Un mamarracho urbano

El proyecto de recuperación que involucra a la traza de la ex AU3 sigue dando que hablar. Como ya habíamos anticipado, el plan fue aprobado entre gallos y medianoche. Ocurrió durante una sesión legislativa a las cuatro de la mañana y a pesar de la oposición de los vecinos, quienes denuncian un oscuro megaproyecto inmobiliario.

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

(Edición del Mes: 2 Año: 2010 )

El proyecto de recuperación que involucra a la traza de la ex AU3 sigue dando que hablar. Como ya habíamos anticipado, el plan fue aprobado entre gallos y medianoche. Ocurrió durante una sesión legislativa a las cuatro de la mañana y a pesar de la oposición de los vecinos, quienes denuncian un oscuro megaproyecto inmobiliario.

La búsqueda de una solución para los terrenos de la ex AU3, esa cicatriz que se extiende entre las avenidas Congreso y De los Incas, sigue siendo un dolor de cabeza para los vecinos del lugar. En la edición de diciembre de este periódico nos referimos al tema con la esperanza de que la Legislatura de la Ciudad no sancionara este mamarracho urbano, pero en forma inesperada -a las cuatro de la mañana- el plan fue avalado por nuestros diputados, lo que dejó una puerta abierta hacia la corrupción. Más allá de que muchos llaman a este proyecto “Inmobiliaria Macri,” debemos saber que fueron unos pocos diputados los que se opusieron a la propuesta. Como suele ocurrir en la Legislatura, representantes que en el discurso se muestran férreos opositores inexplicablemente terminan aprobando todo lo que está a su alcance.

Plan lleno de vicios

Más allá de lo dicho en el artículo anterior sobre el megaproyecto, creemos que queda mucha tela para cortar. El objetivo es desenmascarar los ocultos intereses inmobiliarios que se están creando en la Ciudad. Como ya lo anticipamos, el plan está lleno de vicios. Incluso sospechamos antes de que el proyecto fuera aprobado que el FOT (o sea el total de metros cuadrados que se pueden construir) no iba a ser respetado. Algo de esto ya se puede confirmar, debido a que el controvertido proyecto contempla la posibilidad de un FOT de 3,4 a 3,6 y en casos especiales hasta 4,8, algo que parece absurdo para un sector urbano de baja densidad edilicia.

Tomemos en cuenta que el FOT que hoy está permitido en el lugar es de 1,6, incomparable con lo que se ha aprobado. Además el proyecto admite la posibilidad de adquirir terrenos de más de 2.500 metros cuadrados de superficie, lo que le da piedra libre al propietario para solicitar normas especiales y así poder aumentar el FOT casi a su antojo. Tampoco se respetarán las alturas lindantes a la traza, ya que estamos hablando de 15 metros y hasta de 18 metros con retiro, lo que cambiaría sustancialmente el perfil urbano del barrio. Ni siquiera se hizo un estudio sobre el impacto ambiental que esta obra tendrá sobre el lugar. Pensemos que se incorporaran al sector unos 10.000 habitantes más en sólo14 manzanas, lo que además sumará unos 3.000 automóviles al barrio. Vale advertir que en ninguna foja del proyecto se habla de una solución al tema de la circulación vehicular y al incremento del parque automotor. Es evidente que esto provocará más problemas de los que hoy se padecen.

Lo que si se previó fue una playa de transferencia en las cercanías de la Estación Drago, una medida desacertada si entendemos que esa no es una estación terminal, sólo intermedia, y que en el lugar lamentablemente se aglutinarán más autos. Entendamos además que a metros de la estación se encuentra la Sede Drago de la Universidad de Buenos Aires, la cual ya agrega un número sustancial de automotores a esta zona.

Otro de los asuntos cruciales que se ha incluido es la división a rajatabla -diríamos en forma discriminatoria- del lugar, proponiendo fraccionar en dos partes el trazado. Un primer sector que podríamos definir como de alta gama, que irá desde Blanco Encalada hasta Avenida de los Incas. Pensemos además que en los últimos años el 48 por ciento de las viviendas son “premium” y que menos del 20 por ciento de los porteños está en condiciones de adquirir este tipo de inmuebles. Por otro lado estarán las viviendas sociales, que ocuparían cinco manzanas entre Monroe y la avenida Congreso. Este último sector conformará un nuevo ghetto urbano dentro de la ciudad.

Utopía y espacios verdes

Siempre hablamos de las necesidades y urgencias que tienen nuestros barrios de un mayor número de espacios verdes. El sector hoy involucrado (Villa Urquiza, lindero con Coghlan y Belgrano “R”) no escapa a estas premuras, más aún cundo los pulmones de manzana que antiguamente eran los jardines de las viejas casonas del barrio hoy se están perdiendo y además no están cumpliendo la función para lo cual fueron creados.

Transformar al trazado de la ex AU3 en una especie de pequeño Central Park se ha vuelto una utopía, especialmente al saber el valor inmobiliario que hoy tienen estos terrenos; nadie quiera dejar pasar este negocio. Incluso hay diputados que están convencidos de haber solucionado un problema de más de 30 años, sin saber que ahora tendremos durante otros tantos años serios inconvenientes. Transformar toda la franja urbana en espacios verdes puede ser extremista, pero podemos decir que la propuesta aprobada por nuestros legisladores está en las antípodas. Prácticamente se ha “olvidado” la importancia de incorporar zonas verdes en el lugar. El nuevo plan viene a tirar todo por la borda; se está perdiendo una oportunidad única para la Ciudad, ya que no hay muchas posibilidades de crear zonas verdes en Buenos Aires. En un principio, el sector de la traza comprendido entre las calles Echeverría y Sucre incluía la idea de construir una gran plaza. Desafortunadamente esta propuesta fue reemplazada por nuevas parcelas para ser subastadas.

La arquitecta Beatriz Loria, de la Asociación Vecinos por la Reurbanización de la ex AU3 (AVRE), ha sabido definir como “megacanteros” a los escasos espacios verdes que contempla el proyecto.

Dudosa rapidez

No cabe duda alguna de que el proyecto oficial no fue pensado como un verdadero plan urbanístico sino más bien como un mero plan inmobiliario, donde se escatiman las ideas del espacio público y prevalecen los intereses comerciales. Sólo hace falta saber que el 90 por ciento de las tierras serán vendidas a particulares. Las asociaciones vecinales de nuestros barrios se han visto extrañadas por la rapidez con que el tema fue resuelto. Ahora se tendrá que ver a qué recursos legales se puede echar mano para que los vecinos eviten que el nuevo plan perjudique al barrio. Habrá que hurgar hasta en los más mínimos detalles, incluso ver si el proyecto oficial cumple con las normativas del Plan Urbano Ambiental de la Ciudad de Buenos Aires.

El atleta británico Doug Larson, quien se hizo famoso también por sus ácidas frases, decía: “Antes de darle a un político las llaves a la ciudad puede que sea mejor cambiar las cerraduras”.

Comentarios Facebook
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •