso llamado Enigma Fotográfico. Muchos lectores de la Comuna 12 se interesan por el tema y compiten mes a mes para ver quién descubre primero el acertijo. El juego no sólo entretiene, sino que además nos permite conocer un poco más nuestros barrios y su carácter cultural. Así vamos desenmascarando los distintos rincones, que muchas veces pasan desapercibidos a nuestro paso. Requiere del ejercicio de observar nuestras calles y sus edificios al salir de casa, pero principalmente nos obliga a tener una mirada más aguda de nuestro entorno.
El descubrir los barrios también es un primer camino para terminar por descubrir el resto de la ciudad en la que a diario transitamos. La gimnasia de observar nos lleva a romper con los límites de entender solamente la casa que habitamos. Por otra parte, si esta acción de reconocer lugares la asociamos con el patrimonio y la protección de los bienes culturales, bien vale la ecuación enunciada alguna vez por el arquitecto y especialista en patrimonio Enrique Hardoy, quien afirmaba: “Solo se valora lo que se conoce, solo se cuida lo que se valora”. Este aprendizaje sobre nuestros barrios y cada uno de sus lugares nos ayuda también a empezar a valorar el patrimonio que tenemos.

Juguemos en la ciudad
Esta forma divertida de conocer el barrio se podría trasladar a cualquier parte de la ciudad, ya que no cabe duda de que las incógnitas porteñas muchas veces pueden pasar desapercibidas ante nuestros ojos y vale la pena descubrirlas. Recuerdo que hace ya varios años, mirando hacia los tejados de la ciudad, descubrí una escultura de Cristo llevando una cruz en las techumbres de la Abadía de San Benito, de Palermo. Solo, desde el colectivo en el que viajaba, pude vislumbrar semejante imagen, que de seguro pasa inadvertida a la vista de muchos. Es que cada vez más la gente está ensimismada en sus problemas, además de compenetrados en sus celulares, lo que no les permite descubrir y apreciar algo interesante que pueda haber en el paisaje urbano.
Hace poco tiempo, en una de las ediciones pasadas, mencionamos el descubrimiento del monumento a la coima, único en el mundo, que como no podía ser de otra forma está en nuestra ciudad. Es una de las dos esculturas de líneas Déco que se encuentra ubicada en uno de los ángulos del segundo piso del ex Ministerio de Obras Públicas. Si bien está en el centro de la Ciudad, al alcance de todos, muchas veces pasa inadvertida al transeúnte. Allí la figura en piedra, con la posición para recibir con una de sus manos y la mirada cómplice, lo dice todo.
También próximo al Obelisco, en la calle Carlos Pellegrini, sobre la terraza de un edificio con acceso por la calle Sarmiento, nos encontraremos al alzar con un chalet de tipo pintoresquista que sorprende a cualquier observador. Este fue mandado a construir en 1927 por un inmigrante español, dueño de la afamada firma “Muebles Díaz”, quien decidió levantar un chalet típico marplatense en pleno centro porteño.
En la calle Hipólito Yrigoyen 2570 nos encontramos con otra excentricidad arquitectónica, obra del arquitecto Virgilio Colombo. El edificio es uno de los mejores modelos de Art Nouveau italiano, llamado Liberty, que se pueda ver en la ciudad. El detalle es que su frente está cubierto por unas 35 esculturas con diferentes motivos, predominando los ángeles y las cariátides, figuras femeninas que actúan como ménsulas que soportan balcones y cornisas.
El edificio hace poco tiempo fue puesto en valor, lo que ayuda a la visualización de las distintas imágenes que antes se hacían difíciles de descubrir. También es del arquitecto Colombo el Pabellón para el Centenario de la Revolución de Mayo. Erigido en 1910, se encuentra emplazado en terrenos que pertenecieron hasta hace poco tiempo al Regimiento de Patricios, ubicado en Palermo. Se lo puede ver desde la terraza del shopping aledaño, ya que aparece medio oculto entre las construcciones circundantes. El serio estado de abandono actual lo muestra como una verdadera ruina pero, afortunadamente, la Legislatura porteña aprobó su recuperación en noviembre pasado. A pesar de su deterioro, no deja de reflejar la belleza arquitectónica de otros tiempos y está a la espera de una refacción, para seguir formando parte del patrimonio porteño.
Otra rareza se puede observar desde la esquina de Ramón Falcón y Miralla, oculta por una lona verde que cubre su techo: la calesita ubicada en el patio de una casa particular. Es la única de la Ciudad que se encuentra dentro de una vivienda y la más antigua. Tiene los animales y autitos de madera originales realizados en 1920 y aún sigue funcionando.
A nivel urbanístico, también podemos descubrir algún que otro enigma. Por ejemplo entre las calles Mitre y Perón se esconde el pasaje Rivarola, con la particularidad de tener una simetría axial, o sea las fachadas de uno de sus lados son exactamente iguales a la opuesta y se ven como en espejo. Esto es algo único dentro del trazado porteño. Así también hay ejemplos casi imposibles de detectar, si no es desde una terraza o con en el Google Earth. Por ejemplo sucede con el diseño urbano del Cementerio de la Recoleta, que desde las alturas forma la figura de un Crismón, un elemento gráfico que simboliza el nombre de Cristo en lengua griega. De la misma forma, el barrio conocido como Ciudad Evita tiene la singularidad de formar el perfil de la misma Eva Duarte si se lo mira desde arriba.

