Una mercería de Villa Urquiza enfrenta la crisis económica fabricando barbijos

A pesar de que debió cerrar su local de Pacheco y Tamborini por la cuarentena, la modista Cristina Carrazana encontró una oportunidad en el diseño y confección de tapabocas de friselina y algodón.

Una pequeña mercería de Pacheco 3321, Villa Urquiza, encontró la fórmula para contrarrestar las consecuencias económicas del Coronavirus sin abrir sus puertas. Cristina Carrazana (31) es la dueña de “Modista Cherry”, el local que vende prendas y accesorios y también hace arreglos de ropas. Pero cuando la cuarentena dio señales de que había llegado para quedarse un buen tiempo, entendió que había que pegar un golpe de timón. Entonces comenzó a fabricar barbijos y tapabocas.

Cristina Carrazana, la joven modista que circunstancialmente transformó su mercería de Villa Urquiza en fábrica de barbijos.

“Soy Diseñadora de Indumentaria. Cursé Modista Modelista paralelamente con Diseño en el Instituto de Roberto Piazza, sede belgrano”, se presenta la joven, que además está cursando la carrera de Modista de indumentaria masculina y luego seguirá con Sastrería.

Antes de abrir el local, empezó en la actividad cosiendo en un tallercito que le armó su papá, con ventana a la calle. La gente empezó a verla y a acercarse por arreglos y confecciones. Cuando su papá se jubiló, empezó a remodelar lo que hoy es el local.

Al convertirse en un accesorio de uso permanente, el local ofrece variedad de colores y estampados.

“Abrimos hace dos años ya. La idea principal era que funcionara como mercería, pero vimos que mucha gente se acercaba a consultar por arreglos así que se convirtió en el principal atractivo del negocio. También funciona como una boutique que cuenta con prendas originales y de diseño y vamos sumando básicos de a poco, como remeras y calzas”, cuenta Cristina.

Una oportunidad inesperada

Cuando llegó la pandemia decidió cerrar, ya que sus padres están en edad de riesgo. Pero hace tres semanas empezó a retomar un poco el ritmo, a puertas cerradas. Comenzó con los barbijos de friselina doble, que tienen bolsillo para colocar papel tissue, como una opción accesible para todos los vecinos que necesitaran.

“Luego me fueron pidiendo que confeccione los de algodón, dándole un toque más estético y coqueto -menciona Cristina-. Así que hace unos días tuve que rearmar la vidriera y ahora en vez de bijouterie los protagonistas son los tapabocas de algodón (dos capas de tela de algodón externas y dos capas internas de friselina hidrófuga). Como esto va para largo, decidí que hay que ponerle toda la onda a este nuevo accesorio y por eso trato de ofrecer variedad de colores y estampados, con el detalle además de que son reversibles”.

Los barbijos de friselina doble son una opción accesible para todos los vecinos

El valor de los tapabocas de friselina es de $ 70 ($ 60 por mayor a partir de las 10 unidades). Los de algodón están a $ 150 ($ 130 por mayor a partir de las 10 unidades). “Se puede pagar en efectivo, débito o trasnferencia bancaria. Contamos con entrega a domicilio a un costo accesible”, informa la modista.

Los tapabocas de tela tienen dos capas de algodón externas y dos internas de friselina hidrófuga.

Datos útiles
Modista Cherry
4545-6924 / 11-6104-6161
Instagram: merceriacherryurquiza

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