Villa Urquiza: dos estaciones, un barrio

Las estaciones General Urquiza y Luis María Drago son dos hitos indiscutidos de Villa Urquiza. La primera fue la que consolidó y dio identidad al barrio, mientras que la segunda generó un nuevo vecindario. Lamentablemente, la incorporación posterior de elementos ajenos a su construcción original ha desvirtuado el estilo de ambas obras.

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(Edición del Mes: 9 Año: 2007 )

Las estaciones General Urquiza y Luis María Drago son dos hitos indiscutidos de Villa Urquiza. La primera fue la que consolidó y dio identidad al barrio, mientras que la segunda generó un nuevo vecindario. Lamentablemente, la incorporación posterior de elementos ajenos a su construcción original ha desvirtuado el estilo de ambas obras.

En alguna ocasión hablamos de las virtudes que en el pasado tuvo el sistema ferroviario argentino, destacando no sólo el desarrollo de la red -que fue creciendo a lo largo de todo el territorio nacional- sino también el progreso que significó para barrios y pueblos de nuestro país, muchos de los cuales surgieron a partir de la instalación de este tendido ferroviario. Lamentablemente día a día se ve su deterioro sin que se observen soluciones inminentes para preservar la prestigiosa obra vial argentina.

Sin dejar de reconocer el interés y los beneficios que los ingleses obtuvieron al apostar a un sistema ferroviario hecho de acuerdo con sus necesidades, no podemos soslayar la capacidad que los mismos mostraron para desarrollar una técnica tan compleja. Allí primó la visión de conjunto y la unidad de criterios para obtener una infraestructura eficaz. Así fue que después de la primera mitad del siglo XIX plataformas, puentes, pasadizos, torrecillas, señalizaciones y hangares no sólo formaron parte de un nuevo paisaje urbano sino también de una unidad arquitectónica fácil de reconocer a lo largo del territorio argentino.

Incluso cualquiera de estos elementos -todos fabricados en Inglaterra- podían ser efectivos para su uso en distintos lugares en donde los ferrocarriles ingleses prestaran este servicio. A tal punto llegaba la eficiencia del método de prefabricación que estaciones enteras podían ser trasladadas en barco a cualquier parte del mundo, cambiando su ubicación según las necesidades del lugar. Precisamente esto sucedió con la antigua Estación Central de la Ciudad de Buenos Aires, cuyo destino original era la ciudad de Madrás en la India.

La virtud de este proyecto inglés tenía como premisa lograr un sistema adaptable para cada caso, lo que le permitía así resolver situaciones no previstas como el paso cercano de algún arroyo. De esta forma se montaba un sistema elevado para el paso del tren, como sucede por ejemplo con los tramos cercanos al arroyo Maldonado: allí las estaciones Palermo y Tres de Febrero se encuentran elevadas.

El camino de hierro

Las estaciones General Urquiza y Luis María Drago son hitos indiscutibles del barrio. La primera unifica y da identidad al lugar, mientras que la otra ha generado un micro-barrio donde los propios vecinos se identifican con aquel recodo urbano. En un principio la distancia entre estaciones eran demasiado amplias, como sucedió por ejemplo con el ramal del Ferrocarril Buenos Aires al Rosario, donde el tren tenía como paradas Tres de Febrero, Belgrano y luego daba un salto en el terreno hasta San Martín.

Por aquel entonces el barrio de Villa Urquiza, antiguamente formado por tres poblaciones denominada Villa Catalinas, Villa Mazzini y Villa Modelo, no poseía estación ferroviaria; sólo se llegaba al lugar a través de tranvías tirados a caballo que partían desde la estación Belgrano R. Recién en abril de 1889, debido a un crecimiento significativo de la población, surgió la necesidad imperiosa de una nueva parada ferroviaria y así se creó la primera estación, denominada “Las Catalinas” (Franklin Roosevelt y Triunvirato), la cual también fue conocida como Kilómetro 13.

En sus comienzos la construcción fue precaria; tenía una casilla de madera, donde funcionaba la boletería, y un depósito también construido en el mismo material. En 1901 el barrio dejo de llamarse Villa Catalinas para intitularse Villa General Urquiza, en honor al caudillo entrerriano, y un año más tarde la estación también adquirió el mismo nombre del prócer. También se cree que durante esa época fueron plantadas las palmeras que se encuentran paralelas a las vías.

La construcción principal o edificio de pasajeros -a diferencia de la mayoría de las estaciones, armadas con un sistema constructivo ingles (ver estaciones de Villa Pueyrredón, Coghlan, Belgrano R o Colegiales)- está formada por un volumen bajo, con techumbres planas. A pesar de las grandes alteraciones y del regular estado de su arquitectura, aún hoy se puede vislumbrar la tendencia italianizante de la obra original. Unido a este cuerpo edilicio -y ya dentro de la tipología ferroviaria inglesa- se encuentra el pasaje subterráneo para peatones formado por paneles de madera (pino oregón) y cubiertas de chapa acanalada en sus accesos. Sobre uno de los andenes aparece el característico refugio, en donde también se usan techos de chapa.

Más alejado, y como en la mayoría del tendido Retiro-Rosario, se encuentran una garita de guarda-barreras, un depósito, un par de viviendas y la cabina de señales sobreelevada, construida también en madera y carpintería vidriada, similar a las que se encuentran en otras estaciones. Pensemos que el uso de madera dentro la arquitectura ferroviaria fue uno de los métodos más esgrimidos para solucionar en forma rápida una diversidad de programas edilicios, tanto desde estaciones hasta garitas de guardabarreras, refugios y otros elementos urbanos. Lamentablemente, la incorporación de nuevas barandas, barreras, escaleras y demás agregados posteriores han roto con la armonía y estética, desvirtuando aún más la obra original.

El nacimiento de Drago

En 1925 el ramal Retiro-Tigre, como el de Retiro-José León Suárez, fueron electrificados. Esto sirvió para agilizar el servicio dentro de la ciudad, lo que a su vez provocó una demanda mayor por parte de los vecinos del barrio. Así fue que nació, el 10 de noviembre de 1933, una nueva estación para Villa Urquiza en Franklin Roosevelt y Holmberg. En un principio fue conocida como parada Kilómetro 12 y un año después bautizada con el nombre de Luis María Drago en honor al distinguido jurisconsulto, autor de la doctrina homónima.

A pesar de sus jóvenes 74 años, el estado de la estación no es el mejor. Al igual que en el caso de la Estación Colegiales, en Drago se ha utilizado una diversidad de construcciones de montaje en seco (sistema prefabricado): un sector corresponde al cuerpo de la boletería y otro al refugio. Se puede decir que no existe un edificio identificable, ya que la estación se ha conformado por la sumatoria de distintos cuerpos edilicios: boletería, espera, lugar de abrigo con superficie vidriada, etcétera. En cada uno de ellos hay componentes que hacen a la estética y a la afinidad de la arquitectura ferroviaria inglesa en nuestro país, como los herrajes, las puertas, las cresterías, los frentes de boleterías y los goterones.

Nuestros barrios se han caracterizado históricamente por ofrecer una arquitectura singular que se destaca sobre cualquier otra urbe de Latinoamérica. La influencia arquitectónica del ferrocarril fue un aporte más para este motivo.

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