En Aizpurúa 3338, Villa Urquiza, donde funciona una residencia geriátrica, predominan elementos del colonial español y se destaca la teja muslera.

Enigma estilístico
Los enigmas del barrio ya fueron descubiertos por nuestros lectores, que mes a mes salen en búsqueda de estos detalles urbanos ocultos en la ciudad. Por eso en este espacio trataré de referirme a los enigmas estilísticos, ya que cada edificio guarda distintos secretos en sus diseños. Muchas veces son mezclas de diferentes estilos y hasta en algunos casos tiene que ver con la libre interpretación y el aporte estilístico de los albañiles frentistas, que aparte de sus conocimientos aplicaban sus propios gustos.
Empecemos por Villa Batistina, una casa ubicada en Cabildo 4656, Saavedra, de aspecto señorial, con ciertos rebusques estilísticos de tipo académico dados por su frente, donde se conjugan un importante pórtico o atrio, enmarcado por dos columnas con capiteles que no responden a un estilo determinado, sino que son una mezcla de formas. A esto se suma el ornamento del frente y los balaustres del cornisamento, que le dan cierta jerarquía a una casa que sin estos detalles pasaría inadvertida.
En la esquina de Condarco y José León Cabezón, Villa Pueyrredon, se levantó hace ya muchos años un edificio de carácter pintoresquista. Se trata de una casona que evoca otros tiempos, del romanticismo, y que nos acerca a la arquitectura inglesa de zonas periurbanas. También mantiene el mismo estilo la construcción ubicada en Aizpurúa 3734, que se encuentra algo escondida entre el verde del Parque General Paz en el barrio de Saavedra. Antiguamente, este chalet de techos de tejas y paredes revocadas en blanco pertenecía al cuidador del parque.
En la calle Valdenegro 3470, en Villa Urquiza, podemos ver un edificio donde funciona un instituto educativo. La obra es de curiosas líneas estilísticas, ya que se combina la típica arquitectura italianizante con un detalle de acceso, donde aparecen elementos clásicos como un tímpano triangular debajo del cual se encuentra un friso (dintel donde luego apoya la columna) con relieves de libre interpretación. Sobre éste se apoyan cuatro columnas con capitel jónico, dos por lado, enmarcando el acceso.
Con elementos Art Déco se viste el edificio que alberga a la panadería La Flor de Pueyrredon, de Escobar esquina Zamudio (foto de portada). Son fáciles de identificar las líneas verticales y los detalles de balcón y puerta de acceso, que junto a los chaflanes en las aberturas caracterizan a este estilo.
En esta ensalada estilística también tenemos una obra neocolonial, o mejor dicho una interpretación de la misma. Se encuentra en la calle Aizpurúa 3338, en Villa Urquiza, donde funciona una residencia geriátrica. En la obra predominan elementos del colonial español, donde se destacan la teja muslera y las tonalidades en ocres y blancos, que son propios de este estilo.
Y llegó también la posmodernidad, ejemplificada en el edificio de Juramento 4169, que parece una versión actualizada de la primera arquitectura posmoderna. Está caracterizada desde el exterior por la doble piel de su fachada, aunque también se puede identificar algún rasgo metabólico de sus formas.
Sin lugar a duda, la arquitectura de nuestros barrios es un mundo entremezclado de estilos, que se muestran como si estuviéramos en un gran baile de máscaras.

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