Vivió en la calle y ahora trabaja en el refugio del Parque Sarmiento

Raúl Pernía es uno de los serenos del parador que se montó en el polideportivo para albergar a personas sin techo durante la pandemia de coronavirus.

En tiempos de coronavirus, el Parque Sarmiento debió cambiar sus prioridades. Cerrado al público desde que se decretó la cuarentena, hoy funciona como un parador para 150 hombres en situación de calle, que están acompañados por un grupo de trabajadores de la Subsecretaría de Deportes de la Ciudad.

Uno de ellos es Raúl Pernía, quien conoce muy bien de qué se trata su labor, ya que durante cuatro años vivió en la calle. “Pasé por la misma situación, por eso estoy para ayudar y contener”, dice.

Por el coronavirus, el Parque Sarmiento se convirtió en un refugio para personas sin techo.

Oriundo de Ramos Mejía, de 2001 a 2011 atendió su propia pastelería y luego le siguió un emprendimiento de productos alimenticios, que no rindió como esperaba. Desde entonces su vida comenzó en picada. A fines de 2014, ya sin recursos para pagar el alquiler, tomó sus pertenencias y dejó su departamento en el barrio Tropezón de Caseros.

El destino era la calle misma, donde pasaría a vivir los próximos cuatro años. “Era una película de terror -evoca en una nota con el portal de la Ciudad-. La primera noche no podía encontrar un lugar donde dormir, no sabía qué hacer. La Navidad de ese año la pasé sentado al costado de la General Paz”.

Raúl Pernía hoy, trabajando en el Parque Sarmiento.

“Con el tiempo, para descansar, me subía al tren San Martín, viajaba hasta Cabred y regresaba. Así pasaba los días e iba a los baños de la estación o de algunos supermercados. Hubo momentos en los que solo comía tres pedazos de pan por día. No me gustaba pedir, no podía aceptar la situación, y bajé 12 kilos. La vida en la calle es dura”.

Durante más de dos años se movió por la zona de El Palomar hasta que decidió cruzar a Capital. Entre tantas idas y vueltas, una tarde de febrero de 2018 desembarcó en Saavedra, agarró por la calle Andonaegui, que bordea el Parque Sarmiento, y decidió entrar al predio.

“Entre charla y charla con la gente que estaba en la puerta comenzamos a generar más confianza. Tenía mucho contacto con dos trabajadores del parque que un día, sin decirme nada, le hablaron de mí a Mariano Rusconi, uno de los directores del predio, y a Sebastián Calvo, el administrador”, rememora.

El predio permanece cerrado desde mediados de marzo.

“Sebastián sabía del inconveniente por el que estaba pasando y me dijo que tenía los dormitorios y el Parque a mi disposición para dormir y pasar mi tiempo ahí. Fue una gran sorpresa, pero por mi forma de ser no podía aceptar eso sin hacer nada y así fue como empecé a ayudar en todo lo que hiciera falta y me dejaran”.

Desde diciembre de 2019, cuenta con orgullo, Raúl es parte del equipo de la Subsecretaría de Deportes de la Ciudad y pudo recuperar “la dignidad del trabajo”. En esta época de pandemia, donde el Parque Sarmiento se transformó en un refugio para personas en situación de calle, él es uno de los serenos.

“A muchos de los que están los conozco -dice-. Yo pasé por la misma situación, por eso estamos para ayudar y contener. Charlo mucho con algunos de ellos, nuestras historias tienen puntos en común. La verdad, me siento bien con lo que estoy haciendo. Ojalá ellos también puedan, como me pasó a mí, dejar de estar arrodillados y ponerse de pie”.

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