La cimentación y protección del patrimonio es lo que permite sentar las raíces de una sociedad. Sin embargo, en la Ciudad de Buenos Aires esto no parece ser una prioridad y en consecuencia se han perdido joyas arquitectónicas de gran valor. En Belgrano, limítrofe de la Comuna 12, han sido demolidos varios edificios históricos, como por ejemplo la Villa Ombúes, que vemos en la imagen.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Desde los orígenes de la Argentina como Nación, la cuestión identitaria siempre fue controvertida. La mezcla de diferentes culturas y razas parece haber provocado en muchos argentinos la falta de un verdadero ser nacional, a diferencia de lo que sucede en otros países latinoamericanos. En esa línea va la célebre frase del escritor mexicano Octavio Paz, que decía: “Los mexicanos descendemos de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos”. Esto fue una clara mención a la llegada de una gran corriente inmigratoria entre fines del siglo XIX y principios del XX, cuando la mayoría de los habitantes de la Argentina eran de origen extranjero.
En contraposición a este pensamiento, su coterráneo Carlos Fuentes asegura que hay una confusión, ya que se estaba enmarañando a la idea de Nación con un fenómeno principalmente porteño. Si nos adentramos en nuestras provincias, encontraremos mayormente a la familia criolla más pura. Obviamente, esta falta de arraigo que ha sufrido Buenos Aires a lo largo de su historia la podemos observar a través de cómo la arquitectura del pasado es relegada y hay poco interés por su preservación.
Esta problemática de carácter identitario se ha vuelto recurrente y así, por citar un caso, han hecho deambular a principios de siglo XX a la fuente de Las Nereidas -realizada por la escultora Lola Mora– por distintos lugares de la ciudad, ya que sus desnudos se veían cómo obscenos. De la misma forma, el Obelisco porteño estuvo por años en la mira de sus detractores e incluso existía una propuesta del desaparecido Concejo Deliberante para su demolición, que por suerte quedó en el olvido.
Por otro lado, de la gran cantidad de obras que se hicieron para el festejo del Centenario, realizado en 1910, sólo quedan unos pocos vestigios, que incluso pueden llegar a desaparecer como por ejemplo el pabellón representativo del Correo Postal, que se encuentra en un estado de abandono tal que en la actualidad está comprometida su existencia. Recordemos que, como ya hemos mencionado en alguna oportunidad, en los años 90 el transbordador que une el barrio de La Boca con Avellaneda estuvo a punto de ser desguazado, pero un pedido expreso de los vecinos -sumado al reclamo de algunos concejales de aquel entonces- logró salvar a esta obra emblemática, perteneciente al período de la revolución industrial en la Argentina.
Por otra parte, hay que decir que muchas veces es la falta de ideas la que trae como consecuencia la demolición de construcciones históricas de la ciudad. Aunque siempre hay excepciones y se pueden encontrar ejemplares de la restauración arquitectónica. Uno es el edificio del ex cine Grand Splendid, en Recoleta, transformado en la actualidad en una gran librería-café, y el otro el ex Cine Teatro 25 de Mayo, convertido en centro cultural gracias a la lucha vecinal.

El ex cine teatro Grand Splendid, de Av. Santa Fe 1860, es hoy una hermosa librería: El Ateneo.

