Periodistán, el cronista de viajes que evita los lugares comunes

Fernando Duclos es periodista. Recorrió África con una mochila y convirtió esa experiencia en libro. Recientemente hizo lo propio con la Ruta de la Seda y compartió sus vivencias a través de Twitter.

Por Nicolás Roncoroni
correo@periodicoelbarrio.com.ar

 

La pandemia mundial por Coronavirus produjo cambios de todo tipo en la sociedad. Desde las variantes en la higiene hasta los festejos de cumpleaños vía Zoom. Permitió que muchos descubran el significado de la palabra influencer o lo divertidos que son los videos en Tik-Tok. También sirvió para que crezca en popularidad uno de los mejores narradores de historias que tiene hoy el mundo Twitter en la Argentina: @periodistán_

Fernando Duclos (34) se identifica con el sentimiento general de la gente sobre la cuarentena. La principal dificultad pasa por no poder salir a la calle, aunque muchos creen que su problema es la negativa a viajar. Está seguro de que lo primero que hará cuando llegue la nueva normalidad es juntarse con sus amigos en Parque Centenario y no pasear por los rincones de Burundi.

“Siempre existió mi voluntad por ser comunicador. Si me veías a los cuatro años, era el típico niño prodigio que sabía todas las capitales. Tenía un planisferio y era fanático de los Atlas, los mapas y los partidos de fútbol de todo el mundo. La sed de moverme estuvo desde chico, como también la debilidad por los lugares raros”, relata quien estudió Periodismo Deportivo en DeporTEA y Ciencias de la Comunicación en la UBA.

Esa sed por recorrer espacios desconocidos hizo que a los 20 años realizara su primer gran viaje. Partió desde Tucumán, transitando por Bolivia, Colombia y demás territorios latinoamericanos, hasta llegar a Nicaragua. A la vuelta, una pasantía en Clarín fue el punto de inicio como comunicador íntegramente dedicado a lo deportivo.

Cuenta que el espacio que ocupaba no lo convencía en demasía. Aduce que su pasión por contar historias no tenía mucho lugar en los grandes medios deportivos. Ante eso, decidió aceptar el retiro voluntario en Clarín y, con sus ahorros en mano, sacar un pasaje a Etiopía. “Me di todas las vacunas, llevé remedios y contraté un seguro médico. Lo hice cuidando la salud. No soy un kamikaze“, afirma Fernando.

-Abundan los prejuicios sobre los países africanos en cuanto a la pobreza y las deplorables condiciones de vida. ¿Cuáles cambiaron después de la experiencia que tuviste?
-El viaje fue un poco para sacarme esos prejuicios. Leí mucho y sabía con lo que me iba a cruzar. Igual, es un shock llegar allá. Me encontré con ciudades normales, aunque está claro que la estructura nuestra es mucho mejor. Es un continente de gente alegre y súper hospitalaria. En la carencia, sin romantizar la pobreza, son felices, bailan, sonríen y te invitan todo.

-¿Está más marcada la desigualdad entre los ciudadanos?
-Hay lugares que son muy pobres y otros muy ricos. Si vas a Nairobi, en Kenia, es como un Palermo o Barrio Parque. La parte linda de Etiopía es una belleza, lo mismo que Kampala, en Uganda. La pobreza se nota, eso está claro. Pero ojo, si uno va al Cuartel Quinto en Derqui no se cuán diferente va a ser con respecto al Impenetrable Chaqueño.

-¿Te tocó vivir alguna situación impactante?
-En Burundi vi escenas muy fuertes. Apenas crucé la frontera con Ruanda, una señora se me acercó a pedirme plata. Estaba totalmente desnutrida con un bebé en los brazos. Recuerdo verla mientras lo amamantaba y no salía nada. Era un pecho vacío, eso fue durísimo. La pobreza se ve, pero tampoco es todo eso. Hay mucha desigualdad.

-Dentro de los relatos, hablás de la influencia de Europa en las naciones africanas. ¿Son los principales culpables de que el continente sea como es?
-No soy de la idea de que el 100% sea por Europa, por más que muchas veces transmito eso. Lo hago porque quiero inclinar un poco la balanza. Si te cuentan que el mundo occidental no tuvo culpa, yo digo que la tuvo en su totalidad y se empareja. El continente fue saqueado y esclavizado.

-¿Quedaste deslumbrado con alguna cultura en particular?
-Si tengo que elegir un país es Etiopia. Tiene una historia muy particular, es el único que jamás fue conquistado por los europeos. Está al lado de la Península Arábiga y no está lejos de Europa ni tampoco de Irán e India. Esto hace que tengan sus particularidades con respecto a la África subsahariana. Son cristianos ortodoxos, tienen ciertas características en relación a la comida, la complexión de la gente y los rasgos genéticos. No hubo otro país igual.

