Recordando a Chasman y Chirolita

Desde la muerte del ventrílocuo Ricardo Gamero, vecino de Coghlan, su compañero descansa en la bóveda de seguridad de un banco.

El barrio de Coghlan supo hospedar a un vecino ilustre que durante varias décadas hizo reír a los argentinos mediante el delicioso contrapunto con un muñeco atorrante. Se trata de Ricardo Gamero -conocido con el nombre artístico de Mister Chasman– que hasta el 20 de mayo de 1999, cuando su corazón dijo basta, residió en un departamento de la calle Rómulo Naón al 2700.

Había nacido en Zárate, provincia de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1938. Tercera generación de linotipistas, trabajó en el diario Crítica, en el Boletín Oficial y en el Congreso Nacional. El oficio de ventrílocuo lo aprendió en el circo del Parque Retiro y a su socio Chirolita, un muñeco de pelo rubio y cachetes colorados, lo creó a comienzos de los años 50 utilizando papel maché. “Cuando tenía 13 años hice un trabajo manual y me salió este monstruito, con una simple mezcla de papel de diario, harina y agua”, declaró alguna vez Chasman. Artista y muñeco conformaron un exitoso dúo que actuó en Sábados circulares, Sábados de la bondad y Domingos para la juventud, entre otros populares ciclos de televisión. Además de hacer cine y teatro, la famosa pareja recorrió el mundo de habla hispana.

¿Qué hacés, Negro?

El show comenzaba cuando Chirolita, prototipo del porteño desenfadado, saludaba sentado en las rodillas de su creador con la frase ¿qué hacés, Negro? La gracia residía en el antagonismo de ambos personajes: Chasman era un señor elegante, de lenguaje refinado, que fumaba con estilo mientras intentaba educar al pequeño pícaro y lo disuadía de hacer chistes fáciles. Aunque existe el mito infundado de que los ventrílocuos hablan con el vientre, Gamero reconocía que su secreto consistía en mover poco los labios y disimularlo con su cigarrillo. Durante 46 años concurrió con el muñeco a toda clase de escenarios y, según cuentan los testigos de aquellas antológicas presentaciones, tenía armarios llenos de trajes: un modelo para él y otra copia idéntica, pero diminuta, para Chirolita.

La sociedad entre ventrílocuo y muñeco atravesó momentos dramáticos, como cuando en los años 70 Chirolita fue secuestrado y debió pagarse un rescate en el Monumento a los Españoles. En otra oportunidad el maletín que lo guardaba fue robado del auto de Gamero, quien horas más tarde recibió un llamado telefónico. “Nos equivocamos, Chasman, díganos dónde se lo dejamos”, se disculpó uno de los ladrones. Pensaban que iban a encontrar dinero, pero admiraban a Chirolita y cuando vieron que el botín era él lo devolvieron.

Chasman y Chirolita, el dúo más famoso de la escena argentina, en una presentación en TV.

Triste, solitario y final

Fumador consuetudinario, Gamero había sido operado del corazón en la Fundación Favaloro en 1994 y desde entonces eran muy frecuentes sus visitas al Hospital Argerich (algunos médicos aseguraron que solía llegar acompañado por el muñeco). El 26 de abril de 1999 ingresó a ese nosocomio para hacerse un control, pero se le detectó un cuadro anémico y una cardiopatía severa que aconsejaron su internación. Allí estuvo casi un mes, hasta que tras una descompensación fue trasladado a la Unidad Coronaria. Casado dos veces y padre de dos hijos, René y Sandra, Chasman murió el 20 de mayo de 1999, poco antes de cumplir 61 años, y con él también se fue Chirolita.

El Dr. José Tarzibache, su médico de cabecera, afirmó por aquellos días: “Gamero estaba triste, se quejaba por la falta de trabajo. Todo eso lo llevaba a un gran estado de angustia y por ahí descuidaba su salud”. Su compañero de habitación en el hospital, Jorge Ruíz, contó que “no quería comer ni vivir, hasta Chirola lo había abandonado”. Otro paciente mencionó que Gamero le había confiado que se encontraba mal económicamente y, en broma, que Chirolita siempre le sacaba las mujeres.

Un destino incierto

Pocos meses después de la muerte de Chasman trascendió la noticia de que su viuda, Noemí Mimí Farías, tenía intenciones de subastar a Chirolita. “Varias personas me ofrecieron quedarse con él, pero nadie me garantiza que vayan a respetar su historia. A mí me entusiasmó la idea de hacer una fundación o armar un museo, pero me resulta impracticable. Y a medida que pasa el tiempo la parte emotiva vuelve a surgir. Y yo quiero cerrar un ciclo. Me llegaron a sugerir que lo enterrara junto a Chasman, una barbaridad”, declaró la viuda del ventrílocuo al periodista Alberto López Girondo.

Desde la desaparición de su padre, lo que se sabe es que Chirolita descansa en la bóveda de seguridad de un banco. “Está perfectamente vestido, no lo pienso tocar. Lo saco a tomar aire una vez al mes. Tiene la cara gastada, el pelito desacomodado. Así es como está y como va a quedar”, le contó la viuda de Gamero al periodista Emilio Fernández Cicco en el año 2007, para una crónica publicada en la revista Gatopardo. Es la última declaración pública que se conoce de los herederos del muñeco más famoso de la Argentina.

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