Villa Roccatagliata cumplió 120 años entre murallas de hierro y hormigón

Ubicada en Ricardo Balbín y Roosevelt, la casona es junto a la estación ferroviaria y el Hospital Pirovano una de las obras icónicas de Coghlan. En su predio se construye un controvertido edificio.

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En 2021 Coghlan celebrará una fecha importante en su vida: los 130 años de su fundación, que recordarán cuando el 1 de febrero de 1891 se inauguró la Estación Coghlan como parte del ramal que terminaría uniendo Buenos Aires con Rosario. El nombre del barrio fue puesto en homenaje a un ingeniero irlandés que impulsó la modernización de la ciudad, tanto en obras hídricas y de saneamiento como en el tendido del tren a lo largo de la Argentina.

Coghlan creció entre huertas y quintas y fue en el año 1900 (según reza en su frente) cuando se erigió Villa Roccatagliata, una de las casonas más importantes del barrio, nueve años después de la estación y cinco más tarde de la creación del Hospital General de Agudos “Dr. Ignacio Pirovano”. Fue por pedido de Juan Roccatagliata, aunque se desconoce quién fue su autor y en qué fecha exacta se inauguró. “Es un modelo arquitectónico con una planta en forma de H, con galerías en frente y contrafrente. Estilísticamente se asemeja a las villas italianas del quicecento, con detalles que le dan un carácter ecléctico”, explicó el Arq. Luchetti en uno de los tantos artículos publicados en el periódico El Barrio.

La propiedad perteneció a los dueños de la conocida Confitería del Molino, quienes decidieron construirla en la esquina de Balbín y Roosevelt como quinta de veraneo, aunque luego derivó en vivienda permanente. Junto con la Villa Vicentina, de estilo semejante, son las únicas dos que subsisten en Coghlan, ya que lamentablemente otras importantes construcciones no pudieron quedar en pie con el paso del tiempo.

La Villa Roccatagliata exhibe orgullosa el año de su fundación en su fachada. No hay precisiones acerca de su autor y la fecha exacta.

Destrato monumental
A lo largo de su historia, el inmueble pasó por distintos avatares poco felices que la llevaron a un estado de abandono total. Desde los años 80 hasta la década pasada funcionó en el predio una estación de GNC, que usaba al edificio como minimercado y bar. Una vez finalizada la concesión, en 2010, se desconocía cuál sería el destino que tendría el lugar, hasta que salió a la luz un mega proyecto inmobiliario.

Desde que se anunció en 2011, este emprendimiento fue motivo de conflicto y polémica. Un grupo de vecinos consideraba desproporcionada su dimensión de acuerdo a la zonificación del área y además temía por el futuro de la histórica propiedad. Aunque los planos iniciales indicaban que la obra debía ser entregada a los compradores a fines del 2018, lleva casi cuatro años paralizada. Se estima que está construida en un 40 por ciento del total y que de las 350 unidades ya se vendieron unas 270.

Gustavo Vera denunció en 2016 que el complejo excedía los metros cuadrados permitidos y también sobrepasaba la altura.

Conflictos judiciales
El proyecto fue suspendido en noviembre de 2016 por un fallo del juez Osvaldo Otheguy, quien consideró que la construcción violaba el Código de Planeamiento Urbano y no se realizó el estudio de impacto ambiental obligatorio con audiencia pública. Además, el magistrado cuestionó el “amplio margen de discrecionalidad” del Gobierno de la Ciudad al autorizar la obra, en abril de 2014, cuando en realidad se trataba de una facultad de la Legislatura porteña. Esta decisión judicial fue adoptada tras un recurso de amparo presentado por el titular de La Alameda, Gustavo Vera, quien denunció que el complejo excedía los metros cuadrados permitidos y también sobrepasaba la altura.

Los desarrolladores del proyecto (Palacio Roccatagliata S.A.) y el Gobierno de la Ciudad apelaron este fallo, pero la Sala II de la Cámara de Apelaciones lo ratificó por unanimidad un año más tarde, en octubre del 2017. “Los habitantes no sólo tienen el derecho a un ambiente saludable y sostenible, sino también el deber de preservarlo y defenderlo”, fundamentaron en aquel momento los jueces Hugo ZuletaGabriela Seijas y Esteban Centanaro.

El 26 de octubre de 2018 el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Ciudad revocó esta sentencia y rechazó la demanda de nulidad de la obra, pero la defensa de Vera presentó un nuevo recurso extraordinario para que el caso sea tratado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Sin embargo, a fines del año pasado la mayoría de los integrantes del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Ciudad de Buenos Aires autorizó la reanudación de las obras en el emprendimiento inmobiliario. “Quedó ratificado que los planos estuvieron bien aprobados y que no hubo ningún tipo de irregularidad en el proceso de autorización de la obra”, declaró a este medio Juan Carlos Fernández, quien era propietario del predio donde se levantó el edificio y lo permutó por algunos departamentos.

De acuerdo con este fallo, se podrán terminar de construir las dos torres contempladas en el plano original, una de 28 pisos y otra de 13, que rodean a la centenaria casona. “La empresa constructora original se fue a la quiebra por esta demora de casi tres años y ahora los desarrolladores están comenzando a cotizar la continuidad de la obra con otra constructora y otros proveedores”, informó Fernández, ingeniero de profesión y Director de Natal Inversiones. En ese momento estimaba que las tareas se reanudarían “a principios de febrero de 2020, por el efecto de las vacaciones del gremio de la construcción”, pero la pandemia de Coronavirus lo impidió.

El cartel utilizado para escrachar a los vecinos que se oponían a la obra permanece en el umbral de ingreso de la abandonada casona.

En el medio de esta larguísima batalla jurídica, en abril de 2018 las empalizadas del predio de Ricardo Balbín y Roosevelt aparecieron tapizadas con gigantografías firmadas por “Compradores autoconvocados hartos de demoras”, donde figuraban los nombres, apellidos y domicilios de integrantes de la ONG Basta de Demoler y la Asociación Amigos de la Estación Coghlan. “Somos 270 compradores, muchos vecinos del barrio, que fuimos perjudicados por unos pocos opositores con el apoyo del inefable Gustavo Vera“, agregaba el cartel, que apuntaba al ex legislador porteño que presentó la acción de amparo. Ese mismo cartel puede verse por una de las rendijas de la obra, en el umbral de ingreso de la hoy abandonada casona.

Curiosamente, como si alguien hubiera editado la entrada, la enciclopedia online Wikipedia dice en su artículo sobre de Villa Roccatagliata que “actualmente se espera que Dora Young y Gustavo Vera se hagan cargo del perjuicio ocasionado a tantas familias y salgan a pedir perdón por el terrible daño generado”.

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