Un videoclub como los de antes sigue funcionando en Villa Pueyrredon

Se trata de “California”, ubicado en Artigas y Mosconi e inaugurado en 1986. Los hermanos Marcelo y Fabio Gasparini atienden uno de los pocos locales de alquiler de películas que quedan en el país.

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A comienzos de los años 80, cuando sólo existían cinco canales de aire y el cable no había llegado al país, la opción de ver cine y documentales fuera de la escasa oferta televisiva se reducía al incipiente mercado del Video Home System (VHS). Quien tuviera una videocasetera, por entonces un costoso equipo que se conectaba al televisor, podía acercarse a un local de alquiler de películas en cinta y disfrutar su título favorito sin cortes comerciales.

Se trataba de grandes casetes negros, con una cinta magnética de una pulgada y media. Este sistema se popularizó -desde su aparición en el mundo en 1976- hasta al menos 1998, cuando empezó a ser reemplazado por el DVD. Con la llegada del formato VHS a la Argentina, comenzó el furor de los videoclubes en el país: llegó a haber 10.000 locales de este tipo. Según advirtió Dana Pascal el año pasado en el diario La Nación, se calcula que sólo diez son los que continúan funcionando en la Ciudad de Buenos Aires.

Uno de esos sobrevivientes es California, ubicado desde octubre de 1987 en Artigas 4845 casi esquina Mosconi pero inaugurado un año antes a la vuelta. Los hermanos Marcelo y Fabio Gasparini, históricos dueños del negocio, son testigos del nacimiento de esa época maravillosa del cine hogareño. Y su local un homenaje a ese pasado cercano que la mayoría de nosotros conocimos.

“Cuando empezamos tuvimos que abrir cuentas en las editoras más importantes. Había que esperar horas para que te atiendan. Luego hubo una segunda ola durante la privatización de los 90, época en que con las indemnizaciones por despidos se abrían locales. En Villa Pueyrredon había unos 10 videoclubes en 20 cuadras a la redonda. Este negocio empezó a morir cuando cerró Blockbuster, hace unos diez años. No quedó ninguna editora en pie”, relata Marcelo. California es el único local que funciona en el barrio y, de acuerdo con nuestro propio relevamiento, uno de los dos o tres que quedan en la Comuna 12.

Los hermanos Marcelo y Fabio Gasparini, fundadores de California, llevan 34 años ininterrumpidos atendiendo el local.

Según los hermanos Gasparini, la mejor época para el negocio fueron los años de los cortes programados de luz durante la presidencia de Raúl Alfonsín, entre 1988 y 1989. Sólo se podía ver televisión de 18 a 22, evocan, por las restricciones eléctricas. “Éramos cuatro personas atendiendo, con dos colas que salían a la calle, se abrían para los costados y cubrían dos locales para cada lado -recuerda Marcelo-. Llegamos a alquilar entre 300 y 400 películas por día en la semana y 1.300 los sábados. Teníamos la costumbre, que seguimos conservando, de que cada película que se alquilaba la reemplazábamos en el estante por la caja original. A veces tardábamos media hora en acomodar 20 cajitas en los exhibidores por la cantidad de gente que había en el interior del local. Un descontrol. Uno de los títulos más fuertes que recuerdo fue Jurassic Park, que salió subtitulada y doblada, de la que llegamos a comprar 10 unidades de cada versión”.

Hasta 2006 en California había alquileres de VHS y DVD. Luego pusieron las cintas a la venta y un remanente lo donaron. Hoy la oferta del local es exclusivamente de DVD y Blu Ray (común y 3D), aunque vende muchos más títulos de los que alquila. “Tres de cada diez clientes alquilan. A los metódicos, que devuelven la película al día siguiente, les recomendamos que alquilen en vez de comprar”, dice Marcelo. California, que conserva algunos de sus clientes originales, llegó a tener 10.000 títulos en VHS y hoy tiene 6.000 títulos en alquiler de todas las épocas, entre DVD y Blu Ray.

Estanterías llenas de películas y paredes con afiches. No es una postal de los años 80, sino una foto actual del videoclub California.

Marcelo y Fabio son cinéfilos. “Era imprescindible conocer del tema para no comprar películas que no iban a funcionar. Los títulos costaban 40 dólares de la época. Las editoras nunca respetaron a los videoclubes: las condiciones de compra eran leoninas, te obligaban a adquirir los catálogos completos. Si querías las puntas de los catálogos debías esperar dos meses para que los liberaran”, cuenta Marcelo sobre las condiciones perversas que imperaban en esos años, que explican en parte por qué se fundieron tantos videoclubes y por qué desaparecieron las editoras locales de cine.

Además del alquiler y venta de títulos, el local comercializa videojuegos de Play Station 2, 3 y 4, productos de juguetería y accesorios de telefonía celular, además de ofrecer el servicio de envío de paquetería de Mercado Libre y Pago Fácil. Gracias a esta diversificación de negocios, sumada al trato personalizado y amable de los hermanos Gasparini, California continúa abierto al público. Su puerta tiene la forma de un fotograma, que invita al visitante a vivir un momento de película cuando ingresa a este increíble local.

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