Belgrano no pudo contar el cuento
A diferencia de estos edificios, que hoy forman parte del distintivo porteño, hay otros que no tuvieron la misma suerte y cayó sobre ellos la piqueta. Si bien sería innumerable el listado de estas propiedades y lugares desaparecidos, daremos cuenta de algunos de ellos. Por ejemplo, en los últimos años fue demolido el Colegio Goethe-Schule, que ocupaba el solar de la calle José Hernández al 2247. Obra del arquitecto suizo Lorenzo Siegerist, esta pieza ecléctica terminó de desaparecer en la década del 90.
También sobre la calle José Hernández, próximo a las barrancas, frente al Club Belgrano, se encontraba el llamado Castillo de los Leones, nombre que se le daba por el estilo neo-medieval utilizado y por los leones que flanqueaban el acceso. Fue habitado en algún momento por la familia Lacroze, la cual en un determinado tiempo decidió tapiar sus puertas y ventanas y dejar a la casona a la buena de Dios, sin ningún miramiento. Desde aquel entonces nació la historia de que el lugar estaba embrujado y habitado por fantasmas, ya que durante la noche los vecinos decían escuchar chirridos de cadenas. Luego, sin embargo, se supo que se trataba de una travesura de algunos chiquilines del club.
También en Belgrano se encontrada la afamada Casa del Ángel, ubicada en la calle Cuba 1919, donde había vivido una de las familias más importantes del barrio. Una de las películas más emblemáticas del cine argentino tomó su nombre, debido a que en un ángulo de la vivienda había una figura de tipo escultórico donde había un ángel. La famosa propiedad pertenecía a la familia Delcasse y era un distintivo de la arquitectura pintoresquista que abundó en la zona. Hoy en el lugar sólo quedan los recuerdos de la memoria y algunas viejas fotos, ya que allí se levantaron dos grandes torres con un centro comercial en su esquina.
En la esquina de Luis María Campos y Olleros, en tanto, se encontraba la Villa Ombúes, una residencia del magnate Ernesto Tornquist demolida en los años 80 (foto de portada). Cuenta la historia que de allí salió el primer globo aerostático que tripuló el ingeniero Jorge Newbery. Donde se encontraba este hermoso castillo neo-medieval hoy funciona la embajada alemana.

Frente al Club Belgrano, en la calle José Hernández, se erigía el llamado Castillo de los Leones, demolido en la década del 40. Foto: AGNA

Se sigue perdiendo patrimonio
El histórico edificio de viviendas Marconetti, de Paseo Colón 1580, fue demolido a principios de año para dar paso a un nuevo trayecto del Metrobus del bajo. El singular complejo, construido en la década del 20, se transformó en un lugar de artistas y músicos a partir de los 70, pero los últimos 30 años estuvo ocupado ilegalmente. Desafortunadamente, San Telmo perdió una de sus joyas arquitectónicas, aquellas que formaban parte de su identidad y que habían hecho famoso al barrio.
Ya que hablamos de Paseo Colón, ha perdido su forma y hasta el motivo de su nombre luego de que el monumento de Cristóbal Colón fuera trasladado a la Costanera. A propósito, el Gobierno porteño parece no haber tomado nota de las declaraciones de la World Monuments Fund, que en el año 2010 incluyó a Buenos Aires en un listado de ciudades cuyo patrimonio se encuentra en peligro.
Ahora bien, la falta de respeto no siempre pasa por la demolición de edificios. A veces la ignorancia y el desconocimiento de muchos de nuestros funcionarios los llevan a cometer errores prácticamente inexplicables. Tal es el caso de la reciente -y fallida- incorporación de una estación de Ecobici frente a la parroquia de San Patricio, en el barrio de villa Urquiza, que invadía el memorial de los cinco religiosos palotinos asesinados durante la dictadura. Después de varias protestas de vecinos y organismos de DDHH, el Gobierno porteño reconoció el error y decidió quitar este paraje, que afectaba seriamente al homenaje.
No muy lejos de allí, en Coghlan, sigue siendo incierto el futuro del Palacio Roccatagliata, cuyo proyecto de “puesta en valor” no cumplía con las normativas de la ciudad. La obra, que nunca debió haber comenzado, hoy está en abandono total y demuestra hasta qué límites puede llegar la especulación inmobiliaria.
Debemos tener en cuenta que Villa Urquiza, Coghlan y también Villa Ortúzar son los barrios con mayor número de demoliciones en estos últimos años. Esto no significa que todo debe ser conservado, pero sí que debemos estar atentos para proteger aquellas obras de valor histórico o arquitectónico que pueden estar en riesgo.
Volviendo al tema de la identidad, con el que empezamos esta nota, lo que preocupa es que este cúmulo de demoliciones viene transformando la morfología edilicia de Buenos Aires, a tal punto que las calles, los barrios y la propia ciudad se están volviendo irreconocibles.

Crédito de foto de portada: Archivo General de la Nación Argentina

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