Uno de los últimos teléfonos públicos de CABA está en Villa Urquiza y no funciona

La cabina se encuentra en Ceretti y Manuela Pedraza. Probablemente sea la única sobreviviente de la Comuna 12 y una de las pocas que milagrosamente no fue removida en la Ciudad de Buenos Aires.

  • 125
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

En las últimas dos décadas, a partir de la masividad alcanzada por las comunicaciones móviles a través de equipos celulares, la telefonía pública comenzó un paulatino ocaso. Las cabinas, que como los buzones rojos formaban parte del paisaje habitual en cualquier calle porteña, fueron desapareciendo de la escenografía vecinal. Tan apurados vivimos que no le prestamos atención al fenómeno. Casi que las olvidamos por completo.

Llevábamos algún tiempo buscando vestigios de es época sin tantas urgencias, donde podíamos permitirnos incluso el lujo de esperar que alguien hable antes que nosotros sin que ello supusiera perder el tiempo. Un posteo en Facebook nos permitió encontrar acaso la última cabina telefónica de Villa Urquiza y una de las pocas sobrevivientes en la Ciudad de Buenos Aires. Debemos el hallazgo a la lectora Mariana Paz, quien nos indicó con precisión el lugar: “Hay una en Ceretti, entre Manuela Pedraza y Tamborini”.

Aunque no funciona, en Ceretti y Manuela Pedraza sobrevive una de las últimas cabinas telefónicas de la Ciudad de Buenos Aires.

Nos acercamos al lugar y allí encontramos el teléfono público de Telecom. Descolorido, vandalizado y con algunos stickers adheridos a la columna que lo sostiene, por supuesto no funciona. Sin embargo, su milagrosa resistencia al desguace de la enorme red existente en la Ciudad de Buenos Aires le confiere un valor extraordinario. Es un testimonio palpable para las nuevas generaciones acerca de cómo eran las comunicaciones telefónicas en tiempos anteriores al WhatsApp.

Apogeo, ocaso y muerte
En 1953 comenzaron a instalarse teléfonos públicos en las principales ciudades del país y al cabo de un año había 6.400 aparatos en el Gran Buenos Aires, que brindaban a ENTel -la empresa nacional de telecomunicaciones- un ingreso diario de 700 000 pesos de la época. En 1972 se inauguró la Estación Terrena de Balcarce II y luego la Estación Terrena de Bosque Alegre, en la provincia de Córdoba. Durante esa década las cabinas fueron modernizadas y se instalaron más 47.000 teléfonos públicos en el país, aunque la demanda superaba con creces la oferta.

Una escena habitual de la década del 60. Cola en el interior de un bar para hablar por teléfono público.

En 1990 el servicio de telefonía sería privatizado y, a través de Telecom y Telefónica de Argentina, la red hogareña y pública alcanzaría un notable desarrollo. Hacia 2003, según la Comisión Nacional de Comunicaciones, el parque de teléfonos públicos y semipúblicos sumaba 115.968 aparatos. Sin embargo, a fines de esa década el servicio comenzaría a caer en desuso ante el avance de la telefonía celular. En 2009 la cifra provista por las empresas no superaba las 70.000 cabinas en todo el país. “Pero no todo es consumo. Muchos teléfonos públicos se quedan sin tono ante los actos de vandalismo por mero divertimento o por cacería de monedas: 18 de cada 100 teléfonos públicos requieren reparación mensual por roturas, hurtos y trabas intencionales”, puede leerse en un artículo del diario La Nación de ese año.

Pasando a los barrios, en 2004 había unos 10.000 teléfonos públicos en toda la Ciudad de Buenos Aires. En 2009 ese número se redujo a 4.800 y en 2012 quedaban 2.000, de los cuales una buena parte no funcionaba. Dos años más tarde, en 2014, en las calles porteñas sólo quedaban 1.410 cabinas con teléfonos públicos, aunque no más del 5% se usaba con frecuencia.

En el depósito que la Ciudad tiene en Barracas se acumulaban hace unos años los teléfonos públicos. Foto: Alfredo Martínez (Clarín).

Según el INDEC, ya en 2015 en nuestro país existían unas 62,5 millones de líneas de telefonía móvil activas, o sea un celular y medio por persona. Esto hizo que los aparatos públicos fueran cada vez menos necesarios hasta casi desaparecer. El destino de la mayoría de ellos fue el corralón municipal de Montes de Oca y Osvaldo Cruz, en Barracas, donde en una foto de 2014 se los puede ver arrumbados.

Unas pocas cabinas, como la hallada en la Siberia urquicence, lograron morir de pie. ¿Conocés alguna otra?

Comentarios Facebook
  • 125
  •  
  •  
  •  
  •  
  •