SI SARMIENTO VIVIERA…

El parque que lleva su nombre está clausurado desde hace casi un año

(Edición del Mes: 9 Año: 1999 )

El parque que lleva su nombre está clausurado desde hace casi un año

El parque que lleva su nombre está clausurado desde hace casi un año

SI SARMIENTO VIVIERA…

Con menos de dos décadas de vida, el Parque Presidente Sarmiento es una de las grandes frustraciones de los vecinos de Villa Urquiza y Saavedra. Víctima de deficientes gestiones municipales y de una concesión lamentable, desde hace casi un año se encuentra clausurado. A la fecha, y más allá de las buenas intenciones de las autoridades del Gobierno de la Ciudad, su futuro sigue siendo una incógnita.

Por Marcelo Benini

Se trata de uno de los pulmones más importantes de la ciudad de Buenos Aires: 62 hectáreas de espacios verdes delimitadas por las avenidas Gral. Paz, Ricardo Balbín, Triunvirato y Crisólogo Larralde y la calle Andonaegui. Un auténtico oasis para los habitantes de la zona, quienes durante algunos años encontraron en él todo lo necesario para el desarrollo de la actividad física y el esparcimiento. Cuando nació, el 17 de setiembre de 1981, fue definido como “la instalación deportiva más grande y completa de Sudamérica”. Hoy, a poco de cumplir 18 años de vida, el Parque Presidente Sarmiento se halla sumido en un coma profundo. Tanto que a quienes le conocimos otra imagen nos hace rodar alguna lágrima. La agonía empezó hace más de una década: se empezó a advertir a través de las sucesivas y deficientes gestiones municipales y se precipitó cuando en 1991 fue concesionado a una empresa que se despreocupó por el carácter público del patrimonio que administraba. La consecuencia de tamaña irresponsabilidad fue la clausura del predio en noviembre del año pasado, medida que priva a los vecinos de Villa Urquiza y Saavedra de un hermoso paseo.

Reminiscencias del parque

El Parque Sarmiento fue proyectado durante la intendencia del brigadier Osvaldo Cacciatore por los arquitectos Estanislao Kocourek, Martín Laborda y Elvira Castillo y construido por la empresa José Cartellone. La obra se desarrolló básicamente durante 1980 y el primer semestre de 1981. Los niveles del terreno se modificaron para albergar las instalaciones deportivas y recreativas en zonas específicas y sin monotonías; lomadas, aterrazados y taludes insinúan la pertenencia a una y otra zona. Los deportes que podían practicarse en sus orígenes eran fútbol, voley, basquet, tenis, rugby, béisbol, pelota a paleta, atletismo, natación, saltos ornamentales, patín, ciclismo, hockey y pelota al cesto, entre otros. Un gran edificio que nuclea el gimnasio cubierto y las piletas olímpicas, un lago artificial, originales juegos para niños, un área de recreación pasiva (bancos, mesas, pérgolas, parrillas y árboles para el descanso), bares y sanitarios completaban la infraestructura del predio.

Durante sus primeros tres años de existencia, mientras funcionó bajo la órbita de la Cooperadora de Acción Social (COAS), el Parque Sarmiento fue un ejemplo de organización. Más allá de las inversiones realizadas por esa entidad de bien público, la calidad del servicio se debía a los estrictos controles que ejercían sus autoridades: resultaba imposible ingresar al predio sin pagar la correspondiente entrada o practicar deportes fuera de los sectores habilitados a tal efecto, ya que unos móviles amarillos circulaban constantemente por las calles interiores realizando tareas de vigilancia; hasta los baños eran custodiados por personal de seguridad. Era tanta la gente que concurría los fines de semana que, por norma, los frontones de tenis no podían ocuparse por más de 20 minutos, lapso que era respetado por todos los usuarios. Incluso existía un hermoso lago de aguas cristalinas donde se podía practicar remo o simplemente divertirse desde la orilla alimentando a los peces de colores que lo poblaban.

La etapa municipal

Tras el advenimiento de la democracia, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires -su intendente era el recordado Julio César Saguier– decidió cancelar los contratos de concesión vigentes en todos los centros deportivos construidos durante el gobierno militar y asumir su control con el propósito de “cumplir la función social para la que habían sido creados”. A contramano de esa expresión, el Parque Sarmiento fue mal administrado, no cumplió fin social alguno y esa desidia se tradujo en un paulatino deterioro de sus instalaciones. “Creo que es un problema cultural de los argentinos: a lo público lo consideramos nuestro, cuando en realidad lo pagamos nosotros”, expresa Alejandro Molinari, presidente de la Asociación Amigos de los Espacios Verdes (AAEV), una entidad civil creada este año con el objetivo de revertir la situación del Parque Sarmiento, aunque también extiende su acción a la defensa de los lugares públicos, como ocurre en el conflicto suscitado por la ubicación ilegal del restaurante El Emir (ver recuadro aparte).

Con sucesivas administraciones comunales, el Parque Sarmiento cumplió una década exacta de vida. En 1991, durante la gestión de Carlos Grosso y coincidentemente con el auge de las privatizaciones, fue concesionado por diez años a Pinatur S.A. A juzgar por los resultados, la administración de la empresa fue deficiente. Se acentuó el abandono del predio y empezó a desvirtuarse su esencia: se subalquilaron sus espacios a parrillas, circos, concesionarias de autos y otros rubros ajenos al interés del público usuario. El Parque Sarmiento se construyó con fondos públicos y luego fue cedido a la explotación de empresas privadas, que se beneficiaron con la utilización de un espacio que debe ser abierto para el uso de los vecinos. Los gobernantes inescrupulosos hicieron grandes negocios con los concesionarios, degradaron por falta de inversión sus instalaciones y permitieron que se abrieran negocios subalternos que nada tenían que ver con el destino del parque”, reza un comunicado de la AAEV.

La clausura

A fines de 1996 -últimos meses de la gestión de Jorge Domínguez al frente de la Municipalidad- se decidió rescindir el contrato con Pinatur S.A. y comenzó una puja legal. Cuando se creó la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y asumió la jefatura de Gobierno Fernando De la Rúa fue confirmado ese decreto de caducidad, pero el parque continuó funcionando clandestinamente. En noviembre del año pasado la Dirección de Privatizaciones y Concesiones del Gobierno de la Ciudad lo clausuró en forma preventiva a raíz de las numerosas irregularidades detectadas en las instalaciones y en los servicios, por entender que ponen en peligro la seguridad de quienes concurren a ese centro recreativo; se comprobó la falta de mantenimiento del complejo por parte de la empresa concesionaria, así como problemas de higiene y de seguridad. En la actualidad el futuro del parque está en manos de la Justicia: Pinatur presentó un recurso de amparo ante la Corte Suprema luego de que la Cámara de Apelaciones revocó la medida de no innovar en favor de la empresa.

Mientras se busca una solución al problema, el parque permanece abandonado. Esa circunstancia anima la presencia de intrusos y se habla de que alrededor de 50 personas ya residen en sus instalaciones. “Si se lo descuida, un lugar tan grande puede transformarse con el tiempo en un asentamiento de emergencia. Desalojar a los ocupantes significaría luego un grave problema social”, imagina Molinari. Para evitar la llegada a tales extremos, la AAEV -con el auspicio de la Asociación Vecinal Barrio 1º de Marzo y el Centro Recreativo Saavedra- convocó a los vecinos a realizar un abrazo simbólico el 5 de junio y exigir a las autoridades la reapertura del parque. Dos meses después, el 7 de agosto, organizó el festejo del Día del Niño frente a las puertas del establecimiento con la consigna de que el año próximo pueda realizarse en su interior. En esa oportunidad también se adhirieron al reclamo la Unión de Comerciantes de Saavedra y el Club Estudiantes del Norte.

Por la rehabilitación

“Hicimos un pedido de ampliación de las partidas a la Legislatura para readecuar las instalaciones y recuperar el polideportivo”, señaló oportunamente el director de Deportes de la ciudad, Ricardo Nosiglia. Molinari no está de acuerdo con esperar tanto tiempo y propone la rehabilitación inmediata del parque, aunque sea en forma parcial. “El corte del césped puede hacerlo la gente contratada por el Gobierno de la Ciudad para el mantenimiento de las plazas -propone-. Los otros temas a resolver son la iluminación y la refacción de los baños, pero son obras que no requieren grandes cifras. El tema es reabrir el parque para que la gente vaya a andar en bicicleta, caminar o jugar al fútbol. Al menos que empiece funcionando sábados, domingos y feriados, porque es la forma de generar una corriente de apoyo”. No obstante que la administración le corresponde a las autoridades gubernamentales, Molinari considera que todas las instituciones de Saavedra deben formar un consejo de control de la gestión.

El próximo paso de la Asociación Amigos de los Espacios Verdes será festejar el Día de la Primavera dentro del parque. “Espero que para entonces ya esté reinaugurado, porque de lo contrario lo vamos a abrir nosotros. Reconozco que eso tiene su riesgo, pero nosotros lo asumimos porque contamos con el apoyo de los vecinos”, asegura Molinari.