Durante los catorce meses que permaneció fuera del país, en los que recorrió nueve países de África, Periodistán publicó varias historias en un blog personal. Recuerda que la repercusión no estuvo ni cerca de ser la actual, con un contexto bien diferente en referencia a las redes sociales. En su regreso, un conjunto de amigos lo convencieron para recopilar los relatos y construir su primer libro: Crónicas Africanas.

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Cuatro años después, el bichito del viaje volvió a picar. La lectura de las distintas narrativas de la Ruta de la Seda fue un atractivo inevitable para quien pasa la cuarentena en Parque Patricios. Varios creen que es multimillonario, pero él confirma que la chance de recorrer se da en buena parte por su faz ahorrativa. Lo que tiene va a los traslados y no a un automóvil.

“No me vas a ver comer en un restaurante top, no me gusta gastar en idioteces. Me doy algunos lujos, pero intento que sea en lugares. Ya tendré tiempo de dormir en una buena cama, pero no de visitar Persépolis”, asegura el comunicador, que posee más de 100 mil seguidores en Twitter.

La Ruta de la Seda tiene otras características de lo que es África. Otro volumen de desarrollo, que en muchas ocasiones supera ampliamente a la Argentina. El recorrido posee espacios de niveles económicos que rankean en lo más alto de las naciones. De las diez líneas de subtes de Irán al subterráneo marítimo Marmaray de Turquía.

A Fernando Duclos lo que más le sorprendió fue la extrema hospitalidad de la gente. Tiene en su memoria que entró a Irán con 65 kilos y salió con 72. Una primera experiencia desde adentro en la cultura islámica, que tiene en la amabilidad una de sus principales particularidades. Lo más increíble tuvo que ver con algo bien argento. En medio del recorrido, un fanático de Huracán, club del que es hincha, lo contactó para asociarlo. ¿El objetivo? Que muestre su carnet en los distintos rincones de Medio Oriente.

-¿Qué relación notaste entre la cultura de Medio Oriente y la de Argentina?
-La sociabilidad. La importancia que le damos a estar en familia y con los amigos. La cultura europea occidental y la americana son muy individualistas, mientras que la de Medio Oriente se focaliza más en los vínculos y los lazos afectivos. Entre una y otra, estamos nosotros. Si bien nos criamos en un modelo occidental, nos gusta compartir y estar unidos. La esencia es la misma, aunque algunos encuentran la felicidad en el rezo y otros en comprarse un auto.

-¿Y cuáles fueron las diferencias más marcadas?
-Hay dos grandes distinciones. Una es la religión. No es lo mismo Irán que Turquía o Afganistán, pero en general tiene un lugar más importante en la agenda pública que en la Argentina. La segunda está relacionada a las nacionalidades. Acá hay cordobeses, chaqueños y fueguinos, pero todos somos argentinos. Eso es distinto en Rusia, Turquía e Irán. Hay curdos que pertenecen a Turquía o chechenos que están en Rusia. La construcción de los países es muy distinta.

-¿Cómo nació la idea de combatir el discurso hegemónico con relatos en hilos de Twitter?
-Siempre quise mostrar la parte más linda de la vida de la gente. Tenemos un bombardeo mediático que nos deja ver cuestiones específicas de cada lugar. No digo que en Irán no ocurran cosas malas, pero parece que sólo sucede eso. Que la gente no come y se pasea con armas por la calle todo el día. Lo de Twitter fue sucediendo, me di cuenta que era por ahí y lo profundicé.

-¿Alguno te tildó de “loquito” o algo similar por ir a dónde fuiste?
-Cuando digo que voy a Irán, lo primero que me preguntan es que opino del régimen teocrático y la guerra o el terrorismo islámico. Nadie me consultó si recorrí Persépolis o cómo es la comida. Por eso, mi objetivo es mostrar un mundo distinto al de la televisión. Es como si fuera a USA y que me pregunten si visité la cárcel de Guantánamo. Nunca va a suceder.

-¿Cómo tomaste la enorme repercusión que tuvo tu trabajo en poco tiempo?
-Me gusta que crece cada vez más. Deben llegarme unos 50 mensajes por día agradeciéndome por las historias, contándome que leen los tweets con su familia. Escribí sobre la Guerra del Congo y me contactó un congoleño para contarme su vida. Pasó algo parecido con un tipo que me habló de la participación de su abuelo en la Segunda Guerra Mundial y estuvo varios días mandándome fotos de todo tipo. Es emocionante e increíble.

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