EL EMIR Y UNA CLAUSURA A MEDIAS

Frente al Parque Sarmiento, en un espacio con zonificación parque, hace poco más de un año se construyó un monumental restaurante: El Emir. Según la Asociación Amigos de los Espacios Verdes, fue levantado sobre la base de la transgresión pura de las normas de edificación y la connivencia con autoridades públicas inescrupulosas, que permitieron la alteración de normas mediante privilegios y subterfugios legales. “El restaurante se asienta sobre los terrenos cedidos al Club Sirio Libanés Honor y Patria, entidad que le otorgó una concesión -explica Molinari-. Por tratarse de un espacio público, está prohibida la explotación comercial. Recientemente fue clausurada su cocina, pero eso no le impide seguir funcionando como salón de fiestas recurriendo a servicios externos de catering. No me cabe dudas de que hay intereses de por medio, no puede ser tan ingenuo el Director de Inspección General. Pero lo importante es que la ordenanza por la cual se le dio en uso ese predio ha caducado de hecho al no cumplirse con los requisitos”. El titular de la AAEV propone, una vez recuperado el espacio que ocupa El Emir, instalar allí el Centro de Gestión y Participación Nº 12 o una comisaría.

Entrevista con Daisy de Chopitea, presidenta de COAS

“NO VAN A ENCONTRAR OTRA ADMINISTRACION COMO LA NUESTRA”

Integrada por un grupo de mujeres voluntarias, la Cooperadora de Acción Social (COAS) es una organización no gubernamental fundada hace 21 años. Su objetivo es mejorar la salud de la población mediante la donación periódica de aparatos de alta tecnología e instrumental médico a los hospitales públicos de la ciudad. Su principal fuente de ingresos es la organización de la Feria de las Naciones, aunque entre 1982 y 1984 asumió una tarea complementaria: la administración del Parque Presidente Sarmiento. Daisy de Chopitea, quien por entonces integraba la Comisión Directiva de COAS y hoy es su actual titular, recuerda algunos aspectos de aquella gestión.

-¿Cómo se vincularon al Parque Sarmiento?

-El intendente de la ciudad, brigadier Osvaldo Cacciatore, nos ofreció en 1981 la concesión del parque para que lo organizáramos. Fue un desafío enorme para nosotras, ya que tenía una superficie de 62 hectáreas y se encontraba vacío. Con mucho entusiasmo nos abocamos a la tarea recurriendo al asesoramiento de especialistas, como la Sociedad de Horticultura y diversos clubes deportivos. Lo mejor del parque eran sus piletas: pusimos un reglamento muy severo, con muy buenas revisaciones médicas, y habilitamos unos vestuarios correctísimos. El parque era el paseo de la familia: había áreas para cada actividad y eran respetadas.

-¿En qué se basó el éxito de la gestión de COAS?

-Además de que tuvimos buenos gerentes, el secreto fue que el público respondió a todo lo que se le solicitaba. El lema era “Este parque es suyo, ayúdenos a cuidarlo”. Aunque no generó pérdidas, nunca dio ganancias debido a los altos costos de mantenimiento. Pero sabíamos que le estábamos brindando a la ciudadanía un lugar para la recreación y el esparcimiento. Los fines de semana asistían cerca de 50.000 personas.

-¿Por qué se les retiró la concesión si el parque funcionaba correctamente?

-Con el regreso de la democracia dos concejales, convencidos de que el parque era un gran negocio, empezaron a hacernos la vida imposible para sacarnos la concesión. El ataque era constante, fue una persecución muy brava, un acosamiento. La presidenta de ese momento les planteó: “Para nosotros no es un negocio, si ustedes lo quieren lo toman ya”. Y devolvimos en un mes algo que nos costó mucho dinero, ya que tuvimos que indemnizar al personal cesanteado, unos 120 empleados. A los tres meses la Municipalidad había contratado a 400. Tiempo después asumió el Dr. Facundo Suárez Lastra y nos ofreció nuevamente el parque. Nos opusimos porque ya había sido desarmado. Pueden estar seguros de que no van a encontrar una administración como la de COAS. Incluso el presidente de la FIFA, Joao Havelange, nos dijo una vez que era difícil hallar en el mundo un parque tan bien administrado.

-¿Se sintieron defraudadas por la actitud de la Municipalidad?

-Sí, nos fuimos acosadas sin razón. La equivocación fue creer que el parque era un gran negocio al ver entrar a miles de personas. El Dr. Julio César Saguier, que era una excelente persona, fue muy mal aconsejado.

-Transcurrieron quince años, ¿aceptarían retomar la concesión del parque?

-Jamás. No volví a pisar el Parque Sarmiento desde aquel entonces